MITOS Y REALIDADES DEL PLAN PUEBLA PANAMÁ [1]

Daniel Villafuerte Solís
CESMECA-UNICACH
E-Mail: dvillafu@prodigy.net.mx

INTRODUCCIÓN

Esta ponencia intenta esclarecer los alcances y las limitaciones del Plan Puebla-Panamá, como proyecto de desarrollo y como alternativa para la región mesoamericana. A partir del análisis de la realidad económica y social de de la región, confronta los problemas estructurales y las alternativas que ofrece el PPP. Por otra parte, también interesa revisar las alternativas que ofrecen algunos sectores de la sociedad civil frente al PPP. Esta reflexión tiene como telón de fondo los procesos de integración más globales que se están dando en América Latina, sobre todo a partir del ALCA.

I. EL PROBLEMA DEL DIAGNÓSTICO

El diagnóstico que presenta el Plan Puebla Panamá (PPP) sobre la macro-región es de carácter descriptivo y poco analítico, en esto radica su mayor debilidad. Hace falta un análisis crítico y profundo sobre la situación estructural, el origen de los problemas, la situación actual y de los factores que favorecen la reproducción del círculo del subdesarrollo. El documento que sustenta el PPP denominado El Sur también existe, escrito por Dávila, Kessel y Levy [2] , para dar cuenta del desarrollo regional, tampoco ofrece una visión más allá de algunas variables económicas ampliamente conocidas, a pesar de tener como base el “sofisticado método matemático ideado por Paul Krugman [3] ”.

Tanto el diagnóstico como la visión del desarrollo que presenta el PPP no tienen un anclaje en la realidad del sur de México y Centroamérica. Lo que vemos en varios estados del Sur de México es una agricultura en crisis, que no sólo ha dejado de generar excedentes para transferir al sector industrial, como lo hizo durante el llamado “Milagro mexicano”, sino que tampoco genera recursos suficientes para incrementar su productividad. El medio rural, por lo menos en el estado de Chiapas, eslabón que unirá México con Centroamérica en el contexto del PPP, acusa graves tensiones sociales gestadas a lo largo de varias décadas y que hoy parecen irresolubles varios problemas: miseria social, intolerancia religiosa, disputas violentas por tierras, minifundización, baja productividad, destrucción del hábitat, etcétera.

Situación similar encontramos en el istmo centroamericano. El subdesarrollo estructural que padecen estos países se explica en gran medida por su composición productiva que todavía genera la mayor parte de sus divisas: exportaciones de café, banano, azúcar, camarón, madera y algunas frutas tropicales. La diferencia que presenta el Sur de México con relación a Centroamérica es su riqueza petrolera, pero tiene las mismas ventajas de localización: tanto en Honduras como en Nicaragua pueden construirse vías interoceánicas alternativas o complementarias al Canal de Panamá. Otra diferencia que tiene el Sur de México con países centroamericanos es que, en estos últimos, hay fuerte presencia de empresas maquiladoras. El Salvador es el mejor ejemplo en la región ya que sus fuentes principales de divisas son la maquila y las remesas de las familias que trabajan en los Estados Unidos.

El Sur de México ha sido territorio de frontera, reserva para la colonización, particularmente Campeche y Chiapas sirvieron de válvulas de escape para resolver demandas de tierra de los campesinos del centro y norte de la república. Un territorio que hasta 1970 había permanecido prácticamente al margen de los grandes acontecimientos nacionales, a la zaga de todo tipo de desarrollo: social, político y económico. Un territorio significativo en términos de biodiversidad, extensión y complejidad de grupos étnicos, pero abandonado a su suerte por las instancias de los gobiernos federal y estatal. El acercamiento del gobierno central a esta región ha sido por la importancia de sus recursos naturales, principalmente energéticos, pero también como consecuencia de episodios trágicos como la represión a campesinos que han reclamado tierras o mejores precios para sus productos y, en años más recientes, por razones de geopolítica donde a raíz de la profundización del conflicto político-militar en Centroamérica, y la consecuente emigración de refugiados guatemaltecos hacia territorio mexicano, se implementaron medidas de control para evitar la incursión de grupos disruptivos.

