ELEMENTOS DE LA DEMOCRACIA EN EL 2003
– o 20 razones para no votar –

Juan Castro Soto

1.  La familia “democrática”

Muchos jóvenes que no fueron al voto “útil”, conciente y calculado, sino que se sumaron a Fox por el mercantilismo de la época, educados en la TV, sin conciencia social ni experiencia política, sin formación ideológica… ahora se curten pronto con la desilusión del vergonzoso presidente, su primer voto, y hasta caen en la cuenta de una tal izquierda que no conocían. A ellos se dedica este artículo, de cara a las elecciones federales del 2003, donde se elegirán nuevos diputados y senadores. Se pretende que ya no queden dudas de que PAN y PRI son de la misma madre derecha, alimentados por igual ambición de poder y riquezas, y que el PRD es el hermano menor. Como políticos van tras el erario; como empresarios, directo al bolsillo del pueblo. Quisiéramos vislumbrar el fondo de estas cuestiones y demostrar que en el sistema “democrático” de partidos no puede haber izquierda seria, que se trata de constantes alianzas y enfrentamientos en familia para mantenerse en el poder [1] . (Material de apoyo: lápices de colores).

2.  La medida de todas las cosas

Antes de continuar cualquier análisis social, no olvidemos que nuestro punto de partida puede concebir al hombre y la mujer como medida y fundamento de todo alrededor, o como esclavos incluso de sí mismos. Así nacen las dos vertientes que dividen al ser humano, y a la sociedad, hoy llamadas izquierda y derecha. Naturalmente nadie puede ir para ambos lados al mismo tiempo sin rasgarse la ingle. Estos dos enfoques han sido advertidos desde la antigua Grecia, si bien en otros términos. Y en la modernidad han alcanzado las estructuras sociales conocidas como socialismo, para la izquierda, y capitalismo para la derecha, cuyos sistemas de funcionamiento se oponen, al menos en teoría. Por ello no funciona del mismo modo una cooperativa, de principios socialistas, y una sociedad anónima de capitalistas, digamos; ni proceden igual los ejidatarios de Atenco y los empresarios de un pretendido aeropuerto. Se trata de un continuo y permanente contraste, una lucha de clases. (Material de apoyo: hombre y mujer).

3.  Utopía, a la izquierda

Así las cosas, la tal izquierda es reconocida como utópica porque representa lo mejor para la especie humana, aquello de sentido común pero asegún inalcanzable, conocido también como comunismo. Y la derecha es lo natural porque se da espontánea, movida por la envidia y el egoísmo principalmente. Sin embargo, la reflexión y el sentido común de la utopía también son naturales del ser humano; mientras la derecha no puede ser utópica sin contradecirse, como notaremos más adelante. Ciertamente, el socialismo no pareciera posible debido al difícil proceso educativo que requiere; mientras que el capitalismo es impulsivo, fruto de un instinto casi siempre inconsciente y entonces se dice que se da naturalmente. Pero uno y otro parten de la naturaleza humana. Más aún, la izquierda es posible cada vez que usted se detiene para ceder el paso a otro, por ejemplo, o le comparte algo… ya con eso son menos utópicos y más reales la justicia y el bienestar general, propios de la democracia. (Material de apoyo: encrucijada).

4.  Democracia no es resignación

Porque democracia significa gobierno del pueblo todo; no de unos pocos que rechazan a los demás mediante la ley bruta de la fuerza. En cambio, la izquierda rechaza lo que le dicta la razón, a saber, la injusticia, el bienestar exclusivo, el acaparamiento… aquello que daña a la especie humana, sobre todo la propiedad privada de los medios de producción, origen de muchos males. Vaya, ambos bandos son intolerantes entre sí por contrarias razones. Lo vemos a diario en los conflictos obrero-patronales, por ejemplo, donde la relación no es democrática o tolerante, sino simplemente inevitable… aunque podría llamarse resignación. De por sí, entre los quehaceres de cualquier orden o de cualquier ley está precisamente acotar la tolerancia, y en las leyes de izquierda hay cosas que no se deben tolerar, máxime la injusticia. Por el otro lado, la derecha en México también tiene su tolerancia cero para lo que amenace su sistema “democrático”, impulsada por empresarios mexicanos; estadounidenses los asesores. Ya ni chingan, primero cero crecimiento y ahora cero tolerancia –comentaban dos parias tirados sobre la banqueta en un cartón de Helguera–. Desde luego, uno se pregunta ¿quién está tolerando a quién? (Material de apoyo: bota de Fox).                       

