ELEMENTOS DE LA DEMOCRACIA EN EL 2003
– o 20 razones para no votar –
1. La familia “democrática”
Muchos jóvenes que no fueron al voto “útil”, conciente y calculado, sino que se sumaron a Fox por el mercantilismo de la época, educados en la TV, sin conciencia social ni experiencia política, sin formación ideológica… ahora se curten pronto con la desilusión del vergonzoso presidente, su triste primer voto, y hasta caen en la cuenta de una tal izquierda que no conocían. A ellos se dedica fraternalmente este artículo, de cara a las elecciones federales del 2003, donde se elegirán nuevos diputados. Se pretende que ya no queden dudas: PAN y PRI son de la misma madre derecha, alimentados por igual ambición de poder y riquezas, y el PRD es el hermano menor. Como políticos van tras el erario; como empresarios, directo al bolsillo del pueblo. Quisiéramos tocar aunque sea con con las yemas el fondo de estas cuestiones y demostrar que en el sistema “democrático” de partidos no puede haber izquierda seria, que se trata de constantes alianzas y enfrentamientos en familia para mantenerse en el poder [1] .
Antes de continuar cualquier análisis social, no olvidemos que nuestro punto de partida puede concebir al hombre y la mujer como medida y fundamento de todo alrededor, o como esclavos incluso de sí mismos. Así nacen las dos vertientes que dividen al ser humano, y a la sociedad, hoy llamadas izquierda y derecha [2] . Naturalmente nadie puede ir para ambos lados al mismo tiempo sin rasgarse la ingle. Estos dos enfoques han sido advertidos desde la antigua Grecia, si bien en otros términos. Y en la modernidad han alcanzado las estructuras sociales conocidas como socialismo, para la izquierda, y capitalismo para la derecha, cuyos sistemas de funcionamiento se oponen, al menos en teoría. Por ello, no funciona del mismo modo una cooperativa, de principios socialistas, y una sociedad anónima de capitalistas, digamos; ni proceden igual los ejidatarios de Atenco y los empresarios de un pretendido aeropuerto. Se trata de un continuo y permanente contraste, una lucha de clases.
3. Utopía, a la izquierda
Así las cosas, la tal izquierda es reconocida como utópica porque representa lo mejor para la especie humana, aquello de sentido común pero asegún inalcanzable, conocido también como comunismo. Y la derecha es lo natural porque se da espontánea, movida por la envidia y el egoísmo principalmente. Sin embargo, la reflexión y el sentido común de la utopía también son naturales del ser humano; mientras la derecha no puede ser utópica sin contradecirse, como notaremos más adelante. Ciertamente, el socialismo no pareciera posible debido al difícil proceso educativo que requiere; mientras el capitalismo es impulsivo, fruto de un instinto casi siempre inconsciente y entonces se dice que se da naturalmente. Pero uno y otro parten de la naturaleza humana. Más aún, la izquierda es posible cada vez que usted se detiene para ceder el paso a otro, por ejemplo, o le comparte algo… ya con eso son menos utópicos y más reales la justicia y el bienestar general, propios de la democracia.
Porque democracia significa gobierno del pueblo todo; no de unos pocos que rechazan a los demás mediante la ley bruta de la fuerza. En cambio, la izquierda rechaza lo que le dicta la razón, a saber, la injusticia, el bienestar exclusivo, el acaparamiento… aquello que daña a la especie humana, sobre todo la propiedad privada de los medios de producción, origen de muchos males. Vaya, ambos bandos son intolerantes entre sí por contrarias razones. Lo vemos a diario en los conflictos obrero-patronales, por ejemplo, donde la relación no es democrática o tolerante, sino simplemente inevitable… aunque podría llamarse resignación. De por sí, entre los quehaceres de cualquier orden o de cualquier ley está precisamente acotar la tolerancia, y en las leyes de izquierda hay cosas que no se deben tolerar, máxime la injusticia. Por el otro lado, la derecha en México también tiene su tolerancia cero para lo que amenace su sistema “democrático”, impulsada por empresarios mexicanos; estadounidenses los asesores. Ya ni chingan, primero cero crecimiento y ahora cero tolerancia –comentaban dos parias tirados sobre la banqueta en un cartón de Helguera–. Desde luego, uno se pregunta ¿quién está tolerando a quién?
Divide y vencerás ha sido la estrategia cardinal de toda derecha en la historia de la humanidad; El pueblo, unido… dice la izquierda. Ambas vertientes siguen su propio camino hacia un fin opuesto, que las identifica: En la izquierda las personas comparten, cooperan, unifican; en la derecha acaparan, compiten, dividen. En la primera las personas son comunidad; en la segunda sólo individuos. Una libera, la otra conquista. Etcétera. Entonces, el sistema electoral de partidos que en efecto parte, divide, confronta, no puede ser democrático, cooperativo o de izquierda. Pero viene lo confuso: en campaña todos se dicen de izquierda; reclaman diálogo y bienestar común; sin embargo, todos se basan en las individualidades, compiten y desplazan al más débil; dividen y se subdividen en múltiples corrientes... Y a esta competencia la llaman democracia. Predican justicia, exaltan la soberanía nacional, a tolerar dicen; prometen al pobre, y qué… ya somos 70 millones de pobres, mientras los funcionarios de la Suprema Corte, por ejemplo, reclaman pensiones de 170 mil pesos mensuales. Entonces, por sus frutos los conoce uno mejor.
