El Plan Puebla Panamá: Desarollo o Devestación

Susana Cruickshank*

El Plan Puebla Panamá (PPP), proyecto enunciado por la actual administración como EL proyecto que rescatará la zona Sur Sureste de México y a Centroamérica de la pobreza y atraso en el que se encuentran, se enmarca en contexto geopolítico estratégico. La región Sur Sureste de México ha sido históricamente centro de atención para la inversión extranjera. Desde Porfirio Díaz hasta Vicente Fox, se ha visualizado a la región como clave para el mercado y la inversión. Basta con mencionar que de las 366 áreas protegidas existentes que ocupan 11 millones 930 mil hectáreas en la región PPP, los países centroamericanos cuentan con 55% de la superficie, y los nueve estados del Sur Sureste de México con el 45% restante.[1] No sólo eso, sino que los recursos energéticos, hídricos, pesqueros, agropecuarios, forestales y turísticos en la región son altamente atractivos.

Desde hace cinco siglos los conquistadores se dieron cuenta de que la zona es clave para el comercio; dos grandes potencias, Inglaterra y Estados Unidos intentaron apoderarse de ella, y Porfirio Díaz logró establecer la ruta de ferrocarril que modernizó a México a fines del siglo pasado.[2] Sin embargo, ningún macro proyecto se ha concretado aún. El último intento fue el megaproyecto del Istmo de Tehuantepec que pretendía concretar los viejos sueños de unir el puerto de Salina Cruz con el de Coatzacoalcos para establecer una ruta comercial estratégica y a partir del cual se comenzó una ruta ferroviaria y algunos otros proyectos que ahora son parte del PPP.

PPP y la Banca Multilateral de Desarrollo

Existe dentro de la Banca Multilateral de Desarrollo (BMD) un “nuevo” paradigma de desarrollo, dentro del cual, la línea de regionalización es básica. Ésta, que se caracteriza por la adopción de políticas industriales y comerciales conjuntas entre países y la cooperación en materia energética, agrícola, social y cultural, supone el comportamiento económico simétrico de los países que se alían, es decir, su estabilidad y su dinamismo, y no sólo su complementariedad o vecindad geográfica.[3]

Bajo esta perspectiva, se han dado las estrategias del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, El tratado de Libre Comercio de Centroamérica y México, el Mercosur, el Plan Colombia y ahora recientemente se ha confirmado la entrada en vigor del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas para el año 2005.

Para el PPP, hasta ahora se sabe que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apoyará con 4 mil mdd para el sexenio, específicamente en la integración México Centroamérica. En febrero del 2001 Florencio Salazar informó que el Plan comenzaría a operar en el 2002, cuando se podrían destinar recursos federales a proyectos específicos. Sin embargo, el 12 de marzo fue anunciado oficialmente su lanzamiento por el Presidente Fox, los Presidentes de Honduras, Panamá, Belice, Costa Rica, El Salvador y Nicaragua, con una inversión inicial de 4 mil 200 millones de pesos para el primer año, y en abril, el mismo Presidente anunció el comienzo de las construcciones de algunas carreteras. Las propuestas de las diferentes Secretarías de Estado para el PPP ya empiezan a circular, por lo menos la única que se ha hecho pública es la de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales SEMARNAT, que pretende “proteger los recursos naturales y el medio ambiente de la inversión económica”.

Aún no ha habido claridad sobre el cómo se concretarán los objetivos de desarrollo, más allá de la creación de infraestructura y la entrada de inversión extranjera en maquiladoras. Es decir, no se encuentra de manera concreta el aterrizaje de los recursos destinados a educación, salud, vivienda y apoyo a micro y pequeñas empresas. Sin embargo, es casi un hecho que se hará como tradicionalmente se han venido destinando los recursos desde la federación a los estados: Ramo 33, participación directa y planes de las Secretarías y proyectos estatales.

Las preguntas desde la ciudadanía son: ¿Realmente son pares en su dinamismo y estabilidad las economías de los países americanos?, ¿Es esta unificación la única forma de establecer alianzas de inversión y comercialización entre los países del continente?, ¿Qué implican estas decisiones en materia de política económica en la vida cotidiana de millones de ciudadanos y ciudadanas americanos?

El PPP se ha promovido como la estrategia para que la región se integre al proceso de globalización en forma competente. Ha sido vendido al exterior promocionando la gran riqueza de la zona en recursos humanos y naturales, y al interior de la región se han vendido sus bondades para el desarrollo. Este hecho por sí mismo puede no ser cuestionable, el riesgo se encuentra en el cómo y en la capacidad de acotación que el Estado mexicano y los Estados nación centroamericanos —entendiendo el término de Estado en su amplitud— tengan sobre los capitales privados que inviertan en la región.

La fuerte inversión de la BMD en el proyecto, deja ver el grado de legitimidad que la administración foxista tiene dentro de ésta. Sin embargo, el grado de aceptación y legitimidad del PPP por la mayor parte de la población mexicana y la de la región centroamericana está fuertemente cuestionada.