5.  La democracia no divide

Divide y vencerás ha sido la estrategia cardinal de toda derecha en la historia de la humanidad; El pueblo, unido… dice la izquierda. Ambas vertientes siguen su propio camino hacia un fin opuesto, que las identifica: En la izquierda las personas comparten, cooperan, unifican; en la derecha acaparan, compiten, dividen. En la primera las personas son comunidad; en la segunda sólo individuos. Una libera, la otra conquista. Etcétera. Entonces, el sistema electoral de partidos que en efecto parte, divide, confronta, no puede ser democrático, cooperativo o de izquierda. Pero viene lo confuso: en campaña todos se dicen de izquierda; reclaman diálogo y bienestar común; sin embargo, todos se basan en las individualidades, compiten y desplazan al más débil; dividen y se subdividen en múltiples corrientes... Y a esta competencia la llaman democracia. Predican justicia, exaltan la soberanía nacional, a tolerar dicen; prometen al pobre, y qué… ya somos 70 millones de pobres, mientras los funcionarios de la Suprema Corte, por ejemplo, reclaman pensiones de 170 mil pesos mensuales. Entonces, por sus frutos los conoce uno mejor. (Material de apoyo: árbol).

6.  La democracia no es competencia

De aquí las tantas confusiones y contradicciones de esos gobiernos “democráticos” que hacen del fin medio y del medio fin. Nada de esto tiene un gobierno verdaderamente de izquierda, donde principio, medio y fin son coherentes, y no les mueve la competencia. Porque la competencia es el motor del capitalismo, no puede formar parte de la cultura socialista. Y el motor de la competencia la envidia [2] . La competencia nos ha traído mejores marcas y productos, no mejores personas ni mayor justicia social. Es que, mientras el socialismo tiene por esencia la sociedad, los capitalistas o materialistas la materia, el lucro, aunque digan defender lo que en el fondo no les interesa: el individuo, en cuanto persona… Eso sí, pese a las confusas apariencias, ambos sistemas son coherentes consigo mismos, o no lograrían sus objetivos. Por eso la competencia, injusta en cuanto desplaza y despoja, produce riquezas y poder igualmente injustos; se dice democrática pero nada más. Tal vez esto explique por qué en Cuba y en muchas comunidades indígenas no se quiere la competencia partidista. (Material de apoyo: coca cola).

7. La democracia no justifica los medios

Y cuando se afirma que el fin justifica los medios, que no importa obrar mal si el bien busca, resulta una contradicción moral, y de sentido común porque, vamos, no se puede llegar al sur caminando al norte. Porque cualquier fin toma la fuerza del camino recorrido, de los medios, las herramientas y del proceso por el que llega; el peso del futuro está en su historia. Por esto, la supuesta democracia electoral del 2000 no pesa, no tiene pasado: sabemos que no votó un proceso de maduración ciudadana sino el hastío, la inmadurez y sobre todo lo que sospechábamos, que fueron elecciones amañadas políticamente, financieramente. Así que el voto resultó inútil, continuó el mismo sistema de gobierno, corregido y en mayor grado, lo que era lógico con un partido de ultraderecha, pero hubo mucha confusión. Se trató, pues, de una tomada de pelo y una falsa democracia. Pero si las fallas no se reconocen, no hay esperanza de avanzar. (Material de apoyo: mano de Fox)

8.  La democracia es autonomía

¿Qué democracia hay en un pueblo sometido a otro? Un país que no se gobierna a sí mismo, no tiene autonomía ni gobierno del pueblo. Manejado por las políticas internacionales, por los intereses de empresarios extranjeros, no puede tener democracia. No hay autonomía en un pueblo que no vive en territorio propio, que trabaja tierras y fábricas ajenas, con otras leyes, otra cultura… porque nadie gobierna en casa ajena, el dueño decide cómo de ordenarán las cosas. Es lo que pasa en México: teniendo todo, nada; nos hemos quedado sin recursos y por tanto otras leyes nos gobiernan, imponiendo hasta candidatos y presidentes. Vivimos en casa ajena. De nada sirve un gobierno que presume de democrático si todavía no llega al poder y ya compromete todo al extranjero; de qué sirve si no manda obedeciendo a su pueblo. Por eso la democracia y la autonomía, así como el tirano, comienzan en lo económico: como dueños de los medios de producción. [3] Esto no sólo lo entendió Marx, también Zapata. (Material de apoyo: tierra)

