EL MONSTRUO QUE VINO DEL MAR

Cómo se mira y se siente la globalización desde la costa:
El caso de la Cooperativa Mujeres despulpadoras de jaiba de Paraíso, Tabasco 

Laura Vidal[1]

A manera de introducción

Este espacio está dedicado a la admirable permanencia de la Cooperativa “Grupo de Mujeres Despulpadoras de Jaiba”, S. C. L[2]. Tiene como finalidad dar a conocer la historia de ésta organización de mujeres y la difícil situación social y económica de las comunidades rurales pesqueras. Nos interesa rescatar la experiencia como memoria y antecedente para las siguientes organizaciones de mujeres.

 La continuidad del grupo fue lograda a través de la adopción de estrategias principalmente a nivel personal y de forma colectiva.  Se establece, dentro del marco de la globalización impuesta, como un grupo de resistencia por el simple hecho de establecerse como una pequeña empresa a nivel local con miras a ser una alternativa económica para todas las mujeres despulpadoras de su comunidad: el ejido Guanosolo del municipio de Paraíso, Tabasco. Este se divide en varios segmentos: “Desde el Paraíso tabasqueño”, descripción breve de la ubicación de la comunidad de Guanosolo; “La pesquería de las jaibas”, en el se describe la actividad principal de la comunidad; “Una historia Organizativa de Mujeres de Paraíso”, se describe la historia del grupo: proyecto y conflictos, una breve discusión “¿Phillips a favor?” sobre las empresas tranasnacionales; y “El monstruo que vino del mar”, conclusiones y propuestas en el marco de la globalización.

Desde el Paraíso tabasqueño

Tabasco no es sinónimo de petróleo, pero para comprender el contexto tabasqueño es necesario “echar un vistazo”
al paso de su actividad por las comunidades rurales, esto nos ayuda a identificar las estrategias que estas poblaciones
han desarrollado, pero en especial por las que las organizaciones de productoras y productores han optado para no migrar y permanecer en sus comunidades.

Tabasco se sitúa en la región sureste de nuestro país, en la planicie costera del Golfo de México (Campos, 1991). Colinda con los estados de Veracruz al oeste, con Chiapas al sur y Campeche al este.

El territorio tabasqueño es reconocido por la fuerte actividad petrolera expresada en una importante extracción de crudo, la cual se realiza en 14 de sus 17  municipios.

Es imposible decir que la actividad petrolera es el único factor que ha provocado el deterioro y la contaminación del ambiente tabasqueño. Es bien sabido que también son influidos por el incremento de la migración, el crecimiento de la población y por ende la sobreexplotación (Velázquez, 1995), entre otros factores;  pero aún así, no hay  que restar a Petróleos Mexicanos (Pemex) la responsabilidad de realizar sus actividades sin justa medida y sin consideración a las poblaciones y al ambiente que habitan las zonas de yacimientos (Uribe, 1998).  Es incontable e impagable el impacto que Pemex ha realizado a la sociedad y al medio que la contiene, desde que llegó al Estado en los años cincuenta ha dejado marcas indelebles tanto en la tierra como en el pueblo tabasqueño.

Paraíso uno de los tres municipios costeros y pesqueros más importantes de Tabasco fue impactado social y ambientalmente con la llegada de ésta industria.  Los comercios elevaron los precios de los básicos por la gran afluencia de migrantes que laboraban para esta reduciendo el poder adquisitivo de los lugareños (Uribe, 1998; Campos, 1991), sin dejar de mencionar el impacto ambiental que provocó en la costa por diversos dragados y la contaminación. A pesar de todo y teniendo a favor la actividad petrolera el municipio de Paraíso es de gran importancia en medida que ingrese recursos económicos al Estado. El puerto de “Dos bocas” es donde los buque-tanques son cargados de petróleo y dispuestos al mar abierto.

Tabasco es mudo testigo del gran deterioro y contaminación de sus recursos naturales, así como de infinidad de manifestaciones en donde los habitantes exigen una indemnización por el daño causado en sus comunidades.

La resistencia de los humanos y de las especies que cohabitan en ellos es indiscutible, sólo que las segundas no pueden manifestarse como los primeros, a menos que extinguiéndose y cediendo en número a la contaminación y la sobre explotación, sean su formas.

Los recursos pesqueros son un claro ejemplo de cómo han habido cambios en las especies. Aún encontramos registros de la deteriorada lista, pero ciertamente las especies del mar han cedido en número (Magaña, 2001). El impacto es considerable, ya que los pescadores y las familias que viven de la pesca, son varios cientos. El impacto es mayor para aquel que explota los recursos, pues a pesar de que las fuentes de ingreso se han ido diversificando, porque la pesca es cada vez más difícil, en Paraíso hay muchas familias que sólo viven de la pesca.

