El mercado mundial y la resistencia campesina
Lo primero que tenemos que constatar es que nuestros países han sido productores netos de una riqueza funcional al desarrollo del mercado mundial y a los países que han usufructuado su existencia y su funcionamiento. Nuestro aporte al crecimiento de la riqueza mundial es innegable: el oro de sus altares y de sus monedas , los metales de su producción industrial , la sobremesa de sus hogares (café, ron, azúcar, banano, tabaco), la mano de obra de sus empresas.
A pesar de eso, la ciencia y la expresión universitaria de la ideología liberal siguen acusándonos de no haber aprendido suficientemente la lección del desarrollo: mas ahorro, crecimiento, más sacrificio.
La fuga de nuestros excedentes
Nicaragua, Centroamérica y el resto de países subordinados al mercado mundial han padecido una fuga permanente de sus excedentes por diferentes mecanismos. La conquista y el saqueo colonial directo de nuestros recursos, la encomienda y la esclavitud , el trabajo asalariado y el intercambio desigual.
La producción y exportación de materias primas, minerales y agrícolas, ha sido la tarea de estas economías. Producción de valores a cambio de una sobrevivencia cada vez mas precaria. Año con año nuestros excedentes se fugan hacia el exterior, agotando las posibilidades de construir una economía de bienestar para nuestros pueblos.
El agotamiento de nuestros recursos y el colapso de la economía agroexportadora
El saqueo, la sobreexplotación y los castigos periódicos por querer cambiar las cosas, agotan progresivamente nuestros recursos minerales, el suelo, la biodiversidad, la energía y el animo para resistir.
Periódicamente los precios de nuestros productos de exportación caen por debajo de sus costos de producción, quebrando a la clase empresarial local y desempleada a las familias que sobrevivían de una salario. El déficit comercial se acompaña de endeudamiento y mayor fuga de excedentes, a través de una espiral de empobrecimiento e inviabilidad en donde el crecimiento y el crédito aparecen como funciones perversas para nuestras sociedades: mientras mas producimos más perdemos , mientras más accedemos al crédito más nos embargamos, mientras más trabajamos mas nos acercamos al colapso de nuestra naturaleza y del único modelo económico que hemos conocido.
La crisis permanente de rentabilidad agota periódicamente los productos de exportación, ayer fue el añil, hoy el algodón, mañana el café. Por el momento agotamos uno de los últimos productos de exportación: las cabezas negras de piel morena, y apenas sobrevivimos casi de sus generosas remesa familiares.
El campesinado administra la producción y genera la plusvalía en el campo
Ante la quiebra de los empresarios y el galopante desempleo urbano, el campesinado se hace cargo de la producción agroexportadora. De la misma manera que en la ciudad los llamados trabajadores informales se hacen cargo de las actividades productivas y comerciales. La mayor parte de la producción de alimentos, la producción comercial y los servicios son producidos hoy en día por este proletariado por cuenta propia.
Secularmente, el campesinado se ha dedicado a producir alimentos para si y para la ciudad. Hoy en día, la presión del mercado que lo rinde por liquidez, conmina al campesinado a dejar de producir alimentos y dedicarse de tiempo completo a producir productos comerciales requeridos por la metrópolis, es decir, a relevar al empresario en la tarea de seguir produciendo y exportando materias primas; y no podría ser de otra manera, la crisis de rentabilidad de la producción agroexportadora urge seguir bajando los costos de producción y para ellos hay que lograr lo imposible: encontrar empresarios sin ganancia, obreros sin salario, trabajadores sin horario y una prole solidaria que pueda incorporarse gratuitamente a las labores del campo; como todos sabemos, el único personaje que puede cumplir semejante hazaña es el campesinado.
El mercado y el capital no necesitan relaciones capitalistas para explotar a los trabajadores
Hoy en día, el mercado y el capital no necesitan mas relaciones capitalistas para seguir explotando a los trabajadores, y ambos le disputan al capitalismo la orientación de las condiciones para seguir produciendo y circulando las mercancías. Por un lado, tenemos al capitalismo ocupado en su productivismo incesante, expropiado y centralizando medios de producción; por otro lado, tenemos al mercado preocupado por la crisis y orientando nuevas formas de extraer excedentes y forzar el consumo.
La mayor parte de la fuerza laboral en nuestros países está conformado por trabajadores por cuenta propia. Asistimos a una paradójica proletarización de la burguesía nacional y a una desproletarización de la clase obrera asalariada. Las relaciones obrero-patronales van siendo parte de la historia de las relaciones de producción inventadas por el mercado en su larga carrera de mercantilizar lo que encuentre entre cielo y tierra.
