IDENTIDADES SOCIALES EN LA FRONTERA SUR DE MEXICO.

(Los refugiados guatemaltecos).

Mtro. José Carlos Melesio Nolasco.

jose.carlos.melesio@itesm.mx

cmelesio.deh@deh.inah.gob.mx

Dirección de Estudios Históricos.

INAH-SEP.

Septiembre del 2002.

En la década de los setenta la frontera sur de México era un tema poco abordado en la academia. En la política a veces era tímidamente abordado en campañas político publicitarias como la que rezaba “Todo Chiapas es México”, dando la idea de que alguien lo dudaba. Es hasta finales de los setenta y durante la década siguiente cuando la frontera sur de México empieza a tener, podría decirse que por primera vez, una importancia, la razón: los llamados conflictos centroamericanos alcanzaban rápidamente a la región, el gobierno mexicano vía COMAR (Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados) así como de ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados), financian a principio de los ochenta, proyectos de investigación, para saber que pasa en el área, el problema más impactante es la llegada masiva de refugiados guatemaltecos y algunos centroamericanos a la región.

Así pues, la frontera sur de México es un área relativamente nueva para el país ya que es hasta principios de la década de los ochenta cuando se empieza a hablar de la frontera sur. Anteriormente al tratar sobre fronteras se pensaba sólo en la del norte y pocas veces ocurría pensar en Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo, mucho menos en Guatemala y Belice como nuestros países fronterizos, por primera vez el gobierno federal forma organismos regionales para proyectos diversos, desde culturales hasta económicos, la opinión pública nacional e internacional hablan de la región como unidad. La configuración de la región como tal es un primer antecedente importante para entender los cambios políticos en la región.

El hecho de ser frontera con otros países implica una dinámica social diferente a la de las regiones no fronterizas de México, es en la frontera donde empiezan las relaciones internacionales como asunto de vida cotidiana: los pobladores, las noticias, el comercio etc. adquieren otra dimensión, la internacional, y una importancia tal que, al menos en enero de 1994 se antoja particularmente significativa y digna de analizar.

Los ancestrales problemas políticos y sociales de la frontera sur e México son recordados a mas de veinte años de que la región fronteriza es afectada por varios problemas de la conflictiva región centroamericana contemporánea, aspectos que por supuesto son fundamentales para constituirla como región. Recordemos de paso que la frontera sur de México, y en especial Chiapas, son parte de la misma región geográfica e incluso cultural centroamericana, se habla del mundo maya, con cultura tradicional similar, una misma historia colonial y procesos de vida nacional bastante semejantes .

Es conveniente analizar la influencia de los conflictos centroamericanos en la frontera sur de México y en especial en Chiapas. Al preguntarse el impacto de éstos la respuesta más simple y cómoda para algunos es: El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) está compuesto y comandado por centroamericanos y en especial guatemaltecos, quiénes luchan por diversos y obscuros intereses ajenos a México. Lástima que la URSS ya no exista y que Cuba esté ocupada solamente en sus serios problemas económicos y políticos, como es del conocimiento público, por lo cual no se le pueda culpar, como ya era tradición.

En primer lugar, vale la pena destacar que Chiapas se encuentra en la parte mexicana de Centroamérica, en términos culturales es parte de la región civilizatoria conocida como mesoamérica y que en términos geográficos centroamérica empieza desde el Istmo de Tehuantepec hasta el norte de Panamá. En Chiapas se habla con acento y con palabras semejantes a las guatemaltecas de hecho,  de alguna manera y con diferente intensidad, comparten problemas similares.

En segundo lugar hay que recordar que Centroamérica, es el último escenario de la guerra fría en la América continental (Cuba es un caso aparte), el último escenario de la confrontación Este-Oeste, del primer mundo contra el segundo, del capitalismo contra el socialismo, o como se le quiera llamar ahora aspecto digno de resaltar.

Durante las décadas de los años setenta y ochenta los periódicos de buena parte del planeta seguían atentamente los acontecimientos en la región, cuyos protagonistas fundamentales eran: Panamá, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y por supuesto, el petróleo.

