GRUPO
[INDEPENDIENTE] DE TRABAJO SOBRE EL FUTURO DE NORTEAMERICA
RESUMEN DE LA REUNION
EN TORONTO
[sin fecha]
[Nota del traductor: En adelante, todo lo relacionado a “Norteamérica” deberá entenderse como propio del espacio geográfico que comprende a México, Canadá y Estados Unidos, y no, como es el caso en el español de uso diario, como sinónimo de Estados Unidos únicamente. Cuando el original en inglés se refiere al país de Estados Unidos, se ha usado tal nombre completo, las siglas EEUU o el adjetivo estadounidense.]
Lo siguiente es un resumen confidencial de la primera reunión del Grupo de Trabajo independiente sobre el Futuro de Norteamérica, patrocinada por el Consejo Canadiense de Hombres de Negocios, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y el Consejo de Relaciones Exteriores [de EEUU]. Este resumen tiene la intención de ayudar a los integrantes del Grupo de Trabajo a repasar lo dialogado hasta ahora, identificar áreas de consenso y señalar cuestiones que necesiten atención adicional.
La primera sección aborda la misión general del Grupo de Trabajo, tal como se estableció en el primer documento de intención, además de los cambios hechos en Toronto. La segunda sección se enfoca en la seguridad y la tercera sección trata la integración económica. La cuarta sección revisa cuestiones que serán discutidas con más detalle en reuniones posteriores pero que también surgieron en Toronto. A lo largo de este informe, las oraciones subrayas destacan los puntos principales.
La integración económica de Norteamérica está tan avanzada que el regresar a la statu quo ante [situación anterior] sería sumamente costoso para los tres países. Los integrantes del Grupo de Trabajo consideran que una mayor integración en varios frentes—económico, seguridad, institucional, etc.—podría repercutir en beneficios adicionales significativos. Por lo tanto demoras en la integración implican costos de oportunidad significativos.
Permanecen serios obstáculos para una integración regional más profunda y los objetivos del Grupo de Trabajo tienen que ser argumentados más que impuestos. Sin embargo los integrantes del Grupo de Trabajo acordaron articular una visión audaz para la integración regional, aún si los elementos de tal visión no pueden ser puestos en práctica inmediatamente. Varios de los participantes dividieron en dos categorías sus sugerencias para una cooperación más estrecha, unas que son hoy políticamente viables y otras que, si bien son deseables, deben ser consideradas como metas de largo plazo. Un resultado de este enfoque es que ningún tema—ni el agua canadiense, ni el petróleo mexicano, ni las leyes anti-dumping estadounidenses—está “fuera de la mesa”; al contrario, temas contenciosos o difíciles sencillamente requerirán más tiempo para que maduren políticamente.
El mismo principio de distinguir entre recomendaciones políticamente viables de corto plazo y objetivos de largo plazo también se aplicó a diferencias entre México y sus vecinos del norte. Los integrantes del Grupo de Trabajo de los tres países eran conscientes de que los problemas de desarrollo en México bien podrían restringir la colectividad regional. De todos modos los integrantes hicieron hincapié en el valor de articular una sola visión para Norteamérica hacia la cual podrían proceder los tres países a pasos diferenciados, más que dos o tres visiones diferentes.
Varios integrantes señalaron que un desafío crucial para la próxima década será asegurar que la integración brinde resultados concretos para el común de las personas en los tres países. No sólo hay que distribuir los frutos económicos de la integración dentro de cada país, sino que los defensores de una cooperación más profunda deberán identificar también medidas que demuestren las ventajas tangibles de la integración para los ciudadanos comunes. Por ejemplo, el generalizar la visa TLCAN podrían ser de gran interés para estudiantes estadounidenses y jubilados canadienses. Otros participantes sugirieron que el enfatizar los beneficios de la integración para el consumidor común podría reportar dividendos políticos para los defensores de la integración en los tres países.
Un tema persistente del diálogo fue la necesidad de desarrollar una “marca registrada” norteamericana—un discurso y conjunto de símbolos diseñados a fin de distinguir esta región del resto del mundo. La gama de sugerencias incluyó desde lo más general (por ejemplo describir a Norteamérica como una suerte de club de miembros privilegiados), hasta lo más específico (como certificar los bienes “Hechos en Norteamérica” o diseñar un nuevo logotipo norteamericano para documentos de viaje y áreas de inspección). Varios miembros del Grupo de Trabajo enfatizaron la necesidad de contrastar explícitamente “Norteamérica” de otras regiones (por ejemplo China). Un espacio común norteamericano—con menores obstáculos al movimiento interno de bienes, servicios, capital, ideas y algunas categorías de personas—constituiría así una respuesta lógica a un mundo menos seguro y más competitivo.