Lo único que necesitan es la monopolización del dinero y la imposibilidad de que los campesinos se dediquen a producir alimentos. Hoy la acumulación originaria no está signada por la expropiación de los medios de producción, sino todo lo contrario, de lo que se trata es de obligar a los trabajadores a producir materias primas y prohibirles que produzcan para comer, facilitándoles su reconciliación con los medios de producción.
El regreso del capital comercial y usuario
A la metrópolis le basta el capital comercial y usuario para extraer excedentes de sus colonias, siempre y cuando se logre que el campesinado y resto de trabajadores por cuenta propia dejen de producir alimentos y se dediquen a tiempo completo a producir materias primas para el mercado externo. Siendo así, todo el resto está permitido: lenguaje progresista en todos los foros, acceso a los medios de producción y a todas las formas de capital, participación ciudadana, democratización del crédito, descentralización del Estado , mayor integración de los géneros en la producción comercial.
En una economía monetarizada e insolvente, el monopolio del dinero y el crédito constituyen las condiciones generales da la producción , y el capital por excelencia.
El campesinado empobrecido por un modelo de crecimiento en espiral expansiva, eficiente y febril en vomitar excedentes hacia afuera de su parcela y de su nación, ha sido obligado a depender del crédito para sobrevivir , logrando así que produzca lo que el mercado necesita y lo que el nuevo mercado de explotación oriente.
El campesinado de nuestros países se ha descapitalizado a tal nivel que no retiene excedentes ni para alimentar a su prole y tiene que explotarla a los países vecinos. Y el modelo de explotación que bien podríamos denominar de mercado inteligente, es decir, autoprogramado, es tan listo que logra que los organismos mas solidarios con el campesinado, los ONG convertidos en agencias microfinancieras del capital multinacional , le asistan con el crédito y que el campesinado, ante la falta de rentabilidad de su producción, pague los intereses con parte de las remesas familiares.
Hoy por hoy, nuestros países no solamente entregan parte de sus remesas familiares para pagar intereses , sino que gastan gran parte de estos extraordinarios ingresos en importar alimentos, incluso alimentos originarios como el maíz.
En estas condiciones, vale la pena que pongamos en agenda la producción de alimentos, hoy desestimulados por la actual orientación de la economía y sobre todo por la política económica imperante.
Diversificar la producción agrícola y ganadera, combinando la producción de autoconsumo y la producción comercial es todavía posible. Dedicarnos a producir lo que el mercado interno necesita es una necesidad imperante, no solamente para viabilidad nuestras economías, sino para frenar la hemorragia de recursos naturales y humanos en que se debaten, empobrecidos y hambrientos , los campesinos del continente.
¿Qué delito tiene que la mesa de nuestras familias este llena de leche, carne, huevos, fruta, verdura y granos, como lo están las mesas de las familias metropolitanas? ¿Qué tiene que la producción campesina inunde de alimentos nuestras ciudades y ahorre tantas divisa a la nación? ¿Qué delito tiene que transformemos y comercialicemos la producción alimentaria, ahorrando y generando excedentes para los productos y divisas del país: las semillas en aceite, el cuero en artesanía, el estiércol en gas, la leche en productos derivados, los desechos en productos balanceados, las frutas en almibares?
El delito es diputarle al mercado la estrategia económica de nuestras sociedades y, efectivamente, tal desafío autonómico convierte a la producción alimentaria campesina en una actividad subversiva.
El campo de batalla comunitario
Esta lucha de resistencia por la sobrevivencia local no se diputa con los empresarios nacionales puesto ellos están fuera de competencia respecto a las empresas multinacionales, sino que se disputa frente a esta ultimas que cada día monopolizan la producción alimentaria en nuestros países. En ultima instancia se trata de la lucha entre la lógica del costo- beneficio y la lógica de las necesidades, entre el monocultivo del productor mercantil (grande o pequeño) y la producción campesina de doble propósito (autoconsumo y mercado), entre el capital multinacional y el trabajo nacional.
Esta vez los sujetos principales de la contienda son las propias familias campesinas quienes resisten enarbolando sus propias banderas: la conciencia de que el mejor negocio es la producción de alimentos, la organización para apropiarse de todos los recursos existentes en la comunidad ( el suelo, el agua, los recursos de los programas de gobierno), la movilización para orientar el apoyo de los ONG, las políticas económicas, las acciones municipales, la practica articuladora entre todos los organismos y asociaciones de la comunidad, el conocimiento técnico- productivo empresarial y ecológico, la revalorización de los sujetos marginados (campesinos, mujeres, indígenas)
Dirección CIPRES