PANAMA:

Aunque Panamá no siempre es considerado como parte de Centroamérica, los diversos tratados comerciales y políticos pocas veces lo incluyen, por el impacto político que tiene en la región es considerado un elemento adicional dentro del análisis , especialmente su historia reciente. En el contexto de un gobierno populista y nacionalista, uno de los elementos dignos de resaltar es la firma de los acuerdos Torrijos-Carter en septiembre de 1977:

...Los nuevos acuerdos sobre el canal, firmados en septiembre de 1977, a diferencia del tratado de 1903 que legitimaba la existencia de un Estado dentro de otro Estado, contemplan un proceso de descolonización por etapas, donde revierten a Panamá tierras e instalaciones de la Zona del Canal, recuperando el país su jurisdicción sobre este territorio, proceso que culminará en el año 2000, fecha de devolución  del canal y del retiro del último soldado norteamericano de suelo panameño.(1) 

La última invasión militar de Estados Unidos de América, en diciembre de 1989, que impone un presidente a su gusto, así como la discusión al interior de Panamá acerca de la no conveniencia del retiro de los norteamericanos en Panamá, sino una posible concesión o coadministración del canal por cuestiones técnicas y administrativas, permiten por lo menos matizar la situación con lo cual el cabal cumplimiento de los acuerdos Torrijos-Carter quedan hasta hoy en suspenso.

NICARAGUA:

Pocos acontecimientos en América Latina contemporánea han tenido el impacto de la revolución sandinista en Nicaragua, el único comparable es el de 1959, la revolución cubana, desde entonces no a habido un movimiento semejante, es la culminación de una lucha iniciada desde 1961 con la formación del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La lucha surge desde la derrota de los patriotas nicaragüenses en 1934 liderados por Cesar Augusto Sandino con el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional contra los invasores norteamericanos en las montañas del norte de Nicaragua, imponiendo una dictadura que duró 42 años.

En 1979, el día 19 de julio, el Frente Sandinista de Liberación Nacional derroca al dictador Anastasio Somoza (Tachito), heredero de la presidencia de su padre, el también llamado Anastasio Somoza (Tacho), así el FSLN toma el poder político tras una victoria militar.

E.E.U.U. ve con malos ojos a este nuevo gobierno por considerarlo pro-comunista, ligado a la URSS y Cuba.  A raíz de esto inicia una agresiva política aislacionista, situación que se refleja en lo económico de manera negativa para Nicaragua y en lo político-militar apoya a movimientos antisandinistas, con los consecuentes conflictos que aún hoy día sufre esa nación.

La experiencia sandinista influye de manera importante en los movimientos de liberación nacional del área centroamericana, especialmente en El Salvador con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y en Guatemala con la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) como se verá más adelante.

EL SALVADOR:

En la década de los setenta, la situación política y económica de El Salvador es de enfrentamientos de los diversos gobiernos, con una gama de organizaciones representativas de movimientos populares de izquierda que van desde las obreras y campesinas, cuya forma de lucha son manifestaciones, huelgas, tomas de tierra, hasta las guerrilleras:

En la década de los sesenta después de una serie de varias luchas que se caracterizan por una gran represión popular y el rompimiento del Partido Comunista de el Salvador aparecen una serie de organizaciones político-militares, que recuperan la importancia de la lucha armada junto con la movilización política popular.

Tres son las organizaciones sobresalientes: en 1970 aparecen las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, en 1972 el Ejército Revolucionario del Pueblo y en 1974 las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional.

Los movimientos populares se siguieron expresando en Huelgas, manifestaciones y tomas de tierras:

De 1973 a 1979 se han contabilizado 142 conflictos de trabajo, en el que estuvieron involucrados 72,331 obreros. Por lo general el resultado de ellas se canalizó por la disolución, la represión o la ocupación militar.(2)

En 1974 aparece el Frente de Acción Unificado, en 1975 el Bloque Popular Revolucionario y en 1977 las Ligas Populares 28 de febrero, desplegando todas estas, una creciente movilización política.

En 1977 hay elecciones fraudulentas, que causan mayor movilización social, y represión. El triunfo sandinista en Nicaragua (1979), cambia el contexto político regional.