Es importante mencionar que debido a la división sexual del trabajo, son principalmente los hombres los que se han dedicado a salir a las lagunas a realizar la pesca. Algunas mujeres del grupo de despulpadoras de jaiba han incursionado a esta para poder reducir los costos que tienen al comprar la jaiba que tienen que procesar, sólo que en este ámbito masculino ha sido difícil incursionar. Por tanto con relación a la pesquería la situación es peor para esta organización de mujeres que viven de procesar un solo recurso pesquero tal como lo es la jaiba. Si sus productos fueran diversos, probablemente tuvieran menos problema para conseguir materia prima.

El grupo de mujeres tabasqueñas despulpadoras de jaiba, del ejido Guanosolo, es uno de los contados casos de organizaciones de mujeres que enriquecen las experiencias organizativas del sector pesquero tabasqueño, experiencias que anteriormente eran sólo privilegiadas para los hombres.

La comunidad pesquera a la cual pertenecen se dedica principalmente a la explotación de jaiba[3].

Existen diversos factores que con relación a la pesquería de jaibas quiero describir, ya que esto nos ayudan a comprender la situación del grupo de mujeres. Su historia se desarrolla siempre con relación al producto que ellas trabajan,  la jaiba; por tanto es de merecer hablar sobre este recurso tan importante para las mujeres.

La pesquería de jaibas

Su pesquería ha sido impactada por diversos factores, uno de los principales es la sobre explotación, la cual han relacionado directamente al incremento de la población de pescadores. Esto afecta la rentabilidad de la pesquería de la jaiba, se incrementa la carga de trabajo al tener que recorrer grandes distancias incrementando los costos de combustible al recorrer lagunas cada vez más lejos de Guanosolo y al aumentar el número de nasas[4] (hasta 150 por lancha) para que como dicen los pescadores, “valga la pena el viaje”.

Regresando las lanchas de la captura, es cuando se realiza tradicionalmente el despulpado[5], el cual por herencia familiar las mujeres realizan desde niñas. Posteriormente los/as hijos/as llevan la pulpa a la cooperativa de pescadores para que sea vendida a intermediarios[6] o “coyotes” los cuales pagan el precio que quieren. Esto es lo que se deseaba eliminar con el proyecto de las despulpadoras de jaiba, ya que ellas buscarían mejores mercados para la comunidad.

Rentabilidad es una palabra poco conocida por las comunidades que se dedican a la pesquería de jaibas, sólo es rentable si los pescadores traen consigo cerca de 30 kilos, la cual venden en aproximadamente $7.00, y así puedan pagar la gasolina preparada que gastan y que a veces es más de 20 litros, y que les “quede algo” para sus familias. El bajo precio de la jaiba hace que (a diferencia del camarón) la pesca de sólo unos kilos, aumenten la deuda de los pescadores que piden a crédito de gasolina para pescar.

Otra desventaja de la jaiba es su precio con relación a otras especies comerciales. Por ejemplo, en Tabasco el precio de un kilo de jaiba cruda[7] es diez veces más bajo que el del camarón. Algunas personas explican esto porque las cooperativas nunca han cuidado la calidad de la pulpa de jaiba que comercializan, generalmente en el mercado esta no es aceptada por los huesecillos que trae consigo la pulpa de jaiba. A esto algunas mujeres de pescadores decían que “estaba tan bajo el precio y tan chica la jaiba que era muy difícil despulparla y se iban con todo y huesecillos”.

Otra de las desventajas de la explotación de la jaiba, así como de cualquier recurso natural en su generalidad, es su temporalidad[8]. La jaiba está disponible en las lagunas costeras todo el año, pero los mayores volúmenes se presentan de noviembre a febrero. Estos grandes volúmenes también favorecen los precios bajos ante las grandes cantidades del producto.

En general, al igual que otras personas (Pérez, 2001) creo que el sector pesquero requiere de alternativas que permitan la subsistencia, o por lo menos no resentir los “movimientos” de la economía nacional que  desde hace veinte años se reflejan en la economía local afectando el poder adquisitivo en las comunidades, para los pescadores lejos de poder obtener un ingreso permanente, es mayormente difícil. Diferencialmente, tanto hombres como mujeres luchan cotidianamente con situaciones reales tales como la falta de fuentes y de ingresos que estabilicen la entrada de insumos y permitan la existencia de la familia. La decadente economía de las comunidades jaiberas es de gran preocupación.