9. La democracia no es representatividad

Se dice, con error, que un gobierno es democrático y justo cuando la decisión de una mayoría desplaza una propuesta contraria; o si a esa mayoría le corresponde más de algo. Una “democracia” así, produce desigualdades según la proporción o tamaño de cada cual. A unos les sobra porque a otros les falta; a los que tienen mucho así les toca; a los que tienen poco, poco; y a los que nada… nada de esto es la verdadera democracia. Por ejemplo: si un partido político es grande, rico, poderoso, denle mayor presupuesto, no al revés, el partido chico así que quede. Los funcionarios se sorben el bienestar del pueblo mediante sueldos descomunales, privilegios y otras corrupciones sólo porque representan más gente. Y estas injusticias, semejantes desproporciones, resultan legales. ¿Cuál bienestar común? Esa “democracia” de representatividades cumple otros fines porque no produce justicia, sino desigualdad y representantes de sus propios intereses. Diputados y senadores, concretamente, en la práctica no representan a nadie, mucho menos los plurinominales, son elegidos para decidir lo que quieran; se premian y perdonan entre ellos –previa comedia de desafuero–, y ni la población ni sus partidos los controlan en serio. (Material de apoyo: balanza)

10.  La democracia tiene ideología

Empero, las dos vertientes no se reducen a una organización política ni a una estructura económica que la sostenga; abarcan toda la realidad humana. Así que igualmente les cobija la ideología: una forma de vivir, pensar, sentir… en suma, una cultura. Entonces, también la ideología puede ser de dos tipos. Luego, hasta la religión será claramente capitalista cuando promueva el individualismo, el conformismo o el respeto a la autoridad del tirano. Pero no es correcto clasificar a la gente en un lado u otro por su clase social, pues la derecha requiere de ricos como de pobres, y la izquierda igualdad de clases. En la derecha el rico pensará como capitalista, y el pobre espera ser otro acaparador, no se diga las clases medias. ¿El motor de este acaparamiento? no puede ser otro, el egoísmo. En cambio, la izquierda es conciencia en practica contra las diferencias sociales, y aquí viene lo crudo: en la desigualdad puede haber pobres de derecha, pero ricos de izquierda no porque, no bastan las ideas [4] . Es que compartir es tan difícil.  (Material de apoyo: cabeza).

11.  ¿Voto secreto?

Con todo, no pretendamos extinguir la derecha; ya decíamos que su esencia instintiva, competitiva, materialista, también forma parte de la natura humana. Pero ensalcemos más la izquierda, pues no excluye ni combate a su contrario: las personas analizan las circunstancias encontradas de la vida, no compiten ni negocian. No hay vencedores ni vencidos, dice el zapatista. Ni siquiera compite contra el mal, la democracia no sabe competir: dialoga, analiza y concluye a favor del ser humano. Nadie esconde la mano, nada hay qué temer ni motivo de vergüenza. Por el contrario la competencia, como no es tanto reflexión sino un impulso egocéntrico que desplaza, el diálogo le es ajeno, no son sus modos. También por eso el voto del sistema “democrático” es competitivo, individualizado, secreto, sin el análisis comunitario que lleva a la unidad. Acaso esto explique algo porqué los zapatistas no votan; es que no están peleando contra un partido, ya dijeron, luchan contra el sistema y, claro, no le van a hacer el caldo gordo con su voto. (Material de apoyo: antifaz).

12.  Es otro tipo de consenso

Ahora bien, el resultado de dicho diálogo es el consenso, que incluye a todos. Pero no es como ahora dicen que las partes negocian y quedan conformes con lo suyo, donde cada cual busca más para sí. No, el verdadero consenso desemboca en un fin común. Ni sería que todos piensen igual: es un cambio de opinión en aras del bienestar común, propiciado por el diálogo y el control de la competencia, que no está erradicada sino contenida, latente. Alguien cede ante la razón y se da el acuerdo. Pero no es de mayorías, a veces sólo uno tiene razón como pasa en muchas asambleas indígenas. Las mayorías de la falsa democracia se equivocan mucho porque no dialogan, porque están divididas entre sí, desgajadas, manipuladas, porque no reina el sentido común. Entonces el sistema de partidos no, lo de veras democrático es el consenso. (Material de apoyo: naranja).