En octubre de 1979 es derrocado el gobierno salvadoreño por un golpe de estado (la llamada primera junta militar de gobierno), y en 1980 surge como fuerza alternativa democrática la alianza FMLN-FDR (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional y el Frente Democrático Revolucionario), a partir de una Plataforma Programática de Gobierno Revolucionario, que lanza una ofensiva general gerrillera en 1981, tal movimiento llega a controlar la mayor parte del país (formando incluso gobiernos regionales) a finales de la década de los ochenta. A pesar de que el FMLN-FDR controlan virtualmente todo el país, no toma la capital del país, San Salvador, aún contando con la capacidad militar para hacerlo, por los acontecimientos en Nicaragua, la toma del poder por la vía armada tiene un costo político internacional muy alto, las presiones por parte de E.E.U.U. hacen que los métodos tradicionales de las luchas de liberación nacional sean replanteados, ahora se trata de la presión militar como medio para obligar a la negociación política, no como vía al poder.

Este cambio es muy importante como estrategia política, pues influye en casi todos los movimientos políticos de la región, las guerrillas como presión política para concertar el paso a la democracia. A finales de la década de los ochenta el FMLN-FDR entran en negociaciones convirtiéndose en organizaciones políticas que paulatinamente impondrán cambios en el contexto nacional.

GUATEMALA:

La situación política en Guatemala se ha mostrado inestable desde el derrocamiento del régimen constitucional del presidente Jacobo Arbenz, con el golpe militar de 1954.

Arbenz trató, entre otras cosas, de llevar a cabo una reforma agraria (medida, por cierto, recomendada por la CEPAL para toda el área latinoamericana), en la que afectaba propiedades de compañías norteamericanas entre las que sobresalía la United Fruit.(3)

Desde entonces han surgido en Guatemala movimientos guerrilleros acompañados de una escalada represiva, pero es en 1981 y principios de 1982, cuando se unifican varios grupos guerrilleros (la ORPA, Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas, el EGP, Ejército Guerrillero del Pueblo, las FAR, Fuerzas Armadas Revolucionarias), formando la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), órgano coordinador de los diversos grupos guerrilleros con un mando común. Esto recrudece en Guatemala la campaña contra la insurgencia guerrillera, a lo que se responde con la política de tierra arrasada, que consiste en reprimir indiscriminadamente a la población civil, a la que  considera la base social de la guerrilla(4). El gobierno castrense guatemalteco establece así una política que puede tipificarse como terrorismo de Estado, y es la  que obliga a la población a huir de Guatemala para salvar la vida. Bajo esta política son especialmente vulnerables los hombres de entre 16 y 45 años de edad quiénes, obviamente,  son los primeros en ser asesinados. Viudas, huérfanos, familias incompletas deshechas por la violencia son el resultado.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce esta situación como un conflicto de carácter interno no internacional, según Resolución 1983/12, del 5 de septiembre de 1983.

La escalada de violencia estatal en Guatemala trae como consecuencia un movimiento migratorio de refugiados hacia la frontera sur de México, del que se hablará más adelante.

El petróleo.

A finales de la década de los setentas se anuncia la existencia de grandes mantos petrolíferos en la frontera sur de México, en Guatemala y posiblemente en más regiones de Centroamérica. Este particular aspecto toma relevancia día a día con el paulatino agotamiento de las reservas hasta hoy explotadas, así como el virtual incremento de los precios a mediano y largo plazo.

En síntesis, los principales cambios en la región se pueden enumerar de la siguiente forma:

1) Panamá logra la firma del acuerdo Torrijos-Carter en el cual se establece que Estados Unidos devolverá el canal de Panamá a este país en el año 2000, en 1989 es invadido por E.E.U.U. que impone el primero de una serie de gobiernos mas acordes con sus intereses. Por ahora los acuerdos al menos quedan inciertos en cuanto a su plena aplicación.

2) En 1979 es derrocado el gobierno de Anastacio Somoza en Nicaragua por el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional). posteriormente hay desestabilización política y boicot económico apoyado y promovido por E.E.U.U.

3) Se incrementa la ofensiva guerrillera del FMLN-FDR (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional) en El Salvador. El gobierno se ve obligado a reconocer al Frente como fuerza opositora y entran en pláticas de negociación, la situación, con menor beligerancia, esta aún definiéndose.

4) La insurgencia guatemalteca se une política y militarmente en una sola organización, la URNG (Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca, 1981) que debiera fungir como coordinadora de las acciones de los diversos grupos de oposición. Al igual que en El Salvador, el gobierno se ve obligado a reconocer a la Unión como fuerza beligerante y entra en negociaciones con esta, la situación en Guatemala sigue incierta.