Los integrantes del Grupo de Trabajo acordaron que el objetivo de Norteamérica no debería ser imitar la Unión Europea. Más bien, una sociedad norteamericana debería nutrirse de las fortalezas únicas de cada nación, respetando su independencia a la vez que se construye sobre su interdependencia. En otras palabras, las recomendaciones de políticas deberían enfatizar procedimientos que otorguen beneficios a cada socio, los cuales serían claramente superiores a lo que cualquier socio pudiera lograr solo. Ciertos cambios de política beneficiarán inevitablemente algunos países más que otros. Sin embargo varios integrantes del Grupo de Trabajo advirtieron en contra de presentar la agenda de la sociedad en términos de beneficios explícitos o quid pro quo [algo a cambio]. Mas bien, dados los niveles de integración extremadamente altos, las opciones de política tienen que entenderse en el contexto de intereses mutuos y enfoques compartidos ante las amenazas externas.
En general los integrantes del Grupo de Trabajo sintieron que una integración más profunda entre Canadá, México y EEUU no impide el ensanchar la sociedad norteamericana a fin de incluir otros países en el continente. Algunos integrantes expresaron el punto de vista de que Norteamérica podría servir como modelo para otros países en la región hacia el cual podrían aspirar, en especial si fracasan las negociaciones para una Area de Libre Comercio de las Américas.
Cualquier sociedad norteamericana en el futuro deberá abordar en forma convincente las preocupaciones sobre el terrorismo. La inatención a asuntos de seguridad no sólo haría inviables avances en la integración, sino también podría socavar los logros ya obtenidos. En ese sentido las consideraciones de seguridad predominan sobre otros temas.
Si bien gran parte del énfasis en la seguridad proviene de Estados Unidos, los cierres de fronteras o dilaciones por EEUU como respuesta a amenazas, reales o percibidas, podrían tener un impacto serio sobre los tres socios del TLCAN. El interés propio e inteligente implica que tanto Canadá como México deberán abordar preocupaciones de seguridad, tanto para protegerse como para evitar las repercusiones de acciones de EEUU. La mayoría de los integrantes del Grupo de Trabajo concordaron que la seguridad norteamericana es indivisible.
Varios participantes expresaron la convicción de que la eficacia y credibilidad del Grupo de Trabajo serán directamente proporcionales con el éxito que logren los integrantes en el manejo de la seguridad. Otros sugirieron que, desde una perspectiva táctica, sin duda los problemas de seguridad captarán más fácilmente la atención de los que deciden las políticas en EEUU que los problemas de integración económica solamente. Los integrantes estuvieron de acuerdo en general en que las recomendaciones del Grupo de Trabajo serán tratadas con más seriedad en tanto se pongan en un contexto de mayor preocupación sobre la seguridad; por ejemplo, una mayor cooperación regional sobre energéticos podría presentarse como una respuesta a preocupaciones relacionadas con la seguridad.
Los tres signatarios del TLCAN son democracias y los tres ponen importancia en las libertades civiles. Varios participantes del Grupo de Trabajo subrayaron que los gobiernos de Norteamérica deberán cuidar el balance entre su recién encontrado énfasis en cuestiones de seguridad y sus viejas tradiciones liberal-democráticas, en especial en torno a la aplicación de tales tradiciones a los ciudadanos de los tres países. Supuestas violaciones de protecciones legales en el nombre de la cooperación contra el terrorismo han provocado consternación en Canadá, y el no abordar con seriedad tales preocupaciones podría arriesgar la cooperación de seguridad en el futuro. Algunos participantes del Grupo de Trabajo argumentaron que los gobiernos deberán explicar y justificar las relaciones de seguridad más estrechas si habrá de mantenerse una colaboración más cercana en el largo plazo.
El Grupo de Trabajo reconoció que para ciertos problemas de seguridad, diferencias significativas persistirán en las relaciones Canadá-Estados Unidos y México-Estados Unidos. Con respecto a la coordinación de política exterior y la intervención militar en terceros países (como Afganistán, donde las fuerzas canadienses combaten al lado de tropas estadunidenses), tales diferencias podrían prolongarse indefinidamente. La cooperación entre Canadá y Estados Unidos en defensa aerospacial e inteligencia probablemente se mantendrá con mayor profundidad que la colaboración EEUU-México en tales asuntos, al menos durante un tiempo. Finalmente, el importante flujo de migrantes indocumentados y de drogas constituye un obstáculo serio a cualquier “frontera abierta” en el sur.
