Plan Puebla-Panamá :
Presentación
Diagnóstico Centroamérica
Coordinación del Plan Puebla-Panamá
Presidencia de la República
México DF
Marzo, 2001
Índice
Algunos
retos y oportunidades del futuro. Escenarios tendenciales............................ 110
A continuación se hace un breve repaso de la evolución y estado actual de la región de Centroamérica en diferentes rubros. Prácticamente la totalidad de la información que sirvió de base a este diagnóstico fue tomada de fuentes de los propios gobiernos de la región (secretarías de estado y organismos oficiales), de organismos de cooperación regional (como el SICA) o de organismos multinacionales (como la CECC, la Cepal y la ONU). A pesar de ello, conviene señalar que lo que se dice no ha sido validado aún por los gobiernos de la región.
Superficie
territorial.
Centroamérica (integrada por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá) cubre una superficie de 523,379 kilómetros cuadrados, enlazando los continentes de América del Norte y del Sur en una estrecha banda territorial con litorales tanto en el Pacífico como en el Atlántico. El país con mayor extensión territorial de la región es Nicaragua, que cubre el 25% de la superficie total. Le siguen Honduras y Guatemala, con poco más del 20% de la superficie de la región cada uno. Por el otro extremo, El Salvador y Belice son los países más pequeños (con 4 y 4.4% de la superficie de la región, respectivamente).
Figura A1.1. Distribución del territorio

De los 63.85 millones de personas que actualmente habitan la región Puebla Panamá cerca de 35 millones (57% del total) corresponden a los países de Centroamérica. La población de dichos países se multiplicó por 2.4 entre 1950 y 1980, con una tasa de crecimiento en dicho período prácticamente igual a la de la región Sur-Sureste de México. Entre 1980 y el año 2000 se multiplicó por 1.63, siendo su crecimiento así durante dicho lapso ligeramente mayor que el de la región Sur-Sureste de México. En el año 2000 un poco menos de un tercio de la población centroamericana (31.3%) correspondía a Guatemala, y un poco más de otra tercera parte (35%) a la suma de Honduras y El Salvador.
Figura A1.2. Población total (miles de habitantes)

Figura A1.3. Distribución de la población en el año 2000

Las anteriores cifras de población corresponden en el año 2000 a una densidad demográfica de 69 habitantes por kilómetro cuadrado en Centroamérica. Al interior de Centroamérica las diferencias en la densidad de población son muy importantes. El país más densamente poblado es El Salvador, con 298 habitantes por kilómetro cuadrado, y el menos densamente poblado es Belice, con 10 habitantes por kilómetro cuadrado. Excepto por El Salvador y Guatemala (105), las densidades de población están muy por debajo de las que prevalecen en Europa o en la mayoría de los países asiáticos.
Figura A1.4. Densidad de población (habitantes por km2)

La tasa global de fecundidad en los países centroamericanos es superior a la tasa de algunas de las entidades de la región Sur Sureste de México. En 1995 Costa Rica es el país con la menor tasa de fecundidad de la región, mientras que la mayor le corresponde a Guatemala.
Figura A1.5. Tasa global de fecundidad (hijos por mujer)

La población de los países de Centroamérica es eminentemente joven. Los menores de cinco años representan el 15% de la población total de la región. En Panamá, Costa Rica y El Salvador dicha proporción es ligeramente menor que el promedio de la región, mientras que en los cuatro países restantes es mayor. Otro casi 45% de la población total de la región corresponde al grupo de edades entre 15 y 44 años. En otras palabras, casi un 60% de la población de la región es menor de 45 años. Los mayores de 65 años no llegan aún al 4% de la población total de la región, pero están convirtiéndose en el grupo de mayor tasa de crecimiento.
Figura A1.6. Población por grupos de edades en 1995
(cifras como % de la población total)