13.  No es por sobrevivir

Es materia de otro estudio si esa democracia indígena es precortesiana, o surgió con la conquista como un instinto egocéntrico de supervivencia que llegó a convertirse en una cultura de genuina democracia. Pero vale comentarlo aquí, porque puede suceder hoy que el consenso en la humanidad se dé hasta que peligre la propia especie, como instinto de supervivencia y no por la conciencia ciudadana o la esforzada izquierda. Qué cosa tan sin chiste. De hecho ya lo vemos cuando las potencias del mundo deciden frenar las armas nucleares, combaten el terrorismo o la drogadicción del propio pueblo, o si las grandes empresas reducen su contaminación ambiental… nada es por el bienestar común, quieren salvar su pellejo… ¿o sus negocios? Ojalá que una “democracia” tal, aunque sea fruto de ese instinto, no llegue demasiado tarde a emprender el camino a la democracia que se necesita. (Material de apoyo: mundo en llamas)

14.  La democracia es deber

Pues bien, contrasta que a la democracia la impulsa el deber de la razón: aquello que debe ser porque es provechoso para todos, en vez de lo que daña –según la ética de Platón–. Esta necesidad de elegir entre lo bueno y lo malo, convierte lo primero en deber. Se trata de una conclusión moral, lógica e ineludible del pensamiento. Por ende, todo lo que beneficie al ser humano resulta un deber de la razón, digamos la democracia, la justicia, etc., incluso el amor, como veremos adelante. Y de esta razón puede seguirse una voluntad que toma decisiones justas, aun con sentimientos contrarios; sólo por el sentimiento del deber, que no sólo se entiende, también lo siente uno. Así, aunque el egoísmo, la envidia u otros sentimientos rechacen el bienestar general, siempre queda el deber de la razón, que tiene sentido y es sentido.  (Material de apoyo: mano en pecho)

15. La democracia es radicalidad

No habiendo modo de confundir las partes, la división social ha de procurarse al mínimo de dos, ya que a ninguna conviene subdividirse. La izquierda resulta más beneficiada, pues con esta polarización sale adelante al dejar claro que la derecha nada le aventaja en el terreno de lo que debe ser; ésta busca por ello la confusión, la ambigüedad, la aparente neutralidad y se tiñe de prudente, no le conviene mostrar la radicalidad de su perversa identidad. Pero como ambas irán a sus propios métodos, ya que fracasan en los terrenos del otro, surge una muy tensa calma donde la izquierda no está dispuesta a competir y la derecha no quiere dialogar, mirándose mutuamente la desnudez de sus contrarias intenciones. De este enfrentamiento saldrá una síntesis distinta al diálogo y a la competencia. Y esa síntesis, esa otra cosa, es la guerra. (Material de apoyo: blanco y negro).

16. La democracia es guerra

En la práctica no es fácil decir: los de izquierda acá, los de derecha váyanse a otros pueblos y vivan como quieran, en santa paz. No, al fin comparten el mismo territorio. Y en el escenario de este enfrentamiento se dará la sublevación de la izquierda y la represión de la derecha, que ya no son diálogo ni competencia respectivamente. Son guerra. Porque la competencia y el diálogo sólo se entienden en la legalidad, el consentimiento, acaso la resignación… y en la guerra no hay nada de eso. Entonces, la guerra es un medio neutral de fines adversos. Y otra vez, sólo la izquierda tiene una justificación seria para la intolerancia: su revolución es ética, de supervivencia, de defensa e independencia, de liberación, de amor a la vida, a la humanidad, intenso como si fuera el último día –lo que se dice guerra de veras–. Esto el capitalista no lo aguanta. (Material de apoyo: puño)