Para la mayoría de temas relacionados con seguridad, los integrantes del Grupo de Trabajo advirtieron que la cooperación debería proceder según el principio de “Una visión, dos velocidades”—es decir, el paso de convergencia entre EEUU y Canadá podría ser más rápido en algunas áreas que el paso de convergencia entre aquellos dos países y México. Canadá y Estados Unidos tienen una historia mucho más larga de cooperación en asuntos relacionados con defensa, y ambos países cuentan con una capacidad técnica sustancialmente más grande. Desde el 11 de septiembre, el gobierno canadiense ha realizado movimientos más decididos que México para desarrollar su propia evaluación integrada de riesgos, y para llevar a cabo el tipo de reorganización burocrática necesaria para operaciones contraterroristas coordinadas. Por todas estas razones, ciertas medidas encaminadas a mejorar la seguridad regional tendrían que llevarse a cabo más lentamente en México.
No obstante estas diferencias en velocidad, la meta de la cooperación trinacional debería ser la construcción de un perímetro de seguridad norteamericano. Este perímetro se extendería desde la frontera sur de México al Océano Artico, incorporando fronteras aéreas, terrestres y marítimas. Algunas de las medidas potenciales mencionadas por participantes del Grupo de Trabajo que podrían tomarse durante los próximos años incluyen:
· Elaborar listas de exclusión conjuntas para personas de terceros países y brindar capacitación y seguimiento suficientes para asegurar que tales listas sean acatadas por los tres gobiernos.
· Elaborar listas conjuntas de organizaciones terroristas y, presumiblemente, respuestas legales comunes.
· Crear estructuras burocráticas paralelas en los tres países a fin de facilitar la colaboración en seguridad y respuestas a crisis, con cambios especialmente importantes en México (que no tiene el equivalente del Departamento de Seguridad Interna de EEUU);
· Invitar a oficiales mexicanos a participar como observadores en el NORAD (siglas en inglés del Comando de Defensa Aerospacial de Norteamérica);
· Aumentar la cooperación en operaciones navales;
· Desplegar nuevas tecnología de monitoreo, como el radar aéreo (similar al SIVAM de Brasil) y posiblemente sensores “rad/nuke” [¿radiación nuclear?], donde sea necesario a lo largo del perímetro defensivo externo.
· Incorporar a Canadá y México en la planeación de contingencia de EEUU contra un ataque bioterrorista incluyendo, previsiblemente, planes para el suministro y distribución de vacunas.
· Fomentar consultas regulares, planeación de contingencias conjuntas y entrenamiento conjunto entre los “primeros en responder” en regiones fronterizas.
· Introducir nuevos requerimientos y tecnologías que permitan rastrear armas de fuego, especialmente armas de asalto exportadas de un país a otro; crear bases de datos conjuntas sobre balística; y facilitar la colaboración para buscar los antecedentes de compradores de armas;
· Idear protocolos para el rápido intercambio de información biométrica entre agencias policiacas (por ejemplo, huellas digitales);
· Elaborar una forma de identificación segura (por ej., un pasaporte norteamericano) que puedan utilizar ciudadanos canadienses, mexicanos y estadunidenses al viajar en la región, y definir normas comunes para la veracidad de documentos de identificación en los tres países tanto a nivel nacional como subnacional.
· Elaborar definiciones conjuntas de la competencia que podrían retener agentes aduanales y migratorios, sin comprometer la autorización actual para registrar; y
· Finalmente, “trilateralizar” la inspección aduanal y migratoria en aeropuertos, puertos y fronteras terrestres.
En ciertas áreas, la cooperación en seguridad puede extenderse o “trilateralizarse” casi inmediatamente. Las oportunidades potenciales que se mencionaron incluyen:
· Elaborar conjuntamente requisitos de visa para personas ajenas a la región;
· Invitar a oficiales mexicanos a participar en el PJDB (siglas de la Junta Permanente de Defensa Conjunta), y trinacionalizar otros acuerdos bilaterales donde sea posible;
· Trilateralizar los actuales planes de acción bilaterales “Frontera Inteligente” y llevar adelante iniciativas similares de una manera trilateral donde sea posible;
· Extender programas como NEXUS air y Corredores FAST, los cuales liberan recursos para investigar envíos o individuos sospechosos;
· Utilizar tecnologías existentes que permitan en la frontera identificar vehículos robados y permitan a autoridades de ambos lados de la frontera interceptar tales vehículos; y
· Resolver inmediatamente los obstáculos burocráticos que permanezcan para la autorización previa y el tránsito fronterizo rápido en puntos de cruce congestionados (p. ej., Windsor-Detroit y Fort Erie-Buffalo).