De aquí las tantas confusiones y contradicciones de esos gobiernos “democráticos” que hacen del fin medio y del medio fin. Nada de esto tiene un gobierno verdaderamente de izquierda, donde principio, medio y fin son coherentes, y no les mueve la competencia. Porque la competencia es el motor del capitalismo, no puede formar parte de la cultura socialista. Y el motor de la competencia la envidia [3] . La competencia nos ha traído mejores marcas y productos, no mejores personas ni mayor justicia social. Es que, mientras el socialismo tiene por esencia la sociedad, los capitalistas o materialistas la materia, el lucro, aunque digan defender lo que en el fondo no les interesa: el individuo, en cuanto persona… Eso sí, pese a las confusas apariencias, ambos sistemas son coherentes consigo mismos, o no lograrían sus objetivos. Por eso la competencia, injusta en cuanto desplaza y despoja, produce riquezas y poder igualmente injustos; se dice democrática pero nada más. Tal vez esto explique por qué en Cuba y en muchas comunidades indígenas no se quiere la competencia partidista.
7. La democracia no justifica los medios
Y cuando se afirma que el fin justifica los medios, que no importa obrar mal si el bien busca, resulta una contradicción moral, y de sentido común porque, vamos, no se puede llegar al sur caminando al norte. Porque cualquier fin toma la fuerza del camino recorrido, de los medios, las herramientas y del proceso por el que llega; el peso del futuro está en su historia. Por esto, la supuesta democracia electoral del 2000 no pesa, no tiene pasado: sabemos que no votó un proceso de maduración ciudadana sino el hastío, la inmadurez y sobre todo lo que sospechábamos, que fueron elecciones amañadas políticamente, financieramente. Así que el voto resultó inútil: continuó el mismo sistema de gobierno, corregido y en mayor grado, lo que era lógico con un partido de ultraderecha, pero hubo mucha confusión. Se trató, pues, de una tomada de pelo y una falsa democracia. Pero si las fallas no se reconocen, no hay esperanza de avanzar.
8. La democracia es autonomía
¿Qué democracia hay en un pueblo sometido a otro? Un país que no se gobierna a sí mismo, no tiene autonomía ni gobierno del pueblo. Manejado por las políticas internacionales, por los intereses de empresarios extranjeros, no puede tener democracia. No hay autonomía en un pueblo que no vive en territorio propio, que trabaja tierras y fábricas ajenas, con otras leyes, otra cultura… porque nadie gobierna en casa ajena, el dueño decide cómo se ordenarán las cosas. Es lo que pasa en México: teniendo todo, nada; nos hemos quedado sin recursos y por tanto otras leyes nos gobiernan, imponiendo hasta candidatos y presidentes. Vivimos en casa ajena. De nada sirve un gobierno que presume de democrático si todavía no llega al poder y ya compromete todo al extranjero; de qué sirve si no manda obedeciendo a su pueblo. Por eso la democracia y la autonomía, así como el tirano, comienzan en lo económico: como dueños de los medios de producción. Esto no sólo lo entendió Marx, también Zapata.
9. La democracia no es representatividad
Se dice, con error, que un gobierno es democrático y justo cuando una mayoría desplaza una propuesta contraria; o si a esa mayoría le corresponde más de algo. Una “democracia” así, produce desigualdades en la proporción o tamaño de cada cual. A unos les sobra porque a otros les falta; a los que tienen mucho así les toca; a los que tienen poco, poco; y a los que nada… nada de esto es verdadera democracia. Por ejemplo: si un partido político es grande, rico, poderoso, denle mayor presupuesto, no al revés, el partido chico así quede. Los funcionarios se sorben el bienestar del pueblo mediante sueldos descomunales, privilegios y otras corrupciones sólo porque representan más gente. Y estas injusticias, semejantes desproporciones, resultan legales. ¿Cuál bienestar común? Esa “democracia” de representatividades cumple otros fines porque no produce justicia, sino desigualdad y representantes de sus propios intereses. Diputados y senadores, concretamente, en la práctica no representan a nadie, mucho menos los plurinominales, son elegidos para decidir lo que quieran; se premian y perdonan entre ellos –previa comedia de desafuero–, y ni la población ni sus partidos los controlan.
10. La democracia tiene ideología
Empero, las dos vertientes no se reducen a una organización política ni a una estructura económica que la sostenga; abarcan toda la realidad humana. Así que igualmente les cobija la ideología: una forma de vivir, pensar, sentir… en suma, una cultura. Entonces, también la ideología puede ser de dos tipos. Luego, hasta la religión será claramente capitalista cuando promueva el individualismo, el conformismo o el respeto a la autoridad del tirano. Pero no es correcto clasificar a la gente en un lado u otro por su clase social, pues la derecha requiere de ricos como de pobres, y la izquierda igualdad de clases. En la derecha el rico pensará como capitalista, y el pobre espera ser otro acaparador, no se diga las clases medias. ¿El motor de este acaparamiento? no puede ser otro, el egoísmo. En cambio, la izquierda es conciencia en práctica contra las diferencias sociales, y aquí viene lo crudo: en la desigualdad puede haber pobres de derecha, pero ricos de izquierda no porque, no bastan las ideas [4] . Es que compartir es tan difícil.
11. ¿Voto secreto?
Con todo, no pretendamos extinguir la derecha; ya decíamos que su esencia instintiva, competitiva, materialista, también forma parte de la natura humana. Pero ensalcemos más la izquierda, pues no excluye ni combate a su rival: las personas analizan las circunstancias encontradas de la vida, no compiten ni negocian. No hay vencedores ni vencidos, dice el zapatista. Ni siquiera compite contra el mal, la democracia no sabe competir: dialoga, analiza y concluye a favor del ser humano. Nadie esconde la mano al votar, nada hay qué temer ni motivo de vergüenza. Por el contrario, la competencia no es tanto reflexión como un impulso egocéntrico que desplaza, el diálogo le es ajeno, no son sus modos. También por eso el voto del sistema “democrático” es competitivo, individualizado, secreto, sin el análisis comunitario que lleva a la unidad. Acaso esto explique algo porqué los zapatistas no votan; es que no están peleando contra un partido, ya dijeron, luchan contra el sistema y, claro, no le van a hacer el caldo gordo con su voto.