La fuerza de trabajo de la región (población entre 15 y 64 años) representó en 1995 el 54.5% de la población total. En ese mismo año la población económicamente activa (PEA) de la región llegó al 30.6 % de la población total, por lo que la tasa de participación global de la PEA fue de 56%. La PEA de la región prácticamente se duplicó en tan sólo los quince años comprendidos entre 1980 y 1995. El Salvador, uno de los países con más alta tasa de emigración, fue el país de la región donde la PEA tuvo menor crecimiento en el lapso señalado.
Figura A1.7. Población económicamente activa total (miles de personas)

Figura A1.8. Población económicamente activa total en 1995

En 1990 poco más de 4 de cada 10 personas de la PEA de la región estaban dedicados a las actividades del sector primario (esta cifra es prácticamente igual a la que prevalece en la región Sur Sureste de México) . Esta cifra es muy elevada (contrasta con la de menos del 5% que prevalece en los países más desarrollados) y refleja el gran peso que aún tienen las actividades agropecuarias en la economía de la región. En Guatemala y Honduras cerca de la mitad de la PEA estaba dedicada a ellas en 1990; ambos estaban entre los de menor crecimiento económico de la región. Costa Rica y Panamá son los países de la región donde la PEA del sector primario corresponde a una menor proporción de la PEA total (24.4 y 29.7%, respectivamente). Con cierta seguridad cabe esperar que todas estas cifras hayan sido menores en el año 2000, pero aún así seguramente ello no cambiará el gran peso que las actividades del campo tienen en la región. Por otra parte, en 1990 la PEA del sector secundario apenas llegó en la región al 19% de la total (cifra también muy similar a la correspondiente a la región Sur Sureste de México), reflejando el bajo peso de las actividades manufactureras en la generación de la riqueza. Mientras en Costa Rica la cifra correspondiente alcanzaba poco más del 25%, en Nicaragua fue del 14%. La participación del sector terciario en la PEA es particularmente importante en el caso de Panamá, donde las actividades del sector servicios tienen un mayor peso en la economía.
Figura A1.9. Distribución de la población económicamente activa en 1990 (por ciento)

Dentro de Centroamérica, como en la región Sur Sureste de México, existe una importante población indígena, que globalmente representa el 20% de la población total de la región (unos 6.5 a 7 millones de personas). La mayor parte de ella (un 80% del total) se encuentra concentrada en Guatemala, país donde representa prácticamente la mitad de la población total. El segundo país en importancia por su número de indígenas es Honduras (10% de la población indígena de la región), donde ésta representa casi el 12% de la población total. La proporción de indígenas es ligeramente mayor en Belice (casi 14% de la población total), pero dado que la población de dicho país es muy pequeña, su contribución a la población indígena total de la región no es significativa. Como en el caso de la región Sur Sureste de México, los mayores índices de atraso y pobreza de Centroamérica se presentan entre la población indígena (en gran medida una población rural marginada dedicada a la agricultura de sobrevivencia).
Figura A1.10. Distribución de la población indígena en 1994 (por ciento)

Figura A1.11. Población indígena como por ciento de la población total en 1994 (por ciento)

Durante el siglo 20 los países de Centroamérica vivieron un proceso acelerado de urbanización, similar al de México. A principios del siglo 20 tanto México como los países centroamericanos eran fundamentalmente rurales. Hoy la población urbana de Centroamérica es cercana a la mitad de la total. Si bien el grado de urbanización de Centroamérica es menor que el de México, las cifras que prevalecen en los países centroamericanos son similares (o incluso, en algunos casos, mayores) que las de estados de la región Sur Sureste de México (en particular, Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Guerrero, en los que la población urbana representa entre el 43 y el 55% de la total).
Figura A1.12. Población urbana
(cifras como % de la total; la definición de urbana difiere de país a país, por lo que los datos no son estrictamente comparables)