5) Se descubren grandes mantos petrolíferos en el sur de México y en el noroccidente de Guatemala.

6) A partir de 1979 se detecta el arribo masivo de población compuesta de campesinos indígenas guatemaltecos en la frontera sur de México, así como un importante número de centroamericanos que vienen huyendo de la violencia en sus paises hacen de la frontera sur de México un lugar de atención especial, tanto de organismos internacionales como la ONU, a través de ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados), como de diversos organismos no gubernamentales.

Todos estos acontecimientos contextualizan la situación política de Chiapas contemporánea.

Los refugiados tanto guatemaltecos como centroamericanos que arriban a  México, algunos de paso hacia el codiciado norte, otros para quedarse en México, pero todos huyendo de tanto de la violencia gubernamental como de la deteriorada situación económica de sus piases, conforman un problema que rebasa cualquier ámbito nacional convirtiéndose en un problema, regional- internacional, es la dinámica de la llamada cuestión nacional, cuestión internacional y cuestión étnica que se combinan dando por resultado nuevas identidades sociales, acompañadas por supuesto de movimientos políticos novedosos la opinión pública mundial ha documentado ampliamente el problema.

LA FRONTERA SUR COMO REGION.

La región de la frontera sur de México es un área compartida por tres naciones, Belice, Guatemala y México. La línea fronteriza mide 1,138 Kilómetros; de éstos, 962 (84.53%), limitan a México y Guatemala; los 176 Km. restantes (15.47%), separan a México de Belice. Esta línea divisoria pasa por muy diversas orografías y climas, desde zonas montañosas con volcanes como el Tacaná (4,086 msnm de altura), por altiplanicies y hasta selvas tanto bajas como altas.

El tratado de límites entre México y Guatemala se firmó en 1882, hubo además un arreglo final en 1895. Los 962 km. con Guatemala quedan demarcados de la siguiente manera:

Río Suchiate en el sureste como límite natural: 85 km; primera línea geodésica, que parte de los 92°02' longitud oeste y 15°04' latitud norte (Vértice Muxbal), a los 92°12' oeste y 15°16' norte (Vértice Niquihui): 26 km; segunda línea geodésica, del Vértice Niquihui a la intersección del meridiano 91°43' oeste y del paralelo 16°04' norte (Vértice Santiago): 109 km; primer paralelo, 16°04' norte, desde el Vértice Santiago hasta su intersección con el río Chixoy, a los 90°26' oeste (Vértice Río Chixoy): 138 km; de ahí, sobre el cause más profundo de los Ríos Chixoy y Usumacinta (límite natural), hasta el punto 91°27' oeste y 17°15 norte (Vértice Usumacinta): 300 km; continúa por el segundo paralelo, 17°15' norte, del Vértice Usumacinta hasta el meridiano 90°58' oeste (Vértice El Ceibo): 48 km; sigue este meridiano hasta el paralelo 17°49' norte (Vértice Campeche): 62 km; sigue por este tercer paralelo, 17°49' norte, hasta el meridiano 89°30' oeste (Monumento 100): 194 km, que es la intersección con la frontera con Belice.

El tratado de México con Belice, entonces territorio perteneciente a la Gran Bretaña, se firma en 1893 (Tratado Mariscal-Saint John), y se demarcan así los 176 km que habrían de servir de frontera a estos dos países:

Se inicia en Boca Chica de Bacalar, estrecho que separa a Quintana Roo del cabo Abergris, corre hasta el paralelo 18°09' norte y ahí tuerce al oeste, hasta llegar al meridiano 88°02' oeste. Sube al norte, al paralelo 18° norte y vuelve al oeste, hasta el meridiano 88° 18' oeste, mismo que sigue hasta el paralelo 18°28' norte, donde se encuentra la intersección con la línea divisoria con Guatemala; de ahí sigue al sur, para terminar en el paralelo 17°49' oeste.