12. Es otro tipo de consenso
Ahora bien, el resultado de dicho diálogo es el consenso, que incluye a todos. Pero no es como ahora dicen que las partes negocian y quedan conformes con lo suyo, donde cada cual busca más para sí. No, el verdadero consenso desemboca en un fin común. Ni sería que todos piensen igual: es un cambio de opinión en aras del bienestar común, propiciado por el diálogo y el control de la competencia, que no está erradicada sino contenida, latente. Alguien cede ante la razón y se da el acuerdo. Pero no es de mayorías, a veces sólo uno tiene razón como pasa en muchas asambleas indígenas. Las mayorías de la falsa democracia se equivocan mucho porque no dialogan, porque están divididas entre sí, desgajadas, manipuladas, porque no reina el sentido común. Entonces el sistema de partidos no, lo de veras democrático es el consenso.
Es materia de otro estudio si esa democracia indígena es precortesiana, o surgió con la conquista como un instinto egocéntrico de supervivencia que llegó a convertirse en una cultura de genuina democracia. Pero vale comentarlo aquí, porque puede suceder hoy que el consenso en la humanidad se dé hasta que peligre la propia especie, como instinto de supervivencia y no por la conciencia ciudadana o la esforzada izquierda. Qué cosa tan ordinaria. De hecho ya lo vemos cuando las potencias del mundo deciden frenar las armas nucleares, combaten el terrorismo o la drogadicción del propio pueblo, o si las grandes empresas reducen su contaminación ambiental… nada es por el bienestar común, quieren salvar su pellejo… y sus negocios. Ojalá que una “democracia” tal, aunque sea fruto de ese instinto, no llegue demasiado tarde a emprender el camino a la democracia que se necesita.
14. La democracia es deber
Pues bien, contrasta que a la democracia la impulsa el deber de la razón: aquello que debe ser porque es provechoso para todos, en vez de lo que daña. Esta necesidad de elegir entre lo bueno y lo malo, convierte lo primero en deber. Se trata de una conclusión moral, lógica e ineludible del pensamiento. Tal vez es lo que Kant llamaba “imperativo categórico”: [5] Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza. O bien, Obra de tal modo que uses en todo momento humanidad, tanto en tu persona como en la ajena, siempre como fin y nunca exclusivamente como medio. Por ende, todo lo que beneficie al ser humano resulta un deber de la razón, digamos la democracia, la justicia, etc., incluso el amor, como veremos adelante. Y de esta razón puede seguirse una voluntad que toma decisiones justas, aun con sentimientos contrarios; sólo por el sentimiento del deber, que no sólo se entiende, también lo siente uno. Así, aunque el egoísmo, la envidia u otros sentimientos rechacen el bienestar general, siempre queda el deber de la razón, que tiene sentido y es sentido: El hecho de que el hombre sea consciente de que puede hacerlo porque debe –decía el mismo Kant–, abre en él un abismo de disposiciones divinas que le hace experimentar una especie de estremecimiento sagrado, frente a la grandeza y a la sublimidad de su verdadero destino.
No habiendo modo de confundir las partes, la división social ha de procurarse al mínimo de dos, ya que a ninguna conviene subdividirse. La izquierda resulta más beneficiada, pues con esta polarización sale adelante al dejar claro que la derecha nada le aventaja en el terreno de lo que debe ser; ésta busca por ello la confusión, la ambigüedad, la aparente neutralidad y se tiñe de prudente, no le conviene mostrar lo radical de su perversa identidad. Pero como ambas irán a sus propios métodos, ya que fracasan en los terrenos del otro, surge una muy tensa calma donde la izquierda no está dispuesta a competir y la derecha no quiere dialogar, mirándose mutuamente la desnudez de sus contrarias intenciones. De este enfrentamiento saldrá una síntesis distinta al diálogo y a la competencia. Y esa síntesis, esa otra cosa, es la guerra.
En la práctica no es fácil decir: los de izquierda acá, los de derecha váyanse a otros pueblos y vivan como quieran, en santa paz. No, al fin comparten el mismo territorio. Y en el escenario de este enfrentamiento se dará la sublevación de la izquierda y la represión de la derecha, que ya no son diálogo ni competencia respectivamente. Son guerra. Porque la competencia y el diálogo sólo se entienden en la legalidad, el consentimiento, acaso la resignación… y en la guerra no hay nada de eso. Entonces, la guerra es un medio neutral de fines adversos. Y otra vez, sólo la izquierda tiene una justificación seria para la intolerancia: su revolución es ética, de supervivencia, de defensa e independencia, de liberación, de amor a la vida, a la humanidad, intensa como si fuera el último día –lo que se dice guerra de veras–. Esto el capitalista no lo aguanta. Pero no piense el lector que se quiere incitar a la violencia, sólo tratamos de explicarla.
17. Amor, odio y dignidad
Decía el Che Guevara que la revolución es una cuestión de amor… y también de odio, no lo negaremos; y de dignidad. 1) De amor, porque la cooperación, la generosidad, el convite, la tolerancia, el servicio, la paciencia, el respeto, la justicia, la amabilidad, la responsabilidad, la compasión, la comprensión, la fraternidad, el perdón, la solidaridad… todo eso son expresiones del amor. 2) De odio, porque la violación a lo que se ama no produce otra cosa. Y 3) de dignidad, porque a nadie gusta que lo traten como animal. Ahora, si uno tiene ciertos escrúpulos religiosos, vale abundar que esta guerra de izquierda no es vengativa, basada en la Ley del Talión, ni contra el evangelio: es de amor, odio y dignidad cuando ya se ha quedado uno sin mejillas; porque el evangelio dice pon la otra, pero no que todo el tiempo. Cuanto más si los marginados son el meollo del asunto. [6] Y permitir al enemigo su tiranía, no es amarle. Estas cosas también influyen en la democracia y requieren mayor análisis, mas no vamos a enredarnos ahora en ellas.