En el momento actual, bajo el discurso de la democracia, los países centroamericanos están buscando con urgencia su reinserción económica a un mundo de competencia bajo las reglas de los países industrializados; en este proceso, Chiapas puede ser un mal ejemplo para que éstos países vuelvan a una situación de inestabilidad política; por ello, el gobierno mexicano le urge resolver los problemas, pero las medidas gubernamentales tomadas hasta el momento han sido del todo insuficientes, y en algunos casos han resultado contraproducentes. Estos nuevos problemas invitan a repensar la región mesoamericana en una perspectiva más amplia y de cara a la mundialización.

Las paradojas que enfrenta el sur de México son bastante conocidas. Se trata de un territorio con vastos recursos naturales pero con una población que en su gran mayoría acusa grandes carencias básicas de salud, alimentación, vestido, educación y vivienda. Una comparación rápida sobre la riqueza generada en los estados fronterizos del sur con relación a los de la frontera norte nos da una idea de las grandes asimetrías.

Así, contrario a lo que ocurre en el norte, el sur presenta mayores dificultades para su crecimiento y desarrollo económico, aquí los efectos del TLCAN han sido devastadores en los niveles de empleo y subempleo no sólo porque la inversión extranjera directa no considera a los estados de la frontera sur en la implementación de proyectos maquiladores y de más largo plazo, sino también como consecuencia de la política económica que abandonó al sector agrario y dejó que los efectos negativos de los mercados internacionales se proyectaran sobre productos sensibles como el maíz, la carne de bovino, el café, el cacao y el banano.

Durante el periodo 1993-1999, el producto interno bruto de los estados del sur presentó un proceso de estancamiento y, al final del periodo, de franco retroceso; por el contrario, el norte mantuvo un crecimiento sostenido. Por ejemplo, en el primer año, mientras seis estados del norte –Baja California, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Sonora y Tamaulipas–  contribuyeron con el 20.9% del PIB nacional, cuatro entidades del Sur –Campeche, Chiapas, Quintana Roo y Tabasco– participaron con el 5.6%; en el último año de este periodo los del norte aportaron 23.3% y los del Sur 5.3%. Las asimetrías son mayores si las comparamos de manera desagregada: el caso más extremo es la relación entre Nuevo León y Chiapas, estados que tienen casi el mismo número de habitantes, pero el primero genera un PIB superior en cuatro veces con relación al segundo. Es más, sólo el estado de Nuevo León aporta un PIB superior a la suma los cuatro estados de la frontera sur [4] .

En lo que respecta a los ingresos de la población ocupada también se registran diferencias sustanciales. Así, mientas en los estados del norte la población ocupada que no recibió ingresos significó 2.9%, en los del sur la cifra fue de 16.8%, es decir, casi seis veces más; de la población que declaró ingresos, sólo el 4.8% percibió menos de un salario mínimo, en tanto que en el sur fue de 26.5%, y la población que obtuvo entre uno y dos salarios mínimos fue de 24.2% en el norte y 22.8% en el sur. La suma de los estratos arriba indicados revelan, grosso modo, que mientras en los estados de la frontera norte la pobreza incluyó 34.8% de la población ocupada, en los del sur prácticamente fue del doble al representar 66.1% de la población.

Por su parte, las diferencias en los estratos de población ocupada con mayores ingresos entre el norte y el sur también son notables. Así, en el estrato que ganó más de dos salarios mínimos pero menos de tres la cifra fue de 24.2% en el norte y 10% en el sur; algo similar ocurrió con el estrato que obtuvo ingresos entre tres y cinco salarios mínimos pues las cifras fueron de 18.6% y 10.4% respectivamente. En los estratos más altos también hay diferencias: en el que obtuvo más de cinco salarios mínimos pero menos de diez el dato para el norte fue de 10.9% y 6.4% para el sur; en el estrato de más de diez salarios mínimos fue de 5.7% para los estados del norte y de 2.6% para los del sur.

Las notorias diferencias salariales reflejan el grado de desarrollo de las fuerzas productivas. La educación y la productividad del trabajo están estrechamente relacionadas; así por ejemplo, mientras en el norte la población de seis a catorce años que sabía leer y escribir alcanzó casi 96% en el sur no superó el 85%. Asimismo, el nivel de alfabetismo en la población de 15 años y más fue de 95.7% en el norte y en los estados fronterizos del sur llegó a 84%. En el norte, de la población de cinco años y más, cerca de 9.7% no tenía instrucción escolar; 16.8% tenía el sexto grado de primaria y 48.8% poseía instrucción posprimaria. En el sur, casi el 19% no contaba con instrucción escolar y sólo el 15.2% tenía el sexto grado de primaria; un 31.7% poseía instrucción posprimaria, lo que coloca a la región de la frontera sur en una seria desventaja con relación a los estados del norte [5] .