Los países centroamericanos han tenido avances importantes en su grado de alfabetismo. Mientras que en 1950 sólo alrededor del 44% de los habitantes de la región podía leer y escribir, en 1999 lo podía hacer ya cerca del 74%. Los países con mayor tasa de alfabetización son Costa Rica y Panamá (con 95 y 91%, respectivamente en 1995), mientras que los de menor proporción de alfabetas son Guatemala y Nicaragua (con 56 y 62%, respectivamente).
Figura A1.13. Población alfabeta mayor de 15 años
(cifras como por ciento de la población total)

El analfabetismo en los países centroamericanos, como el de la mayoría, difiere entre grupos de edades, siendo mayor en los grupos de más edad, y es mayor entre la población rural que entre la urbana.
El sistema educativo centroamericano tuvo una acelerada expansión entre 1950 y 1980. En la década de los ochenta la crisis de la deuda externa redujo los gastos sociales, afectando negativamente las inversiones en el sector educativo. En los noventa los países centroamericanos se embarcaron en reformas educativas que incluyeron tanto lo pedagógico como lo institucional, lo administrativo y lo financiero. Todos los planes de los países centroamericanos se orientaron a erradicar el analfabetismo, fortalecer la educación preescolar y primaria y elevar la calidad de la educación
Figura A1.14. Matrícula total (miles de alumnos)

Figura A1.15. Centroamérica: Tasa bruta de escolaridad en preescolar (por ciento)

Entre 1985 y 1997 la matrícula de educación primaria de la región se incrementó en un 36%. En 1990 los países de la región con menor tasa bruta de escolaridad en primaria eran Guatemala y El Salvador (con tasas de 78 y 81%, respectivamente). El resto tenía ya una cobertura prácticamente universal. En 1997 sólo en Guatemala no se había alcanzado esta última.
Actualmente la educación primaria representa alrededor del 70% de la matrícula total de los sistemas educativos de Centroamérica.
Figura A1.16. Matrícula educación básica (miles de alumnos)

Figura A1.17. Centroamérica: Tasa bruta de escolaridad en primaria (por ciento)

El incremento en la matrícula de educación media en Centroamérica entre 1985 y 1997 fue de 47%, superando al habido en la matrícula de educación básica. Con todo y dicho incremento, las tasas brutas de escolaridad en secundaria son menores del 65% en todos los países de la región. Los países con mayores tasas de escolaridad bruta en dicho nivel son Panamá (con cerca del 65%) y Nicaragua (con 55%). Aquellos en que dicha tasa es menor son Guatemala (26%) y El Salvador y Honduras (con alrededor de 37%). Lo anterior significa que en la región alrededor de 6 de cada 10 jóvenes entre los 13 y 17 años de edad (alrededor de dos millones de ellos) no están matriculados en el sistema educativo.
Figura A1.18. Matrícula educación media (miles de alumnos)

Si bien durante la década de los ochenta la matrícula en educación superior de la región tuvo apenas un ligero incremento, entre 1990 y 1997 ésta creció de manera explosiva, aumentando en un 55%. En buena medida ello se debió a una acelerada expansión de centros universitarios y parauniversitarios privados. Los incrementos más notables ocurrieron en Panamá, Guatemala y Nicaragua. Actualmente más de medio millón de jóvenes centroamericanos cursan estudios de educación superior. Más de la tercera parte del total de las universidades centroamericanas se localizan en Costa Rica. En el otro extremo, las instituciones de educación superior de Panamá y Guatemala representan en cada caso apenas el 4% del número total de la región.
En Centroamérica existen algunos centros internacionales de educación superior, como el centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Costa Rica), la Escuela de Agricultura para la Región del Trópico Húmedo (Costa Rica) y la Escuela Agrícola Panamericana (Honduras)
Figura A1.19. Matrícula educación superior (miles de alumnos)

Figura A1.20. Distribución de la matrícula en 1997
(cifras como porcentaje de la matrícula total)