18. La tolerancia tiene límites
De esta forma hemos tocado el fondo de la democracia desde una perspectiva de izquierda, grosso modo. Sólo subrayaremos a la postre, que la construcción de un gobierno democrático ha de limar la competencia en sus estructuras y sistemas electorales, lo que requiere ciertas medidas prácticas que demuestren la voluntad de cambiar el rumbo. Algunas propuestas que se pueden discutir sobre nuestro sistema electoral de partidos son las que siguen:
a) Que el primer acuerdo popular sea el sueldo austero de los altos funcionarios. Así disminuirá la competencia por el poder; se evita el robo legal y sistemático; convierte los puestos de poder económico y político en honor y servicio. Y porque también se trata de erradicar la extrema riqueza, no sólo la extrema pobreza. Analicemos, pues, un salario mínimo y pensiones de 200 pesos diarios para todo ciudadano y un máximo de 800, al menos en el sector público, incluyendo al presidente de la república... y a esos magistrados. Esto no resuelve la pobreza del país pero el gobernante adquiere calidad moral.
b) Que los candidatos no pertenezcan a partidos políticos, de modo que se escojan libremente y se obstaculicen las carreras políticas personalista; la competencia bajará. Los partidos quedarán reducidos a promotores de políticas públicas, sin acceso al poder. Porque hoy los partidos parecen más pequeños estados que organizaciones civiles; y no se comportan como brazo de la sociedad civil sino como la cabeza y fin en sí mismo.
c) Que ningún funcionario de elección popular abandone su puesto para ser candidato a otra cosa; ni repita nunca un mismo cargo. La capacidad y experiencia de los funcionarios no importarán tanto como la alternancia en los cargos; así los ciudadanos elegirán los candidatos más convenientes, y éstos cumplirían sus obligaciones más cabalmente. Además, se impide el fuero del delito y la impunidad; se evitan grupos oligarcas, así como posiciones ventajosas y corrupciones desde el poder en los procesos electorales; de nuevo se trunca el ascenso personalista; y el gobierno es representado por más ciudadanos.
d) Que las elecciones se reduzcan a un máximo de dos opciones, que resultarán del acuerdo o alianza entre partidos y organizaciones, no por exclusión o competencia. Esto impide que la sociedad se fragmente demasiado; propicia mejor definición de las partes; y se posibilita el consenso si no difieren en esencia. Además, el proceso electoral será más de encuentros de diálogo que costosas campañas mercadotécnicas.
e) Que la concordancia de principios partidistas sea una guía para tomar decisiones de gobierno. Esto los unifica a todos. Y los principios no serían simple discurso.
f) Que los partidos no sean financiados por el Estado ni por las organizaciones para fines electorales. Así decrecen la competencia y la ambición de poder. El financiamiento de los partidos será responsabilidad de los mismos, siempre que no sea extranjero, y la aportación máxima debe estar al alcance de cualquier ciudadano.
g) Que el Instituto Federal Electoral divulgue equitativamente, y con un mismo formato, las propuestas electorales en los medios de comunicación, previa licitación. Para que no sea el dominio del mercado sino la calidad de las propuestas lo que guíe al ciudadano; y porque no se trata de tener igualdad de oportunidades, sino de posibilidades.
h) Que se permitan otros métodos electorales diferentes al sistema de partidos, para que los pueblos indígenas adopten el sistema que deseen, de acuerdo a sus necesidades.
i) Que se invaliden los convenios internacionales que no han sido avalados por el pueblo; de suerte que se recupere nuestro patrimonio nacional y la soberanía.
Desde luego, la prioridad de estas medidas sería otra discusión. Por ahora pueden ser algunos requisitos para votar. En el entretanto, siempre se tiene el derecho natural de patalear, aunque lo prohíba el artículo 135 de la Constitución.
20. El derecho de rebelión
(…) El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento crece, el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y se inflama el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los efluvios de rebeldía que la saturan y el horizonte comienza a aclararse. Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha: De las llanadas no suben ya rumores de quejas, ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que se escucha. Baja la vista y se estremece; no percibe una sola espalda: es que el pueblo se ha puesto de pie. Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres. El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la mariposa al romper el capullo que la aprisiona; rebeldía, grita la yema al desgarrar la recia corteza que le cierra el paso; rebeldía, grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol; rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar las entrañas maternas; rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar a tiranos y explotadores. (…) Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la sanguinolenta pupila en el gigante que avanza, sin darse cuenta aún del porqué de la insurrección. El derecho de rebelión no lo entienden los tiranos. [7] ¢
Juan Castro Soto
ELEMENTOS DE LA DEMOCRACIA EN EL 2003
—o el fermento de la revolución—
2ª parte
Quien quiera atenerse al presente, a lo actual,
no comprenderá en verdad lo actual.