Una historia organizativa de mujeres de Paraíso

En una abierta búsqueda de alternativas, en 1995 se crea la cooperativa de mujeres despulpadoras[9] de jaiba. Actualmente son nueve mujeres, con domicilio conocido en el ejido Guanosolo. Las mujeres despulpadoras eligen organizarse (como: “Grupo de mujeres despulpadoras de jaiba”), y adquirir una figura jurídica (Sociedad Cooperativa Limitada, S.C.L.) para ser dignas de crédito; creen y crean un proyecto productivo como alternativa para poder “apoyar” al ingreso familiar, una pequeña empresa despulpadora de jaiba. En ella darían valor agregado a la pulpa seleccionándola en cinco diferentes tipos[10], logrando mejores precios en el mercado.

En un inicio el grupo de mujeres sabía de la existencia de una despulpadora de jaiba propiedad de un estadounidense, en la cual trabajaban mujeres despulpando jaiba en Chiltepec, un poblado a una hora de su ejido (el otro extremo del municipio). Sabían que cuando no era temporada de jaiba, varios grupos de mujeres viajaban para despulpar en otras empresas en Carolina del Norte, Estados Unidos. Coincide que cuando en México no es temporada de jaibas, allá sí, es por eso que año con año van mujeres contratadas a Carolina. Ante tal situación, ellas deciden crear su propia empresa y quedarse en sus comunidades, porque a pesar de estar interesadas en ir a Carolina, no querían separarse de sus familias.

Proyecto. En esta empresa, las mujeres se encargan de dar valor agregado por medio del despulpado seleccionado a tres de las especies comerciales de jaiba. Antes de esto, las jaibas pasan por un proceso de selección, limpieza, cocimiento al vapor, separación de las partes de jaiba, despulpado, selección de la pulpa, empaque y conservación. Ellas para obtener un kilo de pulpa, aproximadamente son seis kilos de jaiba[11]. En comunidad, cada mujer por kilo le invierte a ésta actividad en tiempo, cerca de una hora y media[12].

Conflictos. En un inicio el proyecto se desarrollaría sin ningún problema, no era más que echar a andar un proyecto productivo con mujeres, que además el ser ellas y no ellos sería una gran ventaja. Con el paso del tiempo y cuando se pensaba que las cosas mejor no podían ir, aparecieron los primeros obstáculos, desde la envidia de las demás mujeres de la misma comunidad, entre ellos la de las cooperativas de pescadores que siempre las vieron como competencia, hasta la inserción de los productos al mercado.

Existen muchas dificultades internas en los procesos económicos  de las comunidades, por ejemplo los problemas de liderazgo, de organización, la falta de experiencia de trabajar con proyectos productivos,  que dificultan ejecutar cabalmente todas las fases del ciclo de los proyectos; adicionalmente existen otras dificultades externas como la fuerte competencia de mercado por la empresa despulpadora transnacional, sobre lo cual no se  puede hacer mucho. 

La competencia con la empresa por el precio de compra de la jaiba en concha[13] fue uno de los principales retos. La despulpadora transnacional ofrecía precios mas altos respecto a los que la cooperativa podía pagar, esto hacía que los pescadores prefirieran la empresa. Si ellas pagaban más arriba, se incrementaría directamente el costo de la producción.  El precio de compra de la jaiba, era vital realizarla cerca de sus comunidades para reducir costos; a esto se agregan problemas personales que debilitaron el proyecto. No era posible comprar la jaiba en la comunidad.

Otro factor que influyó fue el ingresar la pulpa de jaiba con calidad de exportación al mercado tabasqueño, por tanto la exigencia de un pago justo no era proporcional. Por su precio, al mercado de productos pesqueros no acceden todas las personas, eso hace selectiva la lista de consumidores/as directos/as. Además de que era difícil romper los precios clásicos de la pulpa de jaiba de mala calidad.

Fue necesario mayor capital para sostener el ciclo de producción cuando los compradores no pagaban. Todo esto retardó el reembolso de la inversión. La mayoría de los compradores tardaban hasta un mes en pagar los pedidos.

A esto se aunaron los problemas de género[14] (CMF, 1997) en la cooperativa, las mujeres tenían que repartir el tiempo en sus casas y con en el proyecto, además de tratar que la comunidad reconociera y legitimara el trabajo de su pequeña empresa. Esto hacía cada vez mas complicada la permanencia de las mujeres en el proyecto. Según Castañeda y Soares, los obstáculos relacionados con el género y la condición social hace más difícil el desarrollo de la mujeres. De 35 mujeres que eran en 1995 a la fecha han permanecido sólo nueve, no todas pero si la mayoría se salieron por no recibir mas el apoyo de los esposos, principalmente.