Figura A1.21. Alumnos por maestro en educación básica en 1997

Figura A1.22. Alumnos por maestro en educación media superior en 1997

En todos los países de la región centroamericana (excepto Nicaragua) el número de alumnos por maestro en la educación elemental es casi dos veces mayor que el correspondiente en la educación media superior.
En 1997 uno de cada 45 niños en edad de asistir a la primaria de la región no se matriculó en ella; la cifra fue mucho más importante en el caso de la secundaria (3 de cada 5). Los índices de reprobación de los países de la región en primaria y secundaria son importantes. Los de deserción también lo son (6.1% en primaria y 10.6% en secundaria).
Figura A1.23. Centroamérica: Tasa de reprobación en primaria y secundaria. 1997
(cifras en por ciento)

Entre los factores fundamentales para el mayor crecimiento económico y para favorecer una mayor competitividad de las economías centroamericanas está el desarrollo de una base tecnológica, renglón en el que la región tiene un rezago considerable. La inversión en investigación y desarrollo de los países de la región está, como en el caso de México, por debajo del 1% del producto interno bruto. El número de científicos por cada mil habitantes no llega ni al 0.5% (comparado con los entre 80 y 90 que existen en los países desarrollados). El número de científicos e ingenieros dedicados a la investigación y el desarrollo es de alrededor de 530 por cada millón de habitantes en Costa Rica, pero en el resto de los países de la región se encuentra entre 20 y 200. Por otra parte, la matrícula en las carreras asociadas con el desarrollo tecnológico son aún bajas en todos los países centroamericanos, con algunas diferencias importantes entre ellos (por ejemplo, la matrícula en carreras de ingeniería representa sólo alrededor del 1.8% de la población de entre 20 y 25 años en Honduras y Nicaragua, alrededor del 2.5% en Costa Rica y El Salvador y cerca del 5% en Panamá; en matemáticas e informática las cifras van del 0.4% en El Salvador al 1.2% en Costa Rica).
La salud está entre las prioridades de prácticamente todos los países del mundo. Los de Centroamérica no son excepción. La buena salud es, además, considerada un derecho básico de la población. Más allá de ello, incluso por razones estrictamente económicas los avances en salud son a todas luces rentables.
La esperanza de vida al nacer de los países centroamericanos es parecida a la que prevalece en los estados mexicanos del Sur Sureste. También en dichos países se aprecian avances muy importantes en la esperanza de vida al nacer durante la segunda mitad del siglo 20. Los habitantes de Centroamérica viven hoy 20 años más que al inicio de la década de los cincuenta. En 1990-95 Guatemala era el país con menor esperanza de vida al nacer de los hombres (59.8 años) y Costa Rica en el que ésta era mayor (73.5 años). Entre 1950-55 y 1990-95 la esperanza de vida al nacer de los hombres de los países centroamericanos creció entre 15 y 24 años, según el país. En términos generales la esperanza de vida al nacer de las mujeres es 5 a 8 años mayor que la de los hombres, dependiendo el país (excepto en Belice, donde solo supera a la de los hombres en 2.6 años).
A pesar de los avances habidos, la esperanza de vida al nacer de los países de Centroamérica está por debajo de la que prevalece en los países con mayor grado de desarrollo. En éstos es cercana a los 80 años de edad o incluso mayor.
Figura A1.24. Esperanza de vida al nacer: hombres (años)

Figura A1.24a. Esperanza de vida al nacer: mujeres (años)

Figura A1.25. Esperanza de vida al nacer: total (años)

Parte importante de los avances en la esperanza de vida al nacer a los que se hace mención se deben a los correspondientes en factores sanitarios. Entre ellos destaca el crecimiento en la cobertura de los servicios de agua potable y drenaje, si bien en prácticamente todos los países de la región se está lejos de tener una cobertura universal de dichos servicios (El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua muestran tasas mayores al 20% de su población sin acceso a agua potable; en Honduras más del 20% no cuenta con drenaje). Por otra parte, como era lógico esperar, en toda la región las áreas urbanas está mucho mejor dotadas de drenaje y agua potable que las rurales, por lo que la esperanza de vida al nacer en las primeras es mayor que en las segundas.
Figura A1.26. Centroamérica: Población sin acceso a servicios básicos de agua potable y drenaje (las cifras, en por ciento, corresponden a años cercanos a 1995)