17.  Amor, odio y dignidad

Decía el Che Guevara que la revolución es una cuestión de amor… y también de odio, no lo negaremos; y de dignidad. 1) De amor, porque la cooperación, la generosidad, el convite, la tolerancia, el servicio, la paciencia, el respeto, la justicia, la amabilidad, la responsabilidad, la compasión, la comprensión, la fraternidad, el perdón, la solidaridad… todo eso son expresiones del amor. 2) De odio, porque la violación a lo que se ama no produce otra cosa. Y 3) de dignidad, porque a nadie gusta que lo traten como animal. Ahora, si uno tiene ciertos escrúpulos religiosos, vale abundar que esta guerra de izquierda no es vengativa, basada en la Ley del Talión, ni contra el evangelio: es de amor, odio y dignidad cuando ya se ha quedado uno sin mejillas; porque el evangelio dice pon la otra, pero no que todo el tiempo. Cuanto más si los marginados son el meollo del asunto. [5] Y permitir al enemigo su tiranía, no es amarle. Estas cosas también influyen en la democracia y requieren mayor análisis, mas no vamos a enredarnos en ellas. (Material de apoyo: corazón)

18.  La tolerancia tiene límites

Si la tolerancia es la voluntad para aguantar la injusticia de otro, implica compasión y comprensión… alguna dosis de amor o tal vez sería masoquismo. Nos referimos al otro, porque no es algo ajeno a los seres humanos: Por ejemplo, nadie tolera el sol por tolerar, o por amor al sol, sino que usa un sombrero; en cambio, uno puede tolerar el sol para ceder el sombrero a otro. Además, la tolerancia abriga una esperanza de cambio para bien de los dos. Sin embargo, el amor humano también tiene mojoneras, sobre todo en terrenos de la tolerancia. Así, cuando la libertad invade los derechos del otro, es hora de ponerle límite, o lo pondrá la tolerancia, porque estamos en su territorio, y quien tolera tiene derecho a poner límites sin faltar por ello a la justicia. Es que toda tolerancia es a la vez permisividad y límite; su función es hacer excepciones. Sólo excepciones, pues conforme aumenta su licencia, la injusticia se hace ley. Por eso, cuando las injusticias del gobierno empeoran; cuando la tolerancia tiende al infinito y no es de amor la cosa; si ya no existen fundamentos para la esperanza… la tolerancia debe terminar. (Material de apoyo: cerca)

19.  Algunas propuestas

De esta forma hemos tocado el fondo de la democracia desde una perspectiva de izquierda, grosso modo. Sólo subrayaremos a la postre, que la construcción de un gobierno democrático ha de limar la competencia en sus estructuras y sistemas electorales, lo que requiere ciertas medidas prácticas que demuestren la voluntad de cambiar el rumbo. Algunas propuestas que se pueden discutir sobre nuestro sistema electoral de partidos son las que siguen:

a)    Que el primer acuerdo popular sea el sueldo austero de los altos funcionarios. Así disminuirá la competencia por el poder; se evita el robo legal y sistemático; convierte los puestos de poder económico y político en honor y servicio. Y porque también se trata de erradicar la extrema riqueza. Analicemos, pues, un salario mínimo y pensiones de 200 pesos diarios para todo ciudadano y un máximo de 800, al menos en el sector público, incluyendo al presidente de la república... y a esos magistrados.

b)    Que los candidatos no pertenezcan a partidos políticos, de modo que se escojan libremente; se obstaculicen las carreras políticas personalistas y la competencia baje. Los partidos quedarán reducidos a promotores de políticas públicas, sin acceso al poder. Porque hoy los partidos parecen más pequeños estados que organizaciones civiles; y no se comportan como brazo de la sociedad civil sino como la cabeza; y como fin en sí mismo.

c)    Que ningún funcionario de elección popular abandone su puesto para ser candidato a otra cosa; ni repita nunca un mismo cargo. La capacidad y experiencia de los funcionarios no importarán tanto como la alternancia en los cargos; así los ciudadanos elegirán los candidatos más convenientes, y éstos cumplirían sus obligaciones más cabalmente. Además, se impide el fuero del delito y la impunidad; se evitan grupos oligarcas, así como posiciones ventajosas y corrupciones desde el poder en los procesos electorales; de nuevo se trunca el ascenso personalista; y el gobierno es representado por más ciudadanos.