Si bien permanecen sensibilidades mexicanas sobre la cooperación en seguridad con EEUU, muchas de las barreras tradicionales para una mayor cooperación en defensa parecen estar disminuyendo. Por ejemplo la mayor participación de oficiales mexicanos en cursos de entrenamiento estadounidenses no ha provocado furor en México. La futura cooperación en seguridad será más aceptada políticamente en tanto sea percibida como una colaboración trinacional para la protección de amenazas externas comunes, y no tanto como la cooperación en defensa bilateral con EEUU. Por ejemplo, los oficiales mexicanos pueden no estar preparados para unirse a sus contrapartes canadienses para participar en NORAD a invitación de las fuerzas armadas de EEUU, pero tal vez podrían estar dispuestos a participar como socios u observadores en iniciativas norteamericanas más amplias (incluyendo NORAD).
En los once años desde que el TLCAN entró en vigencia, la integración económica en Norteamérica se ha incrementado dramáticamente. Casi se han triplicado el comercio y la inversión, dejando Norteamérica casi tan integrada económicamente como Europa Occidental. Como señaló un participante, los mercados norteamericanos para bienes como carne bovina y automóviles están tan interconectados que tiene poco sentido hablar de un mercado “estadounidense” o “canadiense”. Así, las acciones que uno u otro gobierno tome o deje de tomar podrían desencadenar una cascada de reacciones de productores y consumidores de ambos lados de la frontera.
La mayoría de integrantes estuvo de acuerdo en que la gobernación no se ha mantenido a la altura de las realidades económicas y en muchos casos está deteniendo una mayor integración. Como lo expresó un participante, el TLCAN es un acuerdo estático en un contexto económico sumamente dinámico. Los costos administrativos que imponen las reglas de origen a menudo exceden las tarifas eliminadas, lo cual se evidencia por el hecho de que muchas corporaciones prefieren pagar las tarifas de nación más favorecida y no aprovechar las oportunidades que creó el TLCAN. Los integrantes también señalaron que las diferencias en códigos y procedimientos regulatorios siguen atrasando el comercio y la inversión. Finalmente, como señalaron varios participantes, los sectores y factores de producción importantes (p.ej., mano de obra) siguen fuera del TLCAN. La mayoría de los integrantes reconoció que tales circunstancias disminuyen seriamente la capacidad de Norteamérica de competir globalmente.
Para diversos problemas regulatorios y comerciales, varios participantes sugirieron que el suprimir restricciones triviales sería un primer paso inteligente. Un integrante señaló que para una gama de bienes, Canadá y Estados Unidos podrían sencillamente disminuir sus tasas arancelarias a la más baja de los dos niveles existentes. (En algunos sectores, como ciertos componentes electrónicos periféricos, los dos países han establecido ya lo que viene siendo una unión aduanal). Otros problemas comerciales y regulatorios, sin embargo, probablemente seguirán siendo polémicos durante varios años. En el corto plazo la convergencia entre Canadá y Estados Unidos puede ser más fácil que la convergencia entre estos dos países y México en ciertas áreas. Por ejemplo, presumiblemente México tendría que avanzar más lentamente hacia una unión aduanal de lo que sería en el caso de EEUU y Canadá.