En paralelo con el incremento en la esperanza de vida al nacer, la tasa de mortalidad general de Centroamérica se ha reducido de manera importante.
Figura A1.27. Centroamérica: Tasa general de mortalidad
(tasa anual media por cada mil habitantes)

El crecimiento en la esperanza de vida al nacer se deriva de las muy importantes reducciones habidas en Centroamérica en las tasas de mortalidad infantil y pre-escolar. En 1998 la primera de ellas se había reducido a la tercera parte de su valor en 1970 y la segunda a casi una cuarta parte. A pesar de ello, dichas tasas de mortalidad siguen siendo elevadas si se comparan con las que privan en los países más desarrollados. En la región aún existe una relativamente alta incidencia de morbilidad y mortalidad de enfermedades contagiosas y transmisibles (como sarampión o tuberculosis, entre las de tiempo atrás, o SIDA, entre las de aparición reciente). La importante disminución habida en la mortalidad infantil y preescolar se debe en gran medida al avance en los programas de inmunización básicos). Ellos son sin embargo insuficientes frente a las condiciones de desnutrición que privan en parte de la población de Centroamérica.
Figura A1.28. Centroamérica: Mortalidad infantil (por mil nacidos vivos)

Figura A1.29. Centroamérica: Mortalidad preescolar (por mil nacidos vivos)

Figura A1.30. Centroamérica: Probabilidad de muerte en niños y niñas menores de cinco años (por cada mil)

Centroamérica está viviendo una transición epidemiológica en la que están cambiando de manera importante las causas de morbilidad y mortalidad. Debido al proceso de envejecimiento de la población, en los países de la región empiezan a cobrar mayor importancia relativa las enfermedades crónico degenerativas (cardiovasculares, cánceres). Sin embargo, la transición epidemiológica es dilatada, en tanto que aún persisten como causa importante de mortalidad las enfermedades infecciosas. Hacia 1995 Centroamérica era la subregión del continente americano con mayor mortalidad en menores de cinco años por enfermedades diarréicas agudas y era superada sólo por el área andina en la mortalidad de éstos por infecciones respiratorias agudas. Los problemas de desnutrición son altos, estimándose que alrededor del 28% de los niños menores de cinco años de la región presentan dichos problemas. Las diferencias entre países de la región en este renglón son muy importantes, variando desde cerca de un 50% en Guatemala hasta entre 6 y 7% en Costa Rica.
Así, para resolver los problemas de salud de Centroamérica será importante continuar mejorando la dotación de servicios de agua potable y drenaje, superar los problemas de desnutrición (vinculados con la pobreza y la marginación), aumentar la cobertura de los servicios básicos de prevención para la salud y mejorar la calidad del ambiente.
Centroamérica se ubica dentro de la categoría de mediano desarrollo humano (según el índice de desarrollo humano del PNUD). De los países que conforman la región, Costa Rica es el único considerado entre los países de alto desarrollo humano. Los de menor desarrollo humano son Guatemala y Nicaragua. Mientras que en 1990 la diferencia entre la posición relativa de los países de la región mejor y peor ubicados en la lista de Naciones Unidas era de 52 lugares, en 2000 se incrementó a 72 lugares, reflejando ello una brecha creciente entre países de la región.
Figura A1.31. Índice de desarrollo humano

