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Niñez
guatemalteca y afgana
Rosalinda Hernández Alarcón
Diario el Periódico (Guatemala), 29-09-2001
A propósito del uno de octubre, Día de la Niñez
en Guatemala, además de manifestar mi solidaridad con millones de niñas
y niños, quienes carecen de una vida digna en este país, en estos momentos
es imposible dejar de recordar a sus iguales afganos y paquistaníes. Esa
niñez a la que gobiernos militaristas mantienen con altos riesgos en su
vida diaria y después de la declaración de guerra de Bush aumenta su indefensión
con próximos éxodos masivos y ataques indiscriminados.
En un recorrido reciente a Ixcán observé las grandes carencias que viven
cientos de niños, cuyos padres también salieron al refugio provocado por
la política castrense de tierra arrasada de principios de los años 80.
Además de la huida, sufrieron la llamada guerra psicológica, bombardeos
e intimidación cotidiana.
Los equipos de salud mental de esa zona selvática, después de años de
trabajo, todavía no dan cuenta de resultados, más allá de conocer pormenores
de la problemática que encierra la salida violenta del país a causa de
la guerra, así como las vivencias de hostigamiento y represión militar
durante años.
Antiguas niñas y niños refugiados guatemaltecos cargan sobre sus espaldas
complejas problemáticas psicológicas, entre ellas los patrones de agresión
que reproducen contra sus hijas e hijos. Si las secuelas del éxodo obligado
se van diagnosticando lentamente, la sanación tardará aún más. Hoy, siendo
adultos, algunos pocos recién la están iniciando.
En Guatemala, al igual que en ambos países árabes referidos, la niñez
padece desnutrición y hambruna, escolaridad muy baja, además escasas luces
de cambios que le favorezcan e incluyan apoyos que superen una ración
precaria de alimentos.
Aquí, los índices de pobreza no disminuyen y, como efecto de la declaración
de guerra de Bush, los apoyos económicos destinados en particular para
la niñez de seguro tendrán recortes. Allá, los conglomerados de campamentos
de refugiados llevan una vida infrahumana y como consecuencia de la declaración
de guerra de Bush, un nuevo éxodo infantil junto a sus progenitores superará
el millón y medio de personas, según cálculos de Naciones Unidas.
Éste uno de octubre hagamos patente nuestra solidaridad con la niñez guatemalteca
al igual que la afgana y paquistaní. Ambas fueron y son acechadas por
los tentáculos militares de Estados Unidos por declarar una guerra terrorista
contra todo espacio y población que considere enemigo, con la única justificación
que le da la prepotencia de sus arsenales.
En este marco, vale sumarse a las acciones de la Red Internacional de
Mujeres contra la Guerra y la Venganza. En esta capital, artistas y mujeres
realizaron ya una primera manifestación a favor de la paz -aunque pequeña-
y de seguro habrá nuevas convocatorias.
Niñas y niños merecen un tributo por parte de quienes rechazamos la posición
bélica de Bush, la que desgraciadamente ha encontrado eco en otros gobiernos.
Que cualquier medio masivo de comunicación se abstenga de publicitar los
catálogos armamentistas. No más anuncios bélicos que distribuye la CNN
en todo el mundo. Sí a una vida digna para la niñez.
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