La mayoría de integrantes acordó que Norteamérica debería avanzar hacia un espacio económico común que haga más prósperos y competitivos globalmente a los tres países. Medidas específicas que se propusieron incluyen:
· Eliminar reglas de origen del TLCAN y establecer un arancel externo común (AEC) en los próximos tres a cinco años, con aranceles establecidos a su nivel más bajo entre los países participantes para la mayoría de bienes;+++
· Eliminar gradualmente los aranceles cobrados al muy reducido número de bienes polémicos durante un periodo más prolongado;
· Pasar del actual mecanismo ad hoc para la resolución de disputas comerciales a un panel comercial permanente;
· Aplicar el principio de una inspección, una prueba y una certificación en toda Norteamérica;
· Trato a todos los ciudadanos norteamericanos como inversionistas nacionales en cada país;
· Exentar a los países norteamericanos socios de impuestos compensatorios y de antidumping, y que las querellas de precios monopólicos o depredadores sean manejadas por jueces locales o por una Comisión de Competitividad Norteamericana;
· Ampliar la visa norteamericana a nuevas categorías de personas, como estudiantes, profesionistas, hombres de negocios y jubilados; e
· Incrementar las consultas sobre política monetaria en el entendido de que algún tipo de unión monetaria norteamericana podría ser viable en el futuro;
Falta definir los detalles de muchos de estos arreglos. Por ejemplo, el Grupo de Trabajo no decidió si los aranceles anti-dumping cobrados por un Estado miembro por bienes de un país fuera de la región deberían o podrían ser cobrados una vez que se establezca el AEC. Tampoco analizó las implicaciones de una Unión Aduanal para los actuales tratados de libre comercio con países fuera del TLCAN, en especial los acuerdos de México con Japón y la Unión Europea. Por último, el Grupo de Trabajo no determinó qué regulaciones específicas podría considerar cada país esenciales dada su idiosincrasia nacional, ni tampoco estableció plazos para la convergencia regulatoria. Los participantes del Grupo de Trabajo acordaron que futuros diálogos deberían identificar recomendaciones concretas para eliminar de inmediato reglas incompatibles que sencillamente no tienen sentido.
El Grupo de Trabajo también analizó varios problemas contenciosos de la integración económica. Estos incluyen:
· Reducir aranceles anti-dumping y compensatorios dirigidos hacia terceros países por cada uno de los Estados miembros, mediante una solución trinacional (p.ej., una Comisión de Competitividad Norteamericana).
· Eliminar exenciones actuales para ciertos sectores protegidos mediante el TLCAN, incluyendo industrias culturales y agricultura;
· Crear una red eléctrica norteamericana integrada que combine el comercio e inversión más libres con algún tipo de vigilancia y regulación conjuntas.
· Idear un “pacto de recursos” norteamericano que permita mayor comercio e inversión intraregional de ciertos recursos naturales no renovables, como petróleo, gas y agua dulce; e
· Incrementar la movilidad laboral en al menos algunos sectores, en especial entre EEUU y Canadá.
El Grupo no llegó a un consenso sobre lo deseable o lo viable de tales propuestas, ni se fijaron plazos para su posible instauración. Los integrantes señalaron que todas estas propuestas seguramente enfrentarían fuerte resistencia en al menos un país: industrias culturales y agua dulce en Canadá, energía en México y agricultura en los tres países. Los integrantes del Grupo de Trabajo señalaron que ciertos recursos naturales—petróleo mexicano y agua canadiense— tienen un mayor valor significativo que esos mismos recursos naturales en otros países (y que otros recursos naturales en esos mismos países). En el caso del petróleo en México, cuyas utilidades conforman una parte sustancial del presupuesto federal, varios participantes también señalaron que una reforma fiscal sustancial tendría que anteceder a una mayor apertura en ese sector. En cuanto a la migración, los integrantes acordaron que era demasiado prematuro contemplar un mercado común con plena movilidad laboral entre los tres países. Por lo tanto es mejor considerar recomendaciones de políticas sobre estos problemas como metas de largo plazo.
Para medidas de mediano y largo plazo, los participantes identificaron acciones que progresivamente podrían establecer una base para una mayor integración futura. Por ejemplo, exenciones en aranceles anti-dumping y compensatorios (sean en la región o hacia terceros países), podrían empezar en ciertos sectores. Un antecedente útil es el Pacto Automovilístico Canadá-EEUU, que se amplió a una modalidad trilateral en un caso reciente sobre el acero. El paso siguiente sería un acuerdo más formal sobre políticas y tratamiento comunes, tal como fue requerido un año y medio antes por la industria acerera en los tres países. Otro ejemplo tiene que ver con la ampliación de los contratos de servicios múltiples en la industria petrolera mexicana, que podría ser una alternativa de corto plazo a la reforma completa en el sector de energéticos. Por último, los participantes señalaron que podría haber margen para ampliar la movilidad laboral en algunos sectores entre los tres países, y entre EEUU y Canadá en un gran número de sectores. Presumiblemente un acuerdo migratorio entre EEUU y México podría ser una medida clave en este aspecto.