Pese a los avances habidos, hoy cerca de la mitad de los centroamericanos son pobres (con grandes diferencias entre los países de la región: el 74% de los habitantes de Honduras y más del 65% de los de Nicaragua y Guatemala viven por debajo de la línea de la pobreza, pero en Costa Rica lo hace alrededor del 20% de la población y en Panamá alrededor del 35%). La proporción de la población que vive en la pobreza extrema es también muy elevada (del orden del 30% para la región, con diferencias entre países similares a los señalados para la población pobre). Esta situación no difiere en mucho de la que prevalece en los estados más pobres del Sur Sureste mexicano. Peor aún, como también es el caso en México, la brecha entre los ricos y los pobres parece estar ampliándose.
Figura A1.32. Hogares bajo línea de pobreza, 1997 (por ciento)

Figura A1.33. Hogares bajo línea de pobreza extrema, 1997 (por ciento)

La masa territorial ístmica de Centro América y Panamá es un área de considerable complejidad geológica. Esta dominada por una columna montañosa constituida por dos sistemas orográficos. El sistema montañoso más antiguo está en Guatemala, Honduras, Nicaragua y Belice. En el sureste, principalmente en Panamá y Costa Rica, pero extendiéndose a través del suroeste de Nicaragua, se encuentra el sistema más joven de montañas volcánicas que sellaron el portal marino entre Norte y Sudamérica. Ambos sistemas están flanqueados por llanuras costeras estrechas. Los territorios elevados de América Central están marcados por las dos grandes series de picos, la mayoría correspondientes a volcanes jóvenes (más de cien volcanes grandes y unos 150 menores). Estas dos series de picos están más cercanas al Pacífico que al Atlántico. Cada una tiene una longitud de alrededor de 560 kilómetros, excluyendo a Chiriquí, en el occidente de Panamá, por estar éste aislado de los demás. Los dos arcos volcánicos convergen en la región del golfo de Fonseca. Un amplio cinturón del Pacífico, hacia el sureste de Panamá, está sujeto a una actividad sísmica frecuente y violenta, típica de áreas volcánicas altamente inestables.
La diversidad climática de Centroamérica se pierde al trabajar con imágenes globales. Con todo, pueden identificarse algunos patrones anuales y estacionales. Las tierras bajas son tropicales (con temperaturas medias en los meses más fríos de 18 °C o más), mientras que las tierras altas, por encima de 750 a 1,000 metros, son subtropicales (temperaturas medias en los meses más fríos entre 0 y 18°C). La vinculación entre zonas termales y elevación sobre el nivel del mar es común en los trópicos. Por otra parte, las temperaturas mensuales medias prácticamente no cambian a lo largo del año (las variaciones en ellas son menores que las variaciones a lo largo del día). En cambio las precipitaciones pluviales sí muestran grandes variaciones a lo largo del año, con una estación seca o de poca precipitación entre octubre y mayo (más pronunciada hacia el noroeste y en la costa del Pacífico) y una estación lluviosa entre junio y octubre. El clima es tropical o templado, excepto en áreas pequeñas, y está marcado por precipitaciones que tienen, o bien una buena distribución a lo largo del año, o una estación de lluvias con un período breve o prolongado de secas durante el invierno. La tierra caliente (menos de 750 a 1,000 metros de altitud) puede ser desde lluviosa o con breves períodos de secas hasta estacionalmente seca. Las áreas con estaciones secas prolongadas en invierno están restringidas en su mayor parte a territorios de la costa del Pacífico, desde Guatemala hasta Costa Rica. El resto de la tierra caliente, frente al Mar Caribe y en Panamá, tiene mayores precipitaciones. Las tierras templadas (entre 750 y 1,800 metros de altitud) y frías (a más de 1,800 metros de altitud) son elevadas o climatológicamente templadas y pueden tener regímenes de precipitación desde perennes hasta estacionalmente interrumpidos. En su mayor parte, el mes más caluroso tiene temperaturas medias superiores a los 22 °C. Las tierras altas corresponden en su mayoría a Guatemala y honduras, y en mucho menor medida a Costa Rica, Nicaragua, Panamá y El Salvador.