En esta región se presenta una gran variedad de  climas que van desde fríos (Municipio de Motozintla, Chiapas) hasta templados y cálidos con todas sus variantes; desde moderadamente húmedos, con precipitaciónes de  800 mm al año (Othón P. Blanco, Quintana Roo), hasta muy húmedos con casi 5,000 mm anuales (Municipios de Amatenango de la Frontera, Mazapa de Madero o Motozintla, Chiapas). Y aún más, hay zonas de hasta 6,000mm de precipitación promedio anual.  Cabe hacer notar qué aunque la variedad climática es amplia, predomina el clima tropical húmedo en la mayor parte de esta frontera, en especial en la parte central.

La hidrografía de esta región también es muy variada, la parte correspondiente a Tabasco y Chiapas, México, y Quiché, Huehuetenango y San Marcos, Guatemala, se caracteriza por una grán cantidad de ríos, a diferencia  de la de Campeche y Quintana Roo del lado mexicano y el Petén guatemalteco y Belice del otro,  en donde son más los ríos subterráneos que los de superficie, debido a los suelos calcáreos característicos de la Península de Yucatán.

División política

En el lado  de México, la división política fronteriza comprende cuatro entidades federativas o estados, con un total de veinte municipios:

1) Estado de Chiapas al sur, con quince municipios con frontera internacional: Suchiate, Frontera Hidalgo, Metapa, Tuxtla Chico, Unión Juárez, Cacahuatán, Tapachula, Motozintla, Mazapa de Madero, Amatenango de la Frontera, Frontera Comalapa, La Trinitaria, La Independencia, Las Margaritas y Ocosingo.

2) Estado de Tabasco, al centro, con dos municipios fronterizos: Balancán y Tenosique.

3) Estado de Campeche, al norte, con dos municipios limítrofes: Carmen y Champotón.

4) Estado de Quintana Roo, al noreste, con un municipio fronterizo: Othón P. Blanco.

Por el lado de Belice son dos distritos los que forman su frontera con México:

1) Corozal.

2) Orange Walk.

Por el lado de Guatemala la división política se constituye de cuatro departamentos y veintitres municipios:

1) Departamento del Petén, al norte, con seis municipios con frontera: San Andrés, La Libertad, Flores, San José, San Benito y Sayaxché.

2) Departamento del Quiché, al centro-este, con dos municipios con frontera: Chajul y Nebaj.

3) Departamento de Huehuetenango, al centro-oeste, con nueve municipios: Cuilco, Nentón, La Libertad, La Democracia, San Mateo Ixtatán, Tectictán, San Antonio Huista, Barillas y Santa Ana Huista.

4) Departamento de San Marcos, al sur, con seis municipios vecinos a México: Tacaná, Sibinal, Tajumulco, Malacatán, Ayutla y San Pablo.

La Identidad de los Refugiados

La represión ejercida indiscriminadamente en Guatemala irrumpe primero en la esfera familiar y posteriormente en la comunidad. Al salir huyendo, los refugiados con frecuencia  lo hacen en forma desorganizada y a nivel individual. Por ser los más vulnerables, primero salen los hombres y posteriormente las mujeres con los niños y los ancianos, de esta forma se rompe tanto el núcleo familiar como el núcleo comunal.

Al cruzar la frontera y formar los campamentos, lo primero que se organiza es la comunidad, formada por personas de diversas regiones y grupos étnicos, cuyo vínculo de unidad comunal es su situación de refugiados y el de ser guatemaltecos. Las familias aún no se reconstituyen y menos aún las unidades por afinidad vecinal o regional. Se identifican en esta etapa a partir de ser refugiados, esto es, porque comparten una experiencia de represión y de exilio común, y el proceder de Guatemala.

Con la estabilización de los campamentos, primero se refuerza el vínculo comunal y después se reconstituyen las familias, bien sea por el reencuentro familiar, o por la formación de nuevas unidades. La familia en los campamentos puede resolver y decidir asuntos particulares, como el destino de sus miembros, la religión adoptada o la educación de los hijos al interior del hogar.

Sin embargo, la mayor parte de los asuntos se resuelven de manera colectiva por la comunidad como: la educación formal, la alimentación, la salud, la repartición de la ayuda de ACNUR.etc. En este sentido la comunidad es la protectora de las familias, cuida a los hijos, organiza el trabajo y, de hecho, se puede decir que la comunidad funciona como una gran familia, formando una nueva cultura en la relación familia-comunidad.