Por todo lo anterior y al no tener capital suficiente para la comercialización, se optó por detener la producción entre 1998-1999. Era casi imposible ante tanto desgaste físico y económico, y ante la falta de seguimiento del grupo. En este momento lo que existía era desesperanza, fastidio, cansancio, tedio, de parte de todas/os. Se siguieron realizando reuniones de evaluación, inclusive se optó cambiar de giro productivo.

En este momento pensamos en lo difícil que era seguir desde las comunidades rurales a una economía regida por el mercado, tal pareciera como dicen Catañeda y Soares, (2000) que el mercado es el único camino para el desarrollo económico de las comunidades, esto difícil de digerir y después hacerlas llegar a las comunidades. El objetivo de promocionar el desarrollo local para hacer una misma fuerza de resistencia en contra de los grandes mercados, las transnacionales que aparecen de la nada, y fortalecer el trabajo con los grupos y darles seguimiento para estos no desaparezcan, es difícil visto desde la insensible mirada del mercado.

Y hablando de transnacionales, ¿Phillips a favor? A principios de éste año, un representante mexicano de una empresa bajo el nombre de Phillips, nuevamente de capital estadounidense, invita a la cooperativa de mujeres a que trabajen para ellos como despulpadoras de jaiba, es decir, prácticamente como maquila. Ellos se comprometieron traerles la jaiba y comprar su trabajo. ¿Qué hicieron las mujeres? aceptar el contrato al día siguiente. Ya habían pasado casi año y medio de no trabajar en el despulpado, y ésta empresa se ofrecía como la única alternativa viable, y sin tener la complicación de ir a buscar la jaiba en concha. Esta pagaría el precio por kilo de pulpa de jaiba solicitado en $90.00, precio cercano al que ellas habían vendido, de éste se descontarían los costos de producción, incluido el precio de la jaiba que ellos traerían. Obviamente todo esto bajo las condiciones “calidad, eficiencia y producción” que exige la calidad de exportación de la empresa.

La pequeña empresa procesadora, donde se desarrollaba el ciclo completo de producción, se convirtió en maquiladora para una empresa transnacional con el 100% de  mano de obra femenina para un país del norte. Las mujeres piensan que ésta empresa “cayó del cielo”, sólo cabe mencionar que si para esta empresa no fuera negocio, no trajera las jaibas que las mujeres despulpan desde Campeche a ocho horas de su comunidad y no pagaría el precio que ofreció pagar por kilo, $90.00. Siempre las empresas ven su propio beneficio. A la larga, lo que les queda a las mujeres en pocos años, una laguna aniquilada, sin nada de vida que las contenga, y sin resolver los problemas en la comunidad.

El monstruo que vino del mar

Ya son varias las transnacionales dedicadas a explotar la mano de obra femenina de las comunidades pesqueras, en Tabasco existe “Boca de México” desde 1986, y ahora “Phillips”, en Campeche Invercrab y Bahamitas, y otras mas en Mérida y Veracruz. Son estadounidenses en su mayoría, vienen como mounstruos que tragan los recursos pesqueros del Golfo mexicano.

Paradójicamente esto se desarrolla con la historia de la migración de las transnacionales al sur. Si esto ya existía, esto significa que el proceso se intensificará con el Plan Puebla Panamá, y con ello los impactos sociales y ambientales.

Debemos unir nuestras estrategias para poder evitar lo “inevitable” (Arroyo y Villamar, 2000). Hay que trabajar con lo que sabemos, trabajando los efectos podemos tratar de detener al monstruo, y no sentir ni percibir su cercanía.

Es muy cierto lo que las mujeres dicen “¿y que le vamos a hacer? nadie nos quería comprar al precio, sólo hasta que vino ese señor (representante de transnacional), pudimos seguir con el negocio”. ¿Es esto efecto de la globalización? ¿así es como se siente?. El trabajo con las comunidades rurales tiene que intensificarse, ellas son las más afectadas por la débil economía de nuestro país, ¡hay que proteger los bordos en las comunidades de la costa!.

El efecto globalizador es casi imparable dicen algunos/as creyentes en el desarrollo económico, y recordando los comentarios de las mujeres “¿Qué oportunidades tenemos?”; sólo le apuesto a la resistencia porque creo en el desarrollo desde las comunidades, la cual se nutre del trabajo con la gente y para la gente. Hay que revalorizar nuestra mano de obra. La economía de nuestro país está basada en ella y en nuestros recursos naturales, ¿Cuando vamos a protegerlos realmente? Desde la entrada del TLC existen acuerdos de aplicar la legislación ambiental efectiva y mantener un alto nivel de protección (OCDE, 1998) ¿y que se ha hecho? Hay que lograr mayor sensibilización a todos los niveles.