La flora de América Central es excepcionalmente diversificada, existiendo miles de especies de muchos tipos de plantas. Esta variedad es resultado de factores como la situación transicional del área entre las regiones fitogeográficas de Norte y Sudamérica, diferencias de temperatura asociadas con la altitud sobre el nivel del mar y variaciones locales en precipitación pluvial y condiciones edafológicas (suelos). La flora austral de Sudamérica se ha extendido hacia el norte a través de Centro América y hasta México. La flora boreal de Norteamérica existe desde Guatemala hasta la depresión nicaragüense, encontrándose algunos de sus elementos en costa Rica. Dentro de esta área transicional los o patrones de distribución de plantas se deben a factores edáficos tales como la profundidad de los suelos, porosidad, niveles de agua y exposición a salinidad. La fronteras entre regiones de vegetación designadas rara vez están claramente marcadas. Los bosques tropicales lluviosos coinciden en mucho con las tierras calientes del Caribe. Las tierras calientes del Pacífico, donde las precipitaciones son moderadas y estacionales, están cubiertas con bosques entre siempre verdes y deciduos, con una cubierta de matorrales y hierba. En los bordes de las tierras bajas de ambos litorales hay un listón de vegetación propia de manglares, pantanos y vegetación marina. Conforme aumenta la altitud, las plantas de tierras calientes van siendo reemplazadas gradualmente por robles y pinos y otras plantas de altitud media de Norteamérica o de gran altitud de Sudamérica. Así, los bosques lluviosos del noreste y los bosques entre siempre verdes a deciduos de la pendiente del Pacífico se fusionan con los bosques mixtos de coníferas, robles y otros árboles de hojas anchas. La vegetación de las tierras templadas es sustituida conforme crece la altitud por bosques de especies con hojas de aguja y cubierta alpina. En todas partes, desde la línea costera hasta los picos más elevados, se aprecia la acción del hombre como factor que ha alterado la vegetación. Fuego, agricultura y ganadería han sido los principales instrumentos de cambio.
La vegetación más extendida en el área es la correspondiente a bosques tropicales lluviosos, localizada principalmente en la llanura costera del Caribe y en el piemonte de las áreas montañosas hasta una altitud de entre 750 y 1,000 metros, así como en las tierras bajas y montañas adyacentes en el sur de Costa Rica y, en menor medida, en Panamá. Estos bosques están compuestos de un gran número de especies y géneros diferentes y muy diversas asociaciones. En ellos predominan las plantas leñosas, muchas de ellas gigantes que sobresalen del nivel general de la cobertura verde sombría formada por las coronas entrelazadas de árboles. Comunes entre las especies de tronco delgado que forman la cobertura están las especies moráceas, meliáceas, sapotáceas y lauráceas, así como las ceibas. Por debajo de ellas proliferan árboles de tamaño medio (como Carica, Inga, Pithecolobium, Guarea) y palmas. También es común la presencia de una cubierta delgada de los suelos con especies de plantas herbáceas y arbustos tolerantes a la sombra, algunas hierbas de hoja ancha y plantas monocotiledóneas. Para agregar al lujo de los bosques existen además serpentinas de lianas, plantas colgantes y algunas orquídeas y bromeliadas. Son comunes cuerpos de agua fresca abiertos, o pantanos o marismas maderados. En ellos existen pastos, juncos y especies acuáticas tales como Sagitaria, Pontederia, Pistia y Talía. En las orillas, alrededor de lagunas de agua dura, y en el interior, a lo largo de corrientes tranquilas tanto en la costa del Pacífico como del Atlántico, existen agrupamientos de manglares (Rhizophora mangle), palmas y otras plantas tolerantes a la salinidad. Los manglares también se extienden a lo largo de los márgenes de la costa de llanuras donde predominan los bosques deciduos.
El segundo tipo de vegetación más extendido en América Central corresponde a arboledas estacionales de deciduos a siempre verdes y sabanas, que