Jules Michelet [8]
1. Los abortos revolucionarios
Dicen que “el Maestro siempre permitía que cada cual creciera a su propio ritmo. Que se sepa, nunca pretendió presionar a nadie. Y él mismo lo explicaba con la siguiente parábola: Una vez, al observar un hombre cómo una mariposa luchaba por salir de su capullo, con demasiada lentitud para su gusto, trató de ayudarla soplando delicadamente. Y en efecto, el calor de su aliento sirvió para acelerar el proceso. Pero lo que salió del capullo no fue una mariposa, sino una criatura con las alas destrozadas. Cuando se trata de crecer, concluyó el maestro, no se puede acelerar el proceso, porque lo único que puede conseguirse es abortarlo [9] ”. Lo mismo podría decirse de los procesos revolucionarios.
2. Los procesos humanos son lentos
La tierra comenzó a formarse hace 5 mil millones de años. La evolución de las especies 3 mil millones atrás, y sólo mucho después la del ser humano: hace 5 millones dejábamos de ser como changos para convertirnos en la primera forma humana, en curioso Australopithecus. Millones de vueltas daríamos al sol antes de descubrir por qué se embaraza la mujer. Lo mismo esperó el fuego hace un millón y medio de años. Mucho tiempo pasó y por fin el homo erectus comenzó a pensar como homo sapiens, hace más de 200 mil años. Cien mil le tomó a este recién nacido empezar con el lenguaje; luego con la agricultura hace 10 mil, y hace 7 mil escribió sus primeros jeroglíficos. Apenas 5 mil 500 años a la fecha inventó la rueda, terminaba la edad de piedra e iniciábamos con el bronce. Fueron menester otras 3 mil vueltas al sol para preguntarnos ¿quién soy?, inaugurando recientemente la filosofía como disciplina, hacia el siglo VI antes de Cristo. Diez siglos duró la noche de la Edad Media, y sólo entonces Elcano daría la primera vuelta a la tierra demostrando que es redonda.
3. En realidad de las realidades
La iglesia tarda hasta 500 años en reconocer a sus santos. Tres siglos demoramos los mexicanos en independizarnos de España. Entre diez y veinte años se gestó, proclamó y desarrolló la independencia. Cien pasaron y por fin vino la revolución, que duró también tres o cuatro lustros. Setenta y tres años lleva la dictadura perfecta de nuestro gobierno. El ser humano demora toda su vida en reconocer que el arte de amar al prójimo es lo que tiene pleno sentido. Diez años llevó a los zapatistas ponerse el pasamontañas; llevan nueve quitándoselo. Dos años tardaron muchos foxistas en descubrir que Fox miente. Casi un año los atenquenses agitaron alto el machete para alejar los aviones de sus milpas. Seis meses tienen que recorrer muchos desempleados antes de llegar a su nuevo trabajo. Repetidos descalabros sufre el trabajador para entender su condición de clase. Tres veces hay que leer ciertos libros para medio entender. Media hora dilata a veces la cola de las tortillas y por lo menos cinco minutos tarda uno en levantarse por la mañana... los procesos humanos son lentos hasta para eso. Aunque en realidad esto es muy relativo, siempre habrá un optimista diciendo que todo es muy rápido. Y en realidad de las realidades –como decía la abuela–, para la naturaleza nada parece lento, tampoco rápido, llega todo en su justo tiempo, incluso la iniquidad y la desesperación humana...
4. Y sin embargo
En un santiamén se aniquila una nación. En sólo dos años Hernán Cortez pisoteó dos siglos del imperio azteca. Al legislador le basta levantar la mano derecha para traicionar quinientos años de resistencia indígena; y en quince minutos Fox pretende exterminarlos con la misma mano. Basta una palabra para decir una estupidez, y sólo una firma ya compromete a toda la nación. El sistema de cómputo electoral en cualquier país puede caer de súbito... De lunes a martes miles quedan desempleados, se fugan comprobantes, reos, y algunos indiciados resultan venerables. En un ratito se desalojan y tiran cien familias a la calle. Un sexenio basta para venir a millonario. En una hora, un noticiero trastoca la realidad mundial. En cinco minutos priístas, panistas y perredistas llegan a un acuerdo, en cinco segundos se vuelven la espalda. En tres años el diputado, el presidente municipal, olvidan a su gente. En unas horas, en minutos, en segundos se masacran 45 vidas… y automáticamente el responsable es incógnita. En cambio, pronto se localiza al pirata, al delincuente, al narcotraficante, al ilegal, al guerrillero, al secuestrador y a todo el que atenta contra los intereses de las clases acomodadas.
5. Aquí y ahora
En una mala interpretación del aquí y ahora, el político moderno lo quiere todo ya. Actúa rápido, pero sin perspectiva. Su presente es irreal: desligado del pasado, del futuro y así, no comprende el aquí ni el ahora. Tenía razón Jules Michelet –historiador de la revolución francesa–: Quien quiera atenerse al presente, a lo actual, no comprenderá en verdad lo actual. Por eso, el político moderno vive ajeno a la realidad en un mundo egocéntrico, de fantasía y ciencia ficción. No lo comprende. Y de igual modo, no entiende el por qué de la revolución. Le espanta y estremece, pero tan inverosímil le parece como a Porfirio Díaz en 1910. No entiende al indígena, al zapatista. Ni entiende Atenco o a los campesinos de Morelos. No entiende al sembrador de droga ni al drogadicto mismo. No comprende la violencia de la ciudad, la invasión suburbana, la organización popular.