El mejorar el proceso de resolución de conflictos también podría darse progresivamente. Por ejemplo el nombrar una junta permanente u organismo adjudicador bajo el marco existente podría ser más fácil que crear una institución nueva. Un participante sugirió que se evitaran términos como “tribunal internacional” o “corte” para mejorar la aceptación de corto plazo de tales recomendaciones.
Algunos participantes argumentaron que la transparencia es importante para la futura integración económica. La resolución de disputas, por ejemplo, tiene que ser clara y abierta para que sea creíble. Otros integrantes insistieron que esfuerzos para homogeneizar políticas regulatorias incluyan representantes de la sociedad civil. Presumiblemente cualquier diálogo sobre los problemas particularmente contenciosos enunciados antes requerirían consultas con una amplia gama de grupos sociales.
Además de la integración económica y la seguridad, surgieron varios problemas adicionales en la reunión en Toronto que están agendados para su análisis en futuras reuniones.
Varios participantes señalaron la brecha de desarrollo entre México y sus vecinos norteños como una barrera importante para una integración más profunda. Nuevas inversiones en infraestructura ayudarían a que México fuera un socio pleno en Norteamérica; la ausencia de tales inversiones profundizaría la desigualdad regionales en México, fomentaría la emigración y posiblemente socavaría la cooperación norteamericana. Los participantes sugirieron también que los desembolsos de fondos para el desarrollo trinacional deberían vincularse con reformas estructurales medibles en México, como incrementos en la recaudación de impuestos.
Se sugirieron al menos dos mecanismos—no necesariamente mutuamente excluyentes—como una forma de canalizar capital nuevo hacia México a fin de acelerar su desarrollo económico. Una propuesta prevé un enorme fondo de inversiones norteamericano que enfatice la construcción de infraestructura y capital humano en México. Otra propuesta implicó la emisión de bonos de infraestructura a través de un Banco Norteamericano de Desarrollo, respaldados por los bancos centrales nacionales, que podrían financiarse, al menos en parte, mediante los fondos de pensiones mexicanos. Cálculos de la inversión adicional que se necesitaría para asegurar el desarrollo económico sustentable y amplio en México variaron desde un mínimo de US$5 mil millones anuales hasta una cifra varias veces superior. En todo caso los participantes acordaron que las brechas en el desarrollo regional eran un tema crucial en los tres países y un punto importante en la agenda para reuniones futuras.
Otro tema que se abordó en Toronto fue el desarrollo de una identidad norteamericana común. Los participantes acordaron que avances en tal tema requerirán esfuerzos en el sistema educativo y los medios de comunicación. Un integrante sugirió inaugurar un proyecto educativo trinacional que establezca módulos de aprendizaje, difundidos mediante internet, sobre temas como la historia norteamericana. Estos complementos a los programas escolares en cada países podrían fortalecerse mediante certámenes y eventos dirigidos a construir relaciones entre líderes jóvenes en toda Norteamérica y mediante varios Centros Norteamericanos en los tres países. (Los integrantes del Grupo de Trabajo Robert Pastor y Thomas Axworthy ofrecieron darle más seguimiento a esta propuesta).
El diálogo abordó someramente los mecanismos de resolución de conflictos que se establecen en el TLCAN. Un integrante subrayó que la integración norteamericana no había provocado una “carrera hacia el fondo” en regulaciones ambientales. (Se abordarán con más detalle las posibles deficiencias al respecto y reemplazos para las instituciones de la era del TLCAN en la reunión en Monterrey).
Varios participantes insistieron en la necesidad de reuniones regulares y frecuentes entre personas clave a todos los niveles de gobierno. La mayoría de los integrantes argumentó que tales reuniones son cruciales para hacer avanzar la agenda de políticas, ya que la difusión que emana de tales reuniones genera la necesidad de impulsar políticas específicas. Los integrantes señalaron que la necesidad de reuniones trilaterales varía según el nivel y el tema. Por ejemplo reuniones ministeriales regulares sobre seguridad son cruciales, pero reuniones trinacionales sobre integración económica pueden no ser necesarias, si los ministros ya están en contacto regular sobre estos temas. Los miembros del Grupo de Trabajo acordaron, sin embargo, que cumbres presidenciales (o de primeros ministros) serían cruciales para hacer avanzar la agenda trilateral. Una forma de hacer estas cumbres aún más productivas sería mediante la creación de una comisión norteamericana que informaría a los líderes y haría recomendaciones para una cooperación más profunda en áreas de interés mutuo. Varios participantes indicaron que la ausencia de tal institución ha disminuido el avance hacia la integración norteamericana.