No obstante, en los estados del sur se encuentra la riqueza petrolera del país, lo que los convierte en un territorio estratégico. Y no sólo petróleo, también aporta gas natural, azufre y energía eléctrica que mueve buena parte de la planta industrial. Además, son los principales abastecedores de alimentos y materias primas agropecuarias: ganado vacuno, café, plátano, cacao, granos básicos (maíz y arroz), especias, frutas tropicales, etcétera. De ahí la paradoja que no se haya concedido la importancia debida a las generosas tierras del sudeste [6] .

En 1993 Campeche, Chiapas y Tabasco, los tres estados fronterizos de mayor importancia, aportaron 44% del PIB del sector minero (léase petróleo y gas), mientras Chiapas y Tabasco contribuyeron con 10.8% del PIB del sector eléctrico. En el 2000, la contribución de los tres estados arriba señalados al PIB minero del país había aumentado a 52.1% y su aportación a la división de electricidad, gas y agua para el mismo año fue de 12.6%. Además de contar con las centrales hidroeléctricas más importantes del país, Chiapas se ha consolidado como el primer productor nacional de azufre y de gas natural; Campeche y Tabasco cuentan con los principales puertos petroleros de altura: Cayo Arcas (en la primera entidad), desde donde se envía el 41% de las exportaciones petroleras, y Dos Bocas (Tabasco), que responde por 29% de los envíos de crudo y derivados [7] .

Pero las riquezas no se constriñen a las de carácter productivo, existe una rica historia cultural que ha comenzado a ser explotada por el capital privado y los gobiernos de México y Centroamérica, el cual constituye uno de los elementos que han venido redimensionando el concepto de frontera. Se trata del proyecto Mundo Maya iniciado en agosto de 1990, después de varios acuerdos entre México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador; su objetivo es desarrollar el turismo en la región que antes fue de los mayas. Como se sabe, es un megaproyecto que abarca los estados fronterizos del sur y cuatro países del istmo centroamericano, donde se considera que vive una población maya de aproximadamente ocho millones de personas. La existencia del proyecto Mundo Maya evidencia la existencia de recursos culturales que le dan potencialidad a la frontera sur.

A pesar de la existencia de estas riquezas, en el sur habita la población más pobre del país, situación que hoy es más grave como consecuencia del modelo económico. El TLCAN ha profundizado las diferencias regionales; se puede decir que el sur constituye un territorio marginado de este Tratado, en tanto que no participa de los supuestos beneficios como es la inversión pública y privada, la creación de infraestructura, el crecimiento económico. Todo lo contrario, el sur se le considera como la última opción para invertir, una zona de alto riesgo para las inversiones productivas debido a la gran conflictividad que presentan varios estados.

Podemos decir que en el sur de México y Centroamérica el postulado de la lógica capitalista no está en completa sintonía con lo que viene ocurriendo en la frontera norte, con los Estados Unidos de Norteamérica: “la propiedad privada, y, en este sentido, el pensamiento-discurso sobre “productividad” es indispensable para el éxito empresarial y para la sobrevivencia obrera. Sin embargo, el ‘espectro’ empresarial sólo se significa bajo los parámetros específicos provenientes del discurso de productividad-hegemonía y sobre las relaciones de poder. La segmentación y saturación de los mercados de consumo, la transformación de los modelos de producción y las grandes organizaciones, entretejen una nueva unión y una dimensión compleja de relaciones económicas. Las reestructuraciones en los espacios laborales y la división espacial del trabajo advierten el resquebrajamiento de los límites territoriales económicos sobre lo que posteriormente se va a sostener el sistema de redes contemporáneo que actualmente predomina en la economía mundial [8] .