6. No entiende el gobierno
No concibe la piratería del pueblo, la corrupción ciudadana, la prostitución. No entiende al pobre ladrón ni al estudiante rebelde. Ni a la mujer. No entiende la huelga. Ni al evasor de impuestos, o al ambulante. No entiende las vacas ni a los encuerados. No entiende nada el político moderno, sobre todo porque ignora la pobreza, o la olvida, anda al margen de la historia y no sabe degustar este fermento social. Inclusive los desprecia a todos. Vive como rico aquí, ahora, sin saber de causas y consecuencias; menos de procesos. Así, pues, al diablo con todo: un cuarto de millón de pesos ganan cada mes los gobernadores como Loyola, de Querétaro, y Montiel, del Estado de México, por ejemplo, así como distinguidos presidentes municipales. Este peculio, nos dicen, es mayor al de los presidentes de varios países del mundo juntos, mientras el salario mínimo, si no es un lujo, apenas ronda los 50 pesos. Y en general, muchos altos funcionarios ganan entre 100 y 200 mil pesos mensuales, o aun más, sin entender el por qué de la insurrección. Político pobre es un pobre político, dicen con profunda convicción, pues es su principio y fundamento.
7. Habla suave…
Pero el gobierno no desprecia la pobreza, desprecia al pobre. Así López Obrador, al escuchar las demandas de la televisión, que no del pueblo capitalino, cayó en la tentación de la Seguridad Pública, sabiendo –porque lo sabe– que la represión no elimina las causas de la inseguridad sino sólo algunos efectos. Y para colmo de males, aplicando internamente el Big Stick de la política exterior estadounidense: Speak softly and carry a big stick [10] (“Habla suave y carga un gran garrote”), ahora llamada cero tolerancia como política interna… no te manifiestes, no hagas marchas, nada de mítines, no reclames, no invadas, no vendas en la calle, no seas pirata, no robes, no secuestres… palo a todos. ¿El costo de importación por esta estúpida asesoría? Cuarenta millones de pesos. Y de ribete los hambrientos policías, santos varones, reclaman que mejor los hubieran gastado en más rifles y macanas.
8. La rabia contenida
Es que nuestros gobiernos federales y estatales no luchan contra la pobreza, están luchando contra el pobre, lo mismo en la ciudad que en el campo. En vez de alimentar al león, lo encierran y, sofocada el hambre, el hambre crece hasta reventar como el gas que se atiborra en un tanque... Vaya, están suponiendo que el pueblo ya no siente hambre sólo porque se contiene la delincuencia. Pero ésta se fuga por otros caminos; o en el mejor de los casos es rabia contenida que, llegada la presión necesaria estallará en revolución. Por eso, resulta gran ingenuidad pretender desalojar a los comerciantes ambulantes; además, una evidencia de cómo la estética de la ciudad importa más al gobierno que los habitantes, porque la gente no le parece bella ni le importa su supervivencia, menos si es pobre. Se gobierna para el automovilista, para el turista, para la sociedad acomodada, para lo superfluo. Más de un ciudadano del bajo mundo se preguntará: ¿siendo éste el gobierno del cambio, o el gobierno de la esperanza, entonces…? ¡Viva la desesperanza!
9. Usos y costumbres del Congreso
Por su parte, los diputados federales –donde figuran priistas, panistas, perredistas– reclamaban un millón 250 mil de pesos para cada uno, además del aguinaldo, porque así son los usos y costumbres del Congreso en diciembre. Pero eso sí, la sala está vacía y las sesiones se suspenden continuamente porque no se presentan a sus labores. Si acuden, a cabecear están, quizá digiriendo lujosas comilonas, soñando con la presidencia de la república o por lo menos con sus negocios; acaso diseñando su nueva residencia, o tal vez tenga un Jetta en la cabeza el más austero de ellos. Algunos, como Pancho Cachondo, actores y cantantes, sueñan con el aplauso del público y a la juerga andan, preocupados por ejercer lo que ellos entienden por libertad, o lo más común y corriente de nuestros días: la originalidad personal, lo inesperado, lo diferente. Luego piden reelección, más años en el puesto, aumento de sueldo; no aceptan presiones, exigencias ni mala cara... ¡Y todavía amenazan ir a huelga!
10. ¿Aguinaldo a los diputados?
Más aún, no quieren pagar impuestos por sus jugosos aguinaldos y López Dóriga nos pregunta mañosamente en su noticiero si estamos de acuerdo. La pregunta debe ser otra, porque se trata de un regalo de navidad el origen del aguinaldo, y el regocijo por el nacimiento de un supuesto niño dios, o acaso una manera de compartir al necesitado. Entonces, ¿aguinaldo para los diputados?, ¿el pueblo quiere agasajar a los legisladores?, ¿éstos lo necesitan?, ¿lo merecen? De por sí el aguinaldo deja tanto qué pensar pues justifica las desigualdades: Toma tu gratificación por permitir explotarte todo el año. ¿Además, dicho nacimiento tiene que ver con todo esto? En el fondo sí. De suyo, los planteamientos de Jesús son tan duros que difícilmente habrá un diputado de veras contento con ese pesebre que viene a cuestionarles la fiesta.
11. Los “niños héroes”
Por esas fechas recientes de diciembre, ante los barzonistas y maestros que reclamaban los propios derechos, estos “niños héroes” defendieron “su” palacio legislativo levantando barricadas con sus asientos llamados curules. Todas las policías estaban prestas a reprimir, pero se lavaron las manos cuando vieron a los periodistas… no quieren que se vea. Por su parte, el director del canal televisivo del Congreso, Virgilio Caballero, al comunicar esta “heroica” acción y cumplir así con su labor informativa, quisieron despedirlo mediante una acción montonera, prepotente, orgullosa y fuera de la ley. ¿Acaso el canal es para ocultar la información, distorsionar la realidad y maquillar la imagen de los legisladores? ¿Es para encubrir sus irregularidades, desatinos o ridículos? Como dignos representantes de este sistema, quieren hacer barbaridades y gozar de buena fama.