En sus lugares de origen, la población se identifica a partir de ser de una comunidad, que suele coincidir con un municipio. Los indígenas, además, lo hacen a través del Santo Patrón Titular del pueblo y del sistema de cargos que conjunta las actividades religiosas y cívicas de la comunidad. Si salen pueden identificarse por su región: de los Cuchumates, de San Marcos, del Petén, de la costa, por ejemplo. Al menos dos terceras partes de los refugiados son indígenas, que hablan alguna lengua de origen prehispánico, pero ésta pocas veces les sirve como base de identificación: no se dicen kakchiqueles, ni choles, ni quichés, sino indígenas, e identificados por tener una lengua materna distinta al español, cualquiera que esta sea, y que los distingue claramente de los hablantes de castellano. Así, son indios o son ladinos (o mestizos o blancos). Tradicionalmente al pasar la frontera se siguen identificando así. Si en Guatemala son indios en México también y en ambos casos eran, antes del problema de los refugiados, indios en un lado o en otro, sin importar su lugar de nacimiento, ocupando en ambos casos el punto más bajo de la escala social. En cambio, si eran ladinos, así eran considerados en ambos lados de la frontera, también sin importar su origen nacional, y siempre, por supuesto, en posiciones superiores a la de los indígenas.

La nacionalidad legal, el haber nacido en México o en Guatemala, no tenía ninguna relevancia en ambos lados de la frontera, la identidad se basaba en ser indio o ladino y en proceder de tal o cual comunidad. Pero todo cambió con el inicio de la migración masiva de refugiados guatemaltecos.  El ser de un lado o del otro ya dio diferencias importantes respecto a derechos y deberes. Ser refugiado, ser indio y ser guatemalteco ya resultaba significativo, sobre todo frente a ser mexicano, ya sea indio, mestizo, migrante o nativo. Las bases tradicionales de la identidad: la comunidad, la lengua, la región, cambiaron y ahora son otras: la calidad migratoria (el ser refugiados guatemaltecos en México), el campamento, la nacionalidad legal y la lengua (indígena o español).

Después de 18 a 23 años de refugio, la mentalidad del refugiado ha cambiado. Los mecanismos de identificación social y étnica son otros, en primer lugar, refugiados, luego guatemaltecos, para continuar con ser del campamento en el que viven y finalmente con la identificación indígena o ladino-mestizo a partir de la lengua materna. Se ha formado una nueva identidad, más compleja, que se vive en los campamentos cotidianamente y es reconocida tanto por ellos como por los otros: los mexicanos y los de los otros refugiados.

Los campamentos están organizados a partir de una nueva forma de unidad social, parecida a las de sus aldeas tradicionales, pero con vínculos más estrechos y con una vida democrática más participativa, lo que les ha creado una mente abierta, democrática e comunitaria. Están, por supuesto, más politizados y saben que su voz puede ser escuchada no sólo en México o en Guatemala, sino en todo el mundo, a través del ACNUR y de las ONGs. Reconocen el papel de la comunidad-campamento como su protectora y como su vínculo con el exterior. 

El grueso de los refugiados guatemaltecos es indígena. En 1995, de acuerdo a la lengua materna, hay 28,867 personas en México que habla alguna lengua de origen prehispánico guatemalteca, y de estos, alrededor de 27,579 nacieron en Guatemala. Esto es, al menos oficialmente se reconoce que han nacido en México 1,288 hijos de refugiados. No todos los indios guatemaltecos refugiados viven en la frontera, pero sí la inmensa mayoría, 25,673, el resto se distribuye en el centro y en la frontera norte del país.  Ser indio sigue siendo una manera de identificación, pero no lo hacen a partir de una lengua específica (chol, aguacateco, kekchí, kanjobal, etc.), sino genéricamente: hablar lengua indígena. El idioma, pues, al igual que en el resto de México, sigue siendo una base identificatoria significativa. 

Por otro lado, está el problema de los mexicanos que conviven con los refugiados guatemaltecos, y su visión sobre ellos. La población regional a visto que “su gobierno” y varios organismos internacionales llevan ayuda a los refugiados, ayuda que ellos nunca han recibido ni de su gobierno ni del resto del mundo. Pronto el hecho de que se atiendan más los problemas de los refugiados que los de la población local es causa de un cierto resentimiento y de tensión social.