Ahora bien, si en el pasado la frontera sur recibió poca atención, hoy se está convirtiendo en foco de atención por parte del Estado mexicano y del gobierno de los Estados Unidos, de organismos internacionales como el Banco Mundial y de ONG. La implementación de los llamados corredores biológicos, los tratados de libre comercio y ahora el Plan Puebla-Panamá evidencian la importancia del sur de México y Centroamérica en la conformación del ALCA, hermana menor de la globalización.

II. CUATRO MITOS DEL PPP

Mito 1.

El Gobierno Federal se ha propuesto cambiar las bases y prioridades de la Planeación Nacional del Desarrollo, iniciando ésta con la planeación de la Región Sur-Sureste de México, en el marco del Plan Puebla-Panamá. Su propósito es corregir inmediatamente los sesgos que han afectado negativamente a dicha región, para empezar a revertir las tendencias seculares de deterioro y permitir así a sus habitantes a acceder a una mayor calidad de vida (Introducción: 3, subrayado nuestro).

Mito 2.

Un esfuerzo conjunto entre Centroamérica y México para el desarrollo de la macro-región comprendida entre el estado de Puebla de México y Panamá, en una marco respetuoso de concertación, entendimientos y consensos y de pleno respeto a la soberanía de los Estados comprendidos en ella, permite que dicha región haga valer su potencialidad y características para convertirse en un polo de desarrollo de “clase mundial” en América Latina (Visión del PPP: 37).

Mito 3.

El Plan Puebla-Panamá, un plan integral de gran visión y de largo plazo, se convierte en un instrumento vivo, que promueve la participación activa de la sociedad y la concertación entre los diferentes agentes del desarrollo para afinar y consolidar sus objetivos, estrategias y programas, y a través de él, la región logra un cambio estructural que le permite alcanzar todo lo anterior (Visión del PPP: 37).

Mito 4.

Los beneficios para la región Sur Sureste de México y Centroamérica son sustanciales y les permiten superar el rezago existente, mejorando la calidad de vida de sus habitantes a través  de una mayor y mejor educación, un crecimiento económico sostenido y sustentable (con tasas superiores a la media internacional y en actividades de creciente valor agregado), la generación de empleos bien remunerados, la armonización del desarrollo social y humano de la población con un aprovechamiento eficiente de los recursos y una expansión e integración comercial (Visión del PPP: 37).

En los últimos gobiernos de México, la planeación no ha sido un tema de importancia en la conducción de las políticas públicas. La planeación es ante todo una exigencia formal que obliga al Ejecutivo a presentar un Plan Nacional de Desarrollo (PND) en los primeros meses de gobierno. En la administración de José López Portillo, casi a la mitad de su gestión, se elaboró el Plan Global de Desarrollo 1980-1982  y fue Miguel de la Madrid quien se encargo de integrarlo. Este ocuparía después la presidencia de la República e instituyó formalmente las consultas para la Planeación Democrática, de las que derivó el Plan Nacional de Desarrollo (PND) y el Plan Chiapas; se dijo en aquel entonces que éste era un planteamiento pionero, pero lo que resultó fue el inició de la institucionalización del modelo económico neoliberal que profundizó las desigualdades económicas y sociales. Con Vicente Fox se repite la historia, esta vez con mayor dispendio de recursos en propaganda y en buzones para que los ciudadanos expresaran su opinión, así como en esfuerzos de funcionarios públicos para llevar a cabo talleres, foros, reuniones, sin mayor beneficio.

El PPP no es un ejercicio de planeación que pretenda acabar con los problemas estructurales del Sur de México y de la región centroamericana. Es ante todo una iniciativa política revestida de plan económico que busca, por una parte, compensar la no incorporación del principio de nación más favorecida, planteado por el GATT-OMC, en la firma de los acuerdos comerciales con los países centroamericanos, y de manera particular con las naciones que conforman el llamado Triangulo del Norte; y por otra, encaminar a la macro-región por el sendero de la globalización, de fortalecer el eslabón más débil del ALCA, aprovechando las ventajas de su situación geográfica y de sus recursos naturales, especialmente los energéticos, y colocar el capital transnacional en proyectos rentables como la construcción de vías de comunicación, perforación de pozos petroleros y generación de energía eléctrica.

