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DATOS DE OBISPO DE DIOCESIS DE SAN CRISTOBAL FELIPE ARISMENDI ESQUIVEL
curiasc@laneta.apc.org
Fax en México: 01 967 678 3136

DATOS DEL CENTRO INDIGENA DE CAPACITACION INTEGRAN (CIDECI)
cideci@prodigy.net.mx
Fax en México: 01 967 678 60 01

 

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
MONS. FELIPE ARIZMENDI ESQUIVEL
Obispo de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas
Presente.

Distinguido Sr. Obispo:

Las personas y organizaciones civiles abajo firmantes, nos dirigimos a usted para manifestarle nuestra preocupación por el riesgo de que el proyecto del Centro Indígena de Capacitación Integral “Fray Bartolomé de Las Casas“ A.C. (CIDECI - LAS CASAS) desaparezca, acto que de llevarse a cabo, sin duda se sumará a la interminable cadena de injusticias cometidas contra los pueblos indígenas, a quienes esta institución se ha dedicado.

Estamos enteradas de la suscripción de convenios de “buena fe” de parte del CIDECI con los propietarios del terreno. Pero lo que nos sorprende sobremanera, es que se pase por alto que ha sido el CIDECI, con el apoyo de múltiples organismos solidarios nacionales e internacionales, quien construyó y mantuvo la infraestructura necesaria para poder brindar a los jóvenes indígenas o de sectores marginados la posibilidad de una formación técnica y humanística para enfrentar con dignidad su futuro y el de sus pueblos. Ahora los propietarios del terreno solicitan a los responsables del CIDECI que lo desalojen, y entreguen lo edificado, sin ninguna prestación recíproca a la “buena fe” que permita que el proyecto siga adelante con su misión y propósitos que, por cierto, son profundamente evangélicos.

Nos causa desazón la posibilidad de que esta demanda de los propietarios del terreno, en el fondo lo que busque sea propiciar la desaparición de un proyecto que ha proporcionado posibilidades de una vida más justa para los pueblos indígenas, opción concreta que les ha merecido a los miembros del CIDECI el ser perseguidos, amenazados, hostigados por actores  visibles y oscuros del Estado que no están de acuerdo en reconocer la dignidad y derechos de los pueblos indígenas.

Se trata de un desalojo, sin contrapartidas que habiliten al CIDECI para mirar por la continuidad de las tareas que en él se desarrollan y del espíritu que lo anima. Obviamente este desalojo no se resuelve con la donación de otro terreno; a la construcción y al enorme esfuerzo que significó erigir este innovador Centro les corresponde un valor mucho mayor.

Nos provoca, además, una gran tristeza el saber que esta iniciativa ha sido avalada por usted. Tal hecho nos llevó a recordar sus palabras al hacerse cargo de esta Diócesis. Usted nos ofreció la generosa promesa de poner sus mejores esfuerzos en favor del mejoramiento y continuidad de las tareas diocesanas. "No he venido a destruir nada", dijo usted.

Por ello, y para sopesar lo que no debe perderse, conviene traer a la memoria que, en 12 años, este Centro Indígena que se pretende desmantelar para convertir sus espacios en colegio formal, capacitó a 4,635 mujeres y 9,081 hombres. 13,716 hermanos y hermanas indígenas capacitadas en 12 años. En promedio, 1,143 hermanas y hermanos capacitados por año. 

Hoy, gracias a este digno Centro Indígena, y gracias a la capacitación de estos 13,716 hermanos y hermanas indígenas, se han generado 774 proyectos comunitarios en el estado de Chiapas: 262 proyectos agropecuarios, 367 proyectos de actividades productivas extra-parcelarias, 145 proyectos de infraestructura (proyectos de agua, sistemas de riego, salones de usos múltiples, aulas, etc.), así como consta en el currículo general e informes públicos del CIDECI. 

Sin embargo, hay algo aún más importante que lo arriba mencionado. En la actualidad, este Centro Indígena sigue funcionando y capacitando a cientos de hermanas y hermanos indígenas. Como en el presente, también en el pasado, estos hombres, mujeres y jóvenes construyeron algo más que los edificios del CIDECI, construyeron caminos hacia la justicia y la paz. A lo largo de estos años de vida, éste Centro Indígena ha sido algo más que un centro de capacitación, ha sido un empeño de justicia y de paz. No la paz como tiempo vacío de guerra y repleto de miseria, sino la verdadera paz, la que se construye con justicia y sin exclusiones, con amor hacia los más débiles y necesitados, con respeto, fraternidad y genuina solidaridad.

Este Centro Indígena contribuyó con una parte fundamental en los diálogos de San Andrés. Bajo el sigilo que la humildad cobija, este Centro Indígena fue responsable logístico para que dos actores en conflicto pudieran sentarse en una mesa en condiciones apropiadas y seguras. Gracias a este Centro Indígena, una instancia de mediación y una instancia de coadyuvancia tuvieron las condiciones necesarias para desarrollar su importante labor en los diálogos de San Andrés. Gracias a la silenciosa y eficaz coordinación de este Centro Indígena, miles de personas indígenas y no indígenas colocaron cinturones de paz permanentes en los días y en las frías noches durante el proceso de diálogo. Fue este Centro Indígena, el responsable de alimentar a miles y miles de hermanas y hermanos indígenas durante los diálogos de San Andrés.

Nosotros seguimos de cerca el trabajo y generosidad del CIDECI; y con las muchas personas y organizaciones que en México y en otros países lo han conocido, valorado y apoyado, no podemos admitir este proyectado desalojo como un acto legítimo, sino, más bien, estamos obligados a denunciarlo como un acto injusto, motivado por un interés particular que, una vez más, como tantas y tantas otras veces, golpeará a los más pobres quitándoles lo que trabajosamente han construido: una esperanza de sano bienestar, un espíritu de respeto, un camino de paz y trabajo.

¿Cómo será comprendida esta acción? ¿Qué pensarán las cientos de comunidades indígenas donde viven miles de hermanas y hermanos que por el CIDECI pasaron y se formaron? ¿Qué pensarán los hermanos y hermanas indígenas que actualmente ahí se forman con la esperanza de transitar por sendas de más vida?.

Sr. Obispo, lo que este Centro Indígena es y lo que simboliza, no es exclusividad de nadie, no nos pertenece a nosotros, tampoco le pertenece a la diócesis que usted preside, de hecho, tampoco ha sido exclusividad del mismo CIDECI; este Centro Indígena nos pertenece a todos, a usted, a la Diócesis, a la sociedad civil indígena y no indígena, en fin, a todos los que trabajamos por la justicia, a todos los que construyen caminos para la paz.

Señor Obispo, en lo específico, este reclamo no lo sustentamos en un papel signado; se abraza a un precepto que usted ha exigido y sigue exigiendo:  justicia.

El proyectado desalojo del CIDECI, representa un agravio ético y moral. Representa una flagrante injusticia.

Es justicia lo que pedimos. Así de simple, así de complejo. Es con carácter estrictamente respetuoso que le solicitamos tenga a bien intervenir para impedir que esta inaceptable injusticia se realice, y más aún, que llegue a consumarse.

Atentamente.