En efecto, los campesinos mexicanos resienten lo que ellos suponen un mejor trato hacia los extranjeros.

Por ejemplo:  en muchos campamentos los refugiados están dispuestos a trabajar por un salario de $6, 000.00 (aún no le quitábamos los tres ceros a la moneda) por jornada, cuando el salario normal en la región era de $12, 000.00 por jornada, los refugiados pueden hacerlo porque reciben ayuda internacional en alimentos, materiales de construcción de viviendas y permiso para uso de terrenos, esto presiona a la baja en los salarios regionales afectando a los trabajadores jornaleros en la región.

Además, el hecho de que la autoridad municipal se sienta, y de hecho lo está, marginada en la toma de decisiones políticas y económicas que afectan su ya de por sí mermado poder dentro de su propia jurisdicción, todo esto causa resentimientos que desembocan en problemas con frecuencia graves, tanto con el gobierno como con los organismos internacionales y hasta con los refugiados mismos. Así, la población mexicana de la región donde se asientan los campamentos, sean de reubicación o no, empieza a ver a los refugiados con cierta hostilidad y como “los entrometidos”, que acaparan toda la ayuda externa. Los identifican como refugiados, guatemaltecos (esto es, no mexicanos), indios y además intrusos. Son los “otros” y no acaban por aceptarlos totalmente, aunque si tienen cierta comprensión de su situación, aspecto que matiza de alguna manera este rechazo.

Por otro lado, por ser extranjeros y no tener derechos agrarios, no presionan por la tierra, y la ayuda y la atención que reciben es pagada con fondos internacionales, así que en este sentido no constituyen una amenaza regional y mucho menos nacional.

Sí, en cambio, por su organización, su forma democrática de vida y su identidad grupal como refugiados, guatemaltecos  e indios pueden ser un ejemplo para la población regional, lo que es mal visto por caciques y por no pocos gobernantes municipales, estatales y hasta federales.

A pesar de todo lo anterior, por el tiempo que tienen los refugiados guatemaltecos viviendo en los campamentos en México, mas de veinte años, una generación al menos, y por las pocas posibilidades reales de su regreso masivo a Guatemala, lo más probable es que estemos presenciando el nacimiento de un nuevo tipo de mexicano, más ligado a su comunidad, con una cultura democrática y con nuevas y más complejas formas de identidad.

Las comisiones permanentes: una lección de autonomía.

Finalmente, la reubicación resultó importante porque alentó a los refugiados a organizarse formando Comisiones Permanentes.

En Guatemala en 1987, el gobierno de Marcos Vinicio Cerezo propone la participación de los guatemaltecos en un foro de concertación nacional denominado "Diálogo Nacional", originalmente pensado con la participación de todos los sectores, incluyendo a la guerrilla. Finalmente, sólo se invita a ciertos grupos, entre los que, por supuesto, la guerrilla no estaba, pero sí los refugiados.

En diciembre de 1987 estos últimos eligieron en asamblea general a los representantes de cada campamento y fundaron un organismo denominado Comisiones Permanentes. Su labor principal era y es todavía la de representar legítimamente a los refugiados en el Diálogo Nacional, pero también es el órgano que los representa ante el gobierno mexicano, los ONG y ACNUR.

Para el Diálogo Nacional las Comisiones Permanentes presentaron un pliego petitorio básico, elaborado por ellos mismos, y cuyo fin principal era el de definir las condiciones de repatriación voluntaria, colectiva y organizada. El pliego se compone  de seis puntos en los que piden el derecho al retorno, de manera voluntaria, colectiva y organizada, así como regresar a sus propias comunidades y a sus tierras de cultivo. También piden el derecho a la libre organización y a la libre movilización tanto dentro de su territorio como en el exterior y, finalmente, pero de manera prioritaria, el respeto a su vida.

La respuesta del Gobierno de Guatemala fue la de una aparente aceptación. Sin embargo, en septiembre de 1989 fue asesinado en Guatemala un refugiado, Juan Bartolomé, perteneciente a las Comisiones Permanentes.

La respuesta que los refugiados esperan del Diálogo Nacional es negativa; sin embargo, les parece importante su participación para dialogar con otros sectores de su país, además de tener la posibilidad de ser escuchados en un foro que tiene cobertura mundial.