12. Los senadores
De los senadores qué decir. El 15 de diciembre pasado sometieron una vez más la soberanía nacional a esa gran pantomima que es el derecho internacional, so pretexto de los derechos humanos; de manera que un tribunal ajeno, llamado Corte Penal Internacional, ha de venir a juzgar los crímenes de los mexicanos. Si los senadores le han puesto candados, como por ejemplo la necesidad de que el senado apruebe cada caso particular, es para protegerse ellos mismos. Y el PRD, que se arroga la defensa de nuestra soberanía, hizo su berrinche porque no hubo un sometimiento total a dicha Corte donde participan 87 países. Por otro lado, se sabe que los senadores negocian a escondidas el TLC agropecuario con los embajadores de EU, traicionando desde luego a los mexicanos y profundizando la dependencia alimentaria del país.
13. Nos fuimos de espaldas
Apenas estaba uno tratando de digerir los sueldos de los altos funcionarios del gobierno cuando el 25 de septiembre del 2002 se publican los ingresos de los futbolistas, [11] los encargados de entretener el descontento popular. Creo que más de uno nos fuimos de espaldas: Sólo Javier Aguirre, el “socialista”, percibía un millón y medio de pesos cada mes por dirigir la selección mexicana. Guillermo Vázquez, auxiliar: 350 mil. Ignacio Ambriz, segundo auxiliar: 250 mil. Alberto Aguilar, entrenador de porteros: 250 mil. Daniel Ipata, preparador físico: 380 mil. Radamex Gaxiola, médico: 50 mil. Isaac Estrada, utilero: 7,359. Más 3 millones 427 mil 481 pesos por primas a jugadores y cuerpo técnico el 31 de diciembre. Carlos de los Cobos, técnico de la Sub-23: 230 mil. Leonardo Cuellar, selección femenil: 200 mil. Eduardo Rergis, Sub-20: 180 mil. Jesús Ramírez, Sub-15: 82 mil. Ricardo Peláez, director de selecciones: 250 mil. José Luis Arce, coordinador deportivo de selecciones menores: 144 mil 404. Enrique Silva, representante de selecciones: 86 mil. Francisco Mier, director general de selecciones: 80 mil. Alfonso Díaz, coordinador médico de selecciones menores: 50 mil. José Antonio Manzanares, gerente técnico de selecciones: 42 mil. Ricardo Martínez, jefe de prensa: 15 mil. Héctor Larios, auxiliar técnico de la selección femenil: 30 mil. Vicente Espadas, preparador físico de la selección femenil: 22 mil… Si estos son los empleados, ¿cuánto ganarán los dueños del negocio? Así se distribuye la riqueza en este país y, cuánto se paga por la enajenación del pueblo.
14. TV Azteca saca las uñas
También nos quedamos perplejos cuando las “guardias blancas” de TV Azteca tomaron por la fuerza las instalaciones del Canal 40 al ver que las leyes no le favorecen, protegidos como paramilitares por la oscuridad y la inmovilidad de la policía. De haber sido zapatistas, en horas estarían todos tras las rejas, pero como es el ejército de Ricardo SALINAS Pliego, rico empresario de gran poder económico y político, el gobierno se hace más lento que la evolución del Australopitecus: Primero, son días de incredulidad, luego de supuesto desconcierto, días de duda, de estirar una pierna, luego la otra y comenzar a investigar, días de salpicadas declaraciones sin compromiso, días de esto, de lo otro y Salinas Pliego permanece en la impunidad, así como sus cómplices. Ante la impotencia se impuso la prepotencia del dinero, en complicidad con el gobierno, porque no se puede entender semejante temeridad sin la protección gubernamental. Ambos resultaron beneficiados; uno por el monopolio, el otro porque muere una emisora independiente. Así el empresario descubre las uñas, desfigura el semblante, pierde las formas y he ahí lo que en verdad es. Es que en el despojo y la violencia se origina la riqueza del capitalista, decía el propio Say en su Tratado de Economía Política (1803) [12] .
15. Perdonando la palabra
Por otro lado, comenta Ciro GÓMEZ Leyva, de Canal 40, que los periodistas de TV Azteca son muy respetables, que sólo cumplen órdenes. Perdón, perdón, como dice él, aquí debemos comentar que son, perdonando la palabra, pusilánimes, porque leen lo que les ponen, preguntan lo que les piden, ríen cuando se les ordena, les tocan endechas y lloran… son marionetas sin dignidad que anteponen su seguridad, su bienestar personal y no saben lo que es una objeción de conciencia: Yo sólo hago mi chamba. No tienen compromiso social alguno, se hacen cómplices, sólo les interesa la mediocridad de su persona y nadie puede decir yo renuncio. Por desgracia tenemos que aceptarlos como seres humanos, lo único respetable que les queda. Se parecen a los informantes del Cisen, quienes también se excusan conque cumplen órdenes del gobierno, sea cual sea éste y haga lo que haga. Bien dicen que las cosas se parecen a su dueño. Ahora bien, se ve que Canal 40 difícilmente saldrá airoso de este aprieto con Fernando Gómez Mont, abogado al servicio del panista Diego Fernández de Ceballos.
16. ¡Viva la desesperanza!
Todo esto es el fermento de la verdadera democracia que se avecina en el 2003 y en los años siguientes, porque un mexicano pobre es un pobre mexicano. Y un pobre ser humano. Es menester abandonar la esperanza que nos ofrece el gobierno, y desde la desesperanza comenzar a construir una nueva. Y más que construir, organizar la esperanza del pueblo en sus propias fuerzas y capacidades. Hay que arrancar el árbol social putrefacto para sembrar uno nuevo, que no crezca torcido, cuidado y regado por la mano del hombre nuevo y la mujer nueva. Abajo el gobernante corrupto y el político de partido. Ya las movilizaciones son cada vez más grandes y frecuentes, el pueblo despierta. Aunque son actos simbólicos en realidad, decía el líder de El Barzón, sobre todo si vemos lo que se acerca en el horizonte; porque el tiempo pasa y la hora se aproxima con el peso de la historia.¡Arriba el pobre delincuente! ¡Viva el pirata! ¡Viva el pobre ladrón!, aunque mañana sea uno víctima. ¿Será aquel Jesús de la navidad el único que los entiende y aprecia? El Jesús del PRD ciertamente no.