¿Cómo pasar de región más atrasada y marginada a polo de desarrollo “clase mundial” en América Latina? ¿Cómo poner de pie lo que está de cabeza? Los sueños y fantasías del PPP son verdaderamente sorprendentes. La situación estructural que padece la macro-región se deriva de por lo menos 100 años de abigarrado complejo de problemas relacionadas con las políticas públicas que no pudieron o no quisieron compensar los efectos del capitalismo disforme que privó en México durante el siglo pasado; de la actuación de los grupos de poder y de los gobiernos locales que se conformaron con aplicar programas diseñados desde el centro del país, los proyectos de las grandes hidroeléctricas construidas en Chiapas y los complejos petroleros en varios estados de la región constituyen ejemplos claros de esta política deliberada de extracción de rentas sin pago.

La lectura del documento base  del Puebla-Panamá nos lleva a descubrir, entre líneas, la concepción global del PPP pero también, al mismo tiempo, nos conduce a la reflexión sobre si en verdad el PPP constituye un ejercicio de planeación que llevé en el mediano y largo plazos a un cambio sustancial en las condiciones de la macro-región. En lo que respecta a lo primero, el gobierno federal reconoce la importancia estratégica que tiene el istmo centroamericano para México y, junto con ello, plantea la necesidad de una reinserción de la macro-región en el mundo globalizado. Digamos que esta es la concepción central de cómo enfrentar el problema del desarrollo en la periferia de México, que se resume en: “...políticas de estado que promuevan, incentiven y faciliten las inversiones productivas privadas”.

Lo que eufemísticamente llama el gobierno federal sesgos, no es más que la expresión del desarrollo desigual del capitalismo en el país y de una política deliberada en el manejo de los destinos de esta porción del territorio como la “despensa” de materias primas, alimentos y energéticos; también es la expresión de la poca presencia de los grupos de poder en las decisiones del gobierno federal, de una burguesía atrasada que no está acostumbrada a arriesgar su capital, y de organizaciones gremiales y campesinas acostumbradas a que el gobierno debe resolver todos sus problemas a cambio de votos.

Es cierto que se han registrado cambios significativos en los procesos electorales, pero esto no ha llevado al ejercicio del poder no autoritario y tampoco ha conducido a una nueva concepción del desarrollo del país. Aquí se confunde la forma con el fondo. Ya no gobierna el PRI, pero el modelo económico que forjó el gobierno priísta desde Miguel de La Madrid, profundizó Carlos Salinas e institucionalizó Ernesto Zedillo, es el mismo que el presidente Fox está impulsando, con sus propias modalidades, ahora con el beneplácito de los llamados mega intelectuales orgánicos y del presidente estadounidense George W. Bush.

III. TRES REALIDADES DEL PPP

1.

El PPP  tiene un perfil neoliberal. Esto no debe de extrañarnos pues el modelo económico mexicano ha venido operando bajo esta lógica a lo largo de las últimas dos décadas. Lo que si debemos  subrayar es el papel protagónico que se le concede a la inversión extranjera y la poca importancia que se les confiere a los actores económicos nacional, regional y local. Esta característica le imprime al PPP un sello especial y hace que, de entrada, los sectores antisistémicos rechacen la iniciativa. En parte, el problema consiste en la falta de compromiso del capital nacional y regional para asumir un proyecto propio. Las timoratas burguesías del sur de México no están en condiciones de invertir sus disminuidos capitales en un proyecto poco claro, que no saben con precisión el monto de los dividendos.

2.

El PPP es una iniciativa que enfrenta una contradicción fundamental: los recursos para financiar la infraestructura tienen que ser aportados por los gobiernos de cada uno de los países involucrados, situación difícil en el contexto de la crisis fiscal y de las restricciones del gasto público impuestas por el Fondo Monetario Internacional.

3.

Los ejes sobre los cuales se montará el PPP son: agricultura de plantaciones, recursos forestales, piscícolas y el turismo; también en la explotación de hidrocarburos y las ventajas de localización que ofrece el istmo de México para el transporte interoceánico.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo, hacer realidad las ocho iniciativas acordadas en la reunión de San Salvador (mayo de 2001) implica que los países involucrados logren una inversión aproximada de nueve mil millones de dólares. Una parte de este financiamiento sería otorgado por el propio BID y tendría un mayor cargo en México por ser el país más grande y promotor del PPP.