La población que ha cruzado la frontera para refugiarse en México está compuesta por campesinos pobres, ladinos e indígenas, testigos todos de masacres en sus aldeas, que llegan a México muy lastimados y asustados. Su llegada es en grupos provenientes de una misma aldea o de una misma región; a veces se organizan antes de partir, pero en otras ocasiones es una salida de emergencia, huyendo ante una masacre. Antes de salir ya habían sufrido varias incursiones militares o paramilitares, que implicaron pérdida de familiares.

Las familias son monogámicas, tanto en unión libre como unidas civil y/o religiosamente. Aunque no hay datos sobre parentesco, puede suponerse que se trata de un sistema patrilineal y patriarcal, ya que en sus lugares de origen son los hijos hombres los que heredan la tierra y otros bienes familiares. Los hijos menores quedan a cargo de la madre, pero cuando ésta tiene que trabajar los cuidan las hermanas mayores. Las niñas son educadas en el hogar. Los niños trabajan junto con el padre desde los 6 u 8 años de edad. Algunos van a la escuela; son inscritos antes de los 7 años de edad en un curso preescolar de castellanización y, posteriormente, asisten a la escuela primaria tradicional, en español, con planes y programas diseñados en la ciudad de Guatemala. Este esquema es válido para indígenas y ladinos guatemaltecos en general.

Una vez en México, se asientan en lugares en los que generalmente hay muy poca actividad económica, de manera que no pueden trabajar como braceros, pues éstos son utilizados principalmente en la región del Soconusco, alejada de la selva a la que ellos llegan a refugiarse.

Los campesinos mexicanos, ejidatarios o propietarios de los lugares a donde han llegando, les han permitido establecerse en campamentos. Desde 1979 hasta 1984 más o menos (período anterior al del reacomodo de algunos miles de ellos en otras partes del sur de México), era notoria la ausencia casi total de hombres en los campamentos.

La organización de todo tipo de actividades en el campamento en principio era comunal, ya que casi no existían familias completas, sino que éstas se fueron  reintegrando conforme iban llegado otros parientes refugiados o se formaron posteriormente a partir de nuevas uniones.

Conclusiones:

La migración de refugiados guatemaltecos, el contexto de los conflictos centroamericanos y en especial el movimiento guerrillero guatemalteco dan a la nueva migración un contexto y una importancia muy particular. Aunado a lo anterior, la situación económica y política de la frontera sur de México que en Chiapas se perfila muy conflictiva, abre la posibilidad de que en la prensa o en la opinión pública mexicana, hablen de la influencia de la guerrilla guatemalteca o la de los refugiados, como los inspiradores e incitadores de los movimientos sociales emergentes en el estado de Chiapas.

Como se ve, demográficamente, los refugiados pueden representar de un 12% según el cálculo de las OGN, o de un 4%, según los organismos gubernamentales o de ACNUR, se trata de población que, por no tener derechos agrarios no presiona por la tierra, reciben ayuda y atención internacional, por tanto no representan una amenaza regional y mucho menos nacional. Sí en cambio, por su organización, su forma democrática de vida y su identidad grupal como indios guatemaltecos y refugiados, pueden dar lecciones a la población local, que los caciques y no pocos gobernantes regionales y federales ven con muy malos ojos.

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(1)Anayansi Turner Y. PANAMA. Relaciones Centroamérica-México, Pag. 40. Programa de Estudios Centroamericanos (PECA). Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE). México, 1986.

(2)Ramírez López, Berenice P. "El trasfondo histórico de la Revolución Salvadoreña" p. 101. En: Gutiérrez-Haces, María Teresa, Et.Al. Centroamérica: una historia sin retoque. Ed. IIE-UNAM y El Día. México, 1987.

(3)Schlesinger, Stephen; Kinzer,Stephen. Fruta amarga, la C.I.A. en Guatemala. Ed. S.XXI, México, 1982, pp.53 y 54.

(4) La lógica de esta estrategia de tierra arrasada consiste en: la guerrilla es al pueblo lo que el pez es al agua, por lo tanto para acabar con la guerrilla, hay que acabar con el pueblo. Esta estrategia es inspirada a partir de una particular lectura de Mao-Tse-Tung, aplicada por primera vez por los norteamericanos en Vietnam.