En el mismo sentido, los recursos pesqueros mexicanos pertenecen a los pueblos. Hay que detener el capital extranjero que llega a nuestro país explotando al pueblo y sus recursos. Hay que tener la visión de un futuro no lejano que mire hacia alternativas de conservación y aprovechamiento desde las comunidades.

La globalización aparece, como el destino casi inevitable, como un monstruo que traga a todos los pueblos a todas las comunidades. Hay que matarlo antes de que avance, sólo la unión de las organizaciones en un frente común de resistencia podrá hacerlo, ya que si no hay respeto de la integridad de los pueblos, tampoco tendremos respeto.

¡Matemos al monstruo que vino del mar!

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Referencias

Arroyo, P.A. y C. A. Villamar. (2001). Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN):México 7 años después. REMALC. México, D.F.29 p.

Campos C. B. L. (1991) Pescadores migrantes en Paraíso, Tabasco. (estudio etnográfico). Universidad Autónoma de Yucatán. (Tesis de licenciatura).115 p.

Castañeda, I. y D. Soares.(2000). Equidad de género en Atasta: escenario en la construcción de la sustentabilidad. Conmujer. México D.F. 18 p.

C.M.F. Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia (1997). Glosario de términos sobre género. Unidad  Regional de Asistencia Técnica.. Guatemala. 36 p. 

Magaña, R. (2001). “Zonas costeras con problemas”. Tabasco al día. 22 de mayo de 2001. Villahermosa, Tabasco.

OCDE. Organización para la cooperación y el desarrollo económicos. (1998). Análisis del desempeño ambiental: México. Francia: 191-192.

Pérez, M. (2001). “Reclama sector pesquero apoyo similar al del campo”. La Jornada. 29 de mayo de 2001. México, D.F.

Uribe, R. (1998). “Por una alternativa democrática al conflicto ambiental petrolero: el caso Tabasco” El Cotidiano: revista de la realidad mexicana actual. México, D. F. No 91: 65-76

Velázquez, M. (1995). Mujer y medio ambiente en América Latina y el Caribe: propuestas para la investigación. UNAM/PUEG. México, D.F. 15 p.



[1] Asociación Ecológica Santo Tomás, A. C.

[2] A Lupe, Lilí, Irma, Carmita, Anaventura, Ana Julia, María, Canda, Quilina. Todas ellas únicas y esenciales, logrando que desde 1995 a la fecha hayan permanecido, casi mudas pero latentes.

[3] Una de tantas especies comerciales de crustáceos (especies marina que presentan exoesqueleto o caparazón, como por ejemplo el camarón, las jaibas, los cangrejos)

[4] Arte de pesca que se usa sólo para la atrapar jaibas. Aros de 1 metro con malla de hilo de naylon, que cuando la tiran al agua pende de tres hilos y un flotador.

[5] Se refiere a retirar la carne (o pulpa) del cuerpo de la jaiba.

[6] Son compradores de paso que ofrecen el precio que mas les conviene porque los habitantes de éstas comunidades no “salen” a vender sus productos.

[7] El kilo de jaiba en temporada llega a tener un costo de $7.00.

[8] La temporada de la pesquería de las jaibas es de septiembre a más tardar enero, y algunos otros meses del año.

[9] Se llaman despulpadoras, a las mujeres que “despulpan”, o es decir sacan (o retiran) la carne de la jaiba con el uso de las manos o cuchillos de acero.

[10] Cada uno de los cinco tipos de pulpa es retirado de diferentes partes del cuerpo de la jaiba, como son: finger (las “pinzas” de la jaiba), brazo (segmento anexo a las “pinzas”), especial (pulpa blanca del resto del cuerpo), jumbo (una sección de músculo firme), y dedo (pulpa de los apéndices “o patas”)

[11]  Proceso por el que las jaibas son cocinadas al vapor

[12] Las trabajadoras migrantes despulpadoras de jaiba consumen mucho menos tiempo en esta actividad por ser mas productivas.

[13] Así es llamada la jaiba cruda en la comunidad.

[14] Género es  el conjunto de rasgos asignados a hombres y mujeres definidos socialmente, de la cual se derivan necesidades diferentes para hombres y mujeres. Alude a una diferenciación sociocultural, no biológicas. El enfoque de género permite visualizar las relaciones de jerarquía  y desigualdad entre hombres y mujeres expresadas en opresión, injusticia, subordinación, discriminación, mayoritariamente hacia las mujeres.