La importancia de la difusión de las posibles ventajas y desventajas del PPP reside en primer lugar en hacer valer la democracia en México y en los países de la región. Lo ciudadanos y ciudadanas ejercen su libertad de opinión, siempre y cuando estén bien y totalmente informados (as), si esto no sucede así, la democracia no es tal. En segundo lugar, en conocer y participar de los planes y programas que estarán funcionando en su localidad, en distintas temáticas, y así poder participar de ellos legítima y genuinamente o decir no a la instrumentación de tal o cual forma. La llamada globalización es un hecho, lo que no debe ser un hecho es la forma en la que millones de personas estamos ingresando a ella sin estar informados y participando.

El Plan Puebla Panamá

Así, adentrándonos en el PPP, podemos ver que éste sitúa las causas de la pobreza en la falta de acumulación de capital humano, social y físico. Deja fuera por completo los conflictos inherentes a la posesión de la tierra. Deja fuera también las formas alternativas de organización de muchas comunidades frente a las políticas económicas que han limitado su calidad de vida. Ambos temas no se pueden, ni se deben dejar de lado en un Plan que pretende impulsar el desarrollo de una región.

Caminando en el mismo sentido, hay una severa crítica desde la sociología marxista a esta línea del capital humano, desarrollada principalmente desde la sociología de la educación. El documento del PPP define al capital humano como “el cúmulo de conocimientos, habilidades y capacidades de los individuos que facilitan la creación del bienestar personal, social y económico”. La crítica, a grandes rasgos se centra en que esta línea visualiza al ser humano como un centro de inversión —siempre y cuando funcione como tal— de conocimientos, capacidades y habilidades, es decir, que tenga la capacidad de regresar esa inversión al Estado en forma productiva. De ninguna forma es visto como una persona con derechos inherentes a su nacimiento. Todos los incapaces, no hábiles y analfabetas que por su situación física, emocional o alimenticia —como es el caso de millones de mexicanos que no pueden asimilar el conocimiento debido a la extrema pobreza en la que se encuentran o que no son hábiles ni capaces frente a otro competidor— no son personas dignas de acceder a los beneficios del “desarrollo”.

En el mismo sentido, es importante destacar que uno de los principales objetivos del proyecto es “buscar un justo equilibrio entre los dos Méxicos: el de un norte y centro desarrollados, pujantes y en crecimiento, y un sur marginado y polarizado por profundas desigualdades”. Esta aseveración resulta peligrosa cuando se generaliza el desarrollo, pujante y el crecimiento de un norte en el que las etnias indígenas sufren el mismo rezago, los productores que no son dignos de crédito tienen problemas para la producción y comercialización de sus productos y en el que el narcotráfico y la maquila son una opción ante la falta de opciones reales y dignas de empleo y desarrollo.

El Plan se autodenomina “una estrategia integral de desarrollo para la región para hacer frente a los desequilibrios intraregionales que pueden generar situaciones de riesgo para la seguridad nacional”. Además “centra su atención en un conjunto de acciones gubernamentales seleccionadas estratégicamente para atacar en forma directa algunas de las causas estructurales del rezago en la región, en particular en las áreas de desarrollo humano, infraestructura, cambios institucionales y regulatorios, y políticas de Estado que promuevan, incentiven y faciliten las inversiones productivas privadas”.  El domingo 29 de abril fue noticia de algunos diarios que el Gobierno Federal pidiera a las entidades del Sur Sureste que la justicia satisfaga al sector privado (La Jornada y Reforma 29 de abril del 2001). Es decir, la línea de los liberales en el gobierno pide abiertamente favorecer a los más fuertes para que no se vayan de la región, cuando la ley debe ser universal y proteger los bienes de todos y todas las ciudadanas sin privilegio alguno.

Aún más, si la Ley de derechos indígenas es aprobada tal y como fue aprobada por el Legislativo, el escenario se abre para la entrada de las grandes corporaciones nacionales e internacionales a los recursos naturales de la región. La paz en Chiapas, deseada tan afanosamente por el Presidente Fox, no parece tener una estrategia clara.

En fin, el amplio diagnóstico de la zona realizado por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), y los buenos deseos del Plan no se reflejan en el contenido de la propuesta. Tan sólo los proyectos de infraestructura y las grandes líneas ya mencionadas arriba no garantizan el éxito de los objetivos planteados. Las actividades productivas y los proyectos que los habitantes de la región han instrumentado ya son categóricamente esenciales para iniciar cualquier iniciativa de desarrollo. Si el PPP no es un proyecto democrático y que sirva a los pueblos, no puede ser instrumentado.



* Coordinadora del Programa Diplomacia Ciudadana, DECA Equipo Pueblo, A.C. y editora del  Boletín

[1] INEGI, Compendio de Información de la Región Puebla Panamá, México 2001

[2] Toledo, Alejandro. Geopolítica y Desarrollo en el Istmo de Tehuantepec. Centro de Ecología y

   Desarrollo, México.

[3] Iglesias, Enrique. Reflexiones sobre el desarrollo económico. Hacia un consenso latinoamericano.

   Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, 1992. Pág. 147