17. Redefinir el concepto de poder
Pero es necesario redefinir el concepto del poder; de otro modo, los que ahora se aprovechan de él, lo acaparan, le dan el sentido y el ejercicio que quieren. Así, no podemos hablar de poder y democracia sin referirnos a toda la bestialidad de los empresarios, funcionarios y del sistema de partidos, donde la izquierda les ha hecho el caldo gordo. El zapatista Sergio RODRÍGUEZ [13] afirma bien: La incorporación de los partidos de izquierda a la sociedad política dota de legitimidad a un instrumento de dominación y de control, lo que permite que ese instrumento se disfrace con ropajes democráticos y deje de ser visto como, simplemente, una “banda de hombres armados” al servicio del capital. Habrá que construir en los hechos otro concepto de poder, donde el pueblo mande y el funcionario obedezca. Porque el pueblo necesita el poder para ejercer su autonomía, pero no como se entiende ahora, que bien puede llamarse joder. Se trata de un poder del pueblo y al servicio del pueblo, no del capitalista. Es que existe mucha confusión con eso del poder, y el gobierno se aprovecha de ello.
18. 1810, 1910, ¿2010?
Este nuevo poder ya se construye en los municipios autónomos, por ejemplo, y la insurgencia ya se viene dando como en los primeros años del siglo pasado. Sin embargo, el pueblo mexicano no termina de despertar. Los procesos humanos son lentos hasta para abrir los ojos. El profeta Habacuc desesperaba también en Jerusalén hace 2,600 años: [14] Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo clamaré a causa de la violencia sin que vengas a librarnos? ¿Por qué me haces ver tanta injusticia y maldad? Estoy rodeado de violencia y destrucción; por todas partes hay pleitos y luchas. No se aplica la ley, se pisotea el derecho, el malo persigue al bueno y se tuerce la justicia. (…).
Estaré atento y vigilante, como lo está el centinela en su puesto, para ver qué me dice el Señor y qué respuesta da a mis quejas.
El Señor me contestó: “Escribe en tablas de barro lo que te voy a mostrar, de modo que pueda leerse de corrido. Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla; pero no dejará de cumplirse. Tú espera, aunque parezca tardar, pues llegará en el momento preciso. Escribe que los malvados son orgullosos, pero los justos vivirán por su fidelidad a Dios. ¢
Juan Castro Soto
[1] Hace un siglo, el socialismo cayó en este juego parlamentario de partidos, llamado socialdemocracia, y que fuera la primera corriente del marxismo, destacando Engels, Bernstein, Kaustky, y luego Lenin. Sin embargo, cabe apuntar que Karl Marx, en el Manifiesto Comunista y en La Ideología Alemana, señalaba que los cambios estructurales de la sociedad no son evolutivos o graduales como sugiere el sistema parlamentario, sino revolucionarios.
[2] Estos términos surgieron hace poco en el siglo XIX, para diferenciar a los seguidores del filósofo idealista Friedrich HEGEL. Los de derecha eran conservadores de su obra, pero los de izquierda evolucionaron hacia el ateismo y los procesos revolucionarios, entre éstos Kart MARX, quien se apoyaría en la dialéctica de Hegel para introducir el Materialismo Dialéctico, base del socialismo y la lucha de clases.
[3] “La idea de propiedad privada se vuelve envidia y afán de nivelación en contra de la propiedad privada más rica, y esta envidia forma la esencia de la competencia.” Cfr. Carlos MARX (1818-1883), Manuscritos económico-filosóficos de 1844, ed. Grijalbo, México, 1975, p. 112.
[4] “Para superar la idea de la propiedad privada, es suficiente la idea del comunismo; pero para superar la realidad de la propiedad privada es necesaria la realidad del comunismo”. Cfr. MARX, op. cit., p. 139.
[5] Immanuel KANT, Crítica de la razón práctica, 1788.
[6] Cfr. José Ignacio GONZÄLEZ FAUS; La Humanidad Nueva; Sal Terrae; España, t. 1, p. 87.
[7] Ricardo FLORES MAGÓN, El derecho de rebelión, periódico “Regeneración”, 10-sep-1910. Semilla Libertaria: 1.13-15. Cfr. Antología, UNAM, 1972, p. 3-5. Desde luego, el Buitre Viejo se refiere a Porfirio Díaz, hoy es otro.
[8] Jules MICHELET (1798-1874), historiador francés.
[9] Anthony DE MELLO, S. J. ¿Quién puede hacer que amanezca?, Sal Terrae, España, 1985, p. 201.
[10] Sentencia que resume la política exterior estadounidense, promovida por Theodore ROOSVELT, presidente de 1901 a 1909.
[11] La Jornada, 25 de septiembre, 2002, p. 21-a
[12] “Los derechos del terrateniente se derivan en sus orígenes del robo. (…) Allí donde el capital no se basa directamente en el robo o en el fraude, necesita, sin embargo, que la legislación le ayude a santificar el derecho de herencia”. Jean Baptist SAY (1767-1832), Tratado de Economía Política.
[13] Sergio RODRÍGUEZ, El zapatismo: un puente a la esperanza. Revista Rebeldía; N° 1, p. 9.
[14] Cfr. Hab 1, 2-4; 2, 1-4.