d)    Que las elecciones se reduzcan a un máximo de dos opciones, que resultarán del acuerdo o alianza entre partidos y organizaciones, no por exclusión o competencia. Esto impide que la sociedad se fragmente demasiado; propicia mejor definición de las partes; y se posibilita el consenso si difieren en esencia. Además, el proceso electoral será más de encuentros de diálogo que costosas campañas mercadotécnicas.

e)    Que la concordancia de principios partidistas sea una guía para tomar decisiones de gobierno. Esto los unifica a todos. Y los principios no serían simple discurso.

f)      Que los partidos no sean financiados por el Estado; ni las organizaciones, para fines electorales. Así decrecen la competencia y la ambición de poder. El financiamiento de los partidos será responsabilidad de los mismos, siempre que no sea extranjero, y la aportación máxima debe estar al alcance de cualquier ciudadano.

g)    Que el Instituto Federal Electoral divulgue equitativamente, y con un mismo formato, las propuestas electorales en los medios de comunicación, previa licitación. Para que no sea el dominio del mercado sino la calidad de las propuestas lo que guíe al ciudadano; y porque no se trata de tener igualdad de oportunidades, sino de posibilidades.

h)    Que se permitan otros métodos electorales diferentes al sistema de partidos, para que los pueblos indígenas adopten el sistema que deseen, de acuerdo a sus necesidades.

i)      Que se invaliden los convenios internacionales que no han sido avalados por el pueblo; de suerte que se recupere nuestro patrimonio nacional y la soberanía.

Desde luego, la prioridad de estas medidas sería otra discusión. Por ahora pueden ser algunos requisitos para votar. En el entretanto, siempre se tiene el derecho natural de patalear, aunque lo prohíba el artículo 135 de la Constitución. (Material de apoyo: bandera de México)

20.  El derecho de rebelión

(…) El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento crece, el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y se inflama el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los efluvios de rebeldía que la saturan y el horizonte comienza a aclararse. Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha: De las llanadas no suben ya rumores de quejas, ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que se escucha. Baja la vista y se estremece; no percibe una sola espalda: es que el pueblo se ha puesto de pie. Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres. El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la mariposa al romper el capullo que la aprisiona; rebeldía, grita la yema al desgarrar la recia corteza que le cierra el paso; rebeldía, grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol; rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar las entrañas maternas; rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar a tiranos y explotadores. (…) Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la sanguinolenta pupila en el gigante que avanza, sin darse cuenta aún del porqué de la insurrección. El derecho de rebelión no lo entienden los tiranos. [6] (Material de apoyo: mariposa)  ¢


[1] Hace un siglo, el socialismo cayó en este juego parlamentario de partidos, llamado socialdemocracia, y que fuera la primera corriente del marxismo, destacando Engels, Bernstein, Kaustky, y luego Lenin. Sin embargo, cabe apuntar que Carlos Marx, en el Manifiesto Comunista y en La Ideología Alemana, señalaba que los cambios estructurales de la sociedad no son evolutivos como sugiere el sistema parlamentario, sino revolucionarios.

[2]   La idea de propiedad privada se vuelve envidia y afán de nivelación en contra de la propiedad privada más rica, y esta envidia forma la esencia de la competencia.” Cfr. Carlos MARX (1818-1883), Manuscritos económico-filosóficos de 1844, ed. Grijalbo, México, 1975, p. 112.

[3]   “Los derechos del terrateniente se derivan en sus orígenes del robo. (…) Allí donde el capital no se basa directamente en el robo o en el fraude, necesita, sin embargo, que la legislación le ayude a santificar el derecho de herencia”. Jean Baptist SAY (1767-1832), Tratado de Economía Política.

[4]   “Para superar la idea de la propiedad privada, es suficiente la idea del comunismo; pero para superar la realidad de la propiedad privada es necesaria la realidad del comunismo”. Cfr. MARX, op. cit., p. 139.

[5]   Cfr. José Ignacio GONZÄLEZ FAUS; La Humanidad Nueva; Sal Terrae; España, t. 1, p. 87.

[6]  Ricardo FLORES MAGÓN, El derecho de rebelión, periódico “Regeneración”, 10-sep-1910. Semilla Libertaria: 1.13-15. Cfr.  Antología, UNAM, 1972, p. 3-5. Desde luego, el Buitre Viejo se refiere a Porfirio Díaz, hoy es otro.