Por ahora, la prioridad en el PPP, tanto en el sur de México como en el istmo  centroamericano, es la creación de infraestructura carretera: para México se destinará, en el año 2002, la suma de 6 mil millones de pesos (600 millones de dólares aproximadamente); para Centroamérica, el Banco Centroamericano de Integración Económica anunció, a mitad de diciembre de 2001, la aprobación de financiamiento para proyectos viales dentro del PPP por un monto de 63.4 millones de dólares: 22.8 millones de Honduras, de los cuales 20 millones provienen de recursos otorgados por México en condiciones preferenciales a través del Banco Centroamericano de Integración Económica. El mismo organismo anunció otro financiamiento por 135 millones de dólares, destinados al Programa Nacional de Carreteras de El Salvador, y se está considerando otorgar un financiamiento a Nicaragua por 14 millones de dólares para la rehabilitación de 56 kilómetros de carretera, dentro del Corredor Pacífico Puebla-Panamá. La fuente de recursos para este financiamiento es el gobierno de México, que de aprobarse otorgará en condiciones preferenciales a Nicaragua a través del Banco Centroamericano de Integración Económica [9] .

Las inversiones en rubros productivos, como parte del PPP, están todavía en duda y no hay indicios de su pronto desarrollo. Así, lejos de los señalamientos de aquellos que pronostican el arribo masivo de las maquiladoras, el sur de México, en particular el estado de Chiapas, no podrá pasar, en el corto plazo, de “República bananera a República maquiladora”. Y es que “las inversiones internacionales no dependen únicamente de los criterios de rentabilidad; agregan, además, un juicio sobre el régimen fiscal del país donde deciden instalarse, sobre la calidad de sus servicios públicos, sobre el nivel de su sistema educativo, sobre el funcionamiento de su Estado providente, sobre la seguridad de las personas, sobre el atractivo de su estilo de vida y hasta sobre el clima [10] .

IV. EL DIFICIL CAMINO DE LAS ALTERNATIVAS

1. Hasta ahora la llamada sociedad civil no parece tener claridad sobre las alternativas que se pueden ofrecer frente al PPP. Los resolutivos de los foros realizados para discutir el Puebla-Panamá convergen hacia un punto: rechazo total al PPP. El nuevo demonio para las organizaciones de la sociedad civil es el Puebla-Panamá, al que hay que combatir para evitar que las almas de los condenados de la tierra se vayan al infierno.

2. No es cosa fácil construir alternativas frente a un proceso sistémico, del que el PPP forma parte. Sin embargo, es tiempo de plantear ideas para avanzar en propuestas alternativas. Existen dos prerrequisitos para la formulación de ideas que conduzcan a plantear alternativas al Puebla-Panamá: el primero tiene que ver con un diagnóstico crítico y radical sobre la situación de la macro-región, destacando sus debilidades y potencialidades, sus contradicciones y tensiones, sus problemas estructurales y coyunturales. Entender la realidad en sus múltiples dimensiones, desde sus raíces, reconociendo que la sociedad y la economía se encuentran en crisis. El segundo se refiere a la comprensión de los alcances y las limitaciones del PPP en el contexto de la crisis que viven las economías centroamericanas y de la crisis fiscal por la que atraviesa México.

3. El reconocimiento de la complejidad de los problemas que enfrentan la economía y la sociedad de la macro-región debe llevar a definir un estilo de desarrollo que ofrezca soluciones de fondo a los problemas de pobreza, marginación, exclusión social, de falta de empleo, de destrucción de los recursos productivos, en general, a mejorar sustancialmente los niveles de bienestar. Esto obliga a pensar no sólo en cómo lograr la autosuficiencia alimentaria o alcanzar mejores precios en los mercados de los productos globalizados como el café; por el contrario, debemos pensar en un proyecto que permita la articulación de las distintas esferas de la actividad económica en una perspectiva social y política.

4. ¿Qué hacer frente al proceso de migración de las familias de los estados del sur de México que buscan afanosamente el sueño americano? En el diagnóstico del PPP se alude a las debilidades de la macro-región pero en ningún momento se hace referencia de manera articulada a los problemas estructurales en los ámbitos de la economía, la sociedad y la política. Se mencionan las desigualdades entre pobres y ricos; los bajos índices de escolaridad; y la falta de infraestructura ferroviaria y de carreteras, pero no se cuestiona el origen de los problemas. En cambió, se ofrece la vía del desarrollo neoliberal sustentado en los tratados de libre comercio; en el aprovechamiento de la mano de obra barata y en la captación de inversión extrajera directa.

El abigarrado complejo de problemas presente en la macro-región hace inviable la vía neoliberal sustentada en inversiones para promover las exportaciones. La aplicación del modelo económico neoliberal en el sur de México, tiene muchas semejanzas con el fútbol de primera división en Chiapas. Se realiza, en buena medida,  a semejanza de la inversión extranjera en la economía, pero resulta que en Chiapas no existe una cultura futbolera; es más, se le resta importancia el fútbol llanero en lugar de apoyarlo para que llegue a las grandes ligas, por lo que el costo económico y social resulta bastante oneroso. En el terreno de la economía ocurre algo parecido: se deja de apoyar a la producción de los medianos y pequeños agricultores y ejidatarios, de los pequeños empresarios y comerciantes, pero se alienta la instalación de grandes centros comerciales de conocida cadena  transnacional,  también se apoya a los proyectos que pueden ser competitivos en el mercado global como la producción de plantaciones en gran escala y proyectos de ecoturismo “clase mundial”, como el del Cañón del Sumidero que costará millones de dólares.

Por otra parte, en la macro-región no existe correspondencia entre los proyectos económicos de corte neoliberal  y la calificación de la mano de obra. La instalación de maquiladoras no será fácil y no podrá hacerse en el corto plazo, se carece de infraestructura pero también de una cultura fabril, de obreros que provengan de familias obreras. Esto explica, en parte, por ejemplo, el fracaso de la “etnomaquiladora” instalada en San Cristóbal de Las Casas, que en un año y medio no ha podido reclutar los 1,500 trabajadores que requiere su operación.

A partir de estas consideraciones deberá discutirse de manera abierta y crítica la diversidad de realidades, las fronteras interiores, que existen en el sur de México y Centroamérica. Deberá discutirse la reconversión de la economía campesina y minifundista, que hoy se debate entre vida y la muerte, hacia formas de organización que permitan su potenciación y su inserción en el mercado regional, nacional y global, sin descuidar la autosuficiencia alimentaria. Deberá plantearse con realismo, y con horizontes de tiempo razonables, la articulación de la producción primaria con procesos de transformación industrial y agroindustrial, así como se servicios que posibiliten el aprovechamiento integral de los recursos productivos que tienen los sectores económicos más vulnerables a la apertura comercial. Deberá plantease la necesidad de políticas públicas comprometidas con un desarrollo desde abajo, que ataque las causas estructurales del subdesarrollo. Asimismo, deberá discutirse la estructura productiva que priva en el campo sustentada en tres actividades: maíz, café y ganadería bovina, cuya ocupación del espacio ha resultado en altos costos económicos y sociales.



[1] Ponencia presentada en el IV Seminario Internacional de análisis sobre la frontera sur: “El plan Puebla-Panamá ¿Integración para el desarrollo o proyecto geoestratégico de los Estados Unidos? San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 25,26 y 27 de septiembre de 2002.

[2] Dávida, Kassel, Georgina y Levy, Santiago, 2000, El sur también existe: un ensayo sobre el desarrollo regional mexicano, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Subsecretaría de Ingresos, mimeo, México.

[3] Expresión utilizada por Andrés Barreda en su ensayo “Los peligros del Plan Puebla-Panamá, en Bartra, Armando, (coordinador), Mesoamérica. Los ríos profundo, Instituto Maya- El Atajo ediciones-RMALC, México, pag. 161.

[4] INEGI, 2002, Sistema de Cuentas Nacionales de México, Producto Interno Bruto por entidad federativa, Aguascalientes, México.

[5] INEGI, 2001, XII Censo General de Población y Vivienda 2000, Estados Unidos Mexicanos, Aguascalientes, México.

[6] Villafuerte, Daniel, 2001, Integraciones comerciales en la frontera sur, PROIMMSE-UNAM, México.

[7] Ibid.

[8] Gaudemar, 1979, citado por Balbuena, 2001.

[9] BID, noticias, 14 de diciembre de 2001.

[10] Minc, Alain, 2001, WWW. Capitalismo. Net